April 29, 2022
De parte de SAS Madrid
258 puntos de vista

Existi贸 un momento, existi贸 un lugar y existi贸 un sector laboral en el que ser tildado de revientahuelgas, de esquirol o de chaquetero supon铆a la m谩s grande de las deshonras. Un momento, un lugar y un sector laboral que paralizaba su actividad de manera indefinida cada vez que sent铆a el aliento de los reajustes resoplando en la nuca ennegrecida de los obreros. Que cortaba autov铆as y levantaba barricadas como quien sale a comprar el pan. Existi贸 un momento que tenemos m谩s reciente de lo que pensamos. Un lugar que son las cuencas mineras de este pa铆s. Y un sector, el de la miner铆a del carb贸n, que no se amedrent贸 ni para plantarle cara a Franco en una movilizaci贸n hist贸rica desde abril hasta agosto de 1962. 

Este a帽o y, m谩s concretamente, esta primavera, se cumple una d茅cada desde que los mineros que quedaban en pie, los de las cuencas asturiana, llionesa y turolense, protagonizaron el que para muchos ha sido el 煤ltimo gran movimiento obrero de nuestra era. A partir del 30 de mayo del a帽o 2012, los trabajadores de las minas, sus mujeres 鈥攓ue incluso llegaron a ser expulsadas del Congreso tras increpar a la bancada del PP鈥 y el conjunto de pueblos de cada comarca se enfrentaron al entonces primer ejecutivo de Mariano Rajoy, con Jos茅 Manuel Soria al frente del Ministerio de Industria, con el objetivo doble de salvar un modelo productivo abocado al cierre, por un lado, y de evitar la sangr铆a demogr谩fica de unos territorios que viv铆an del carb贸n, por el otro. 

A partir del 30 de mayo de 2012, los trabajadores de las minas  y el conjunto de pueblos de cada comarca se enfrentaron al ejecutivo de Mariano Rajoy con el objetivo doble de salvar un modelo productivo abocado al cierre y de evitar la sangr铆a demogr谩fica de unos territorios que viv铆an del carb贸n

La versi贸n oficial de este golpe de gracia para desmantelar por completo las ya debilitadas cuencas mineras cabe buscarlo en Bruselas. La industria que a finales del siglo XIX y principios del XX revolucion贸 las econom铆as de Asturias, Le贸n, Palencia, Teruel y Ciudad Real se situ贸, a mediados de los a帽os 80, en el punto de mira de la Uni贸n Europea. En 1993, a ra铆z de la aprobaci贸n de la Decisi贸n 3632, a los Estados miembro se les empezaron a exigir medidas de reestructuraci贸n del carb贸n en pro de la competitividad y para adaptar la industria a las normas de protecci贸n del medio ambiente. Como respuesta, Espa帽a aprob贸 tres planes espec铆ficos: uno de 1994 a 1997, otro de 1998 a 2005 y, el 煤ltimo, de 2006 a 2012, para amparar los ajustes en el sector. Finalmente, fue Europa la que sac贸 adelante en el a帽o 2010, en medio de la 煤ltima regulaci贸n espa帽ola, la Decisi贸n 787 que fijaba el plan de cierre de todas las minas no competitivas (as铆 se consideraba el grueso de las explotaciones espa帽olas). 

Cada plan tuvo su huelga y cada huelga consigui贸 ara帽ar un par茅ntesis de margen a la ca铆da definitiva del carb贸n. La marcha negra de 1992, las huelgas de 1994, 1997, 1998 y 1999, entre otras, e incluso la cruenta movilizaci贸n de 2005 que le lleg贸 a torcer el brazo al ministro del momento, el socialista Jos茅 Montilla, son algunos ejemplos de un entramado laboral que siempre tuvo claro que solo existe una forma de conquistar derechos. 鈥淵o trabaj茅 un total de 25 a帽os y, al tramitar la prejubilaci贸n, el administrativo me pregunt贸: Usted, 驴en cu谩ntas empresas ha trabajado? Le respond铆 que en una. Entonces 茅l me dijo que ten铆a m谩s de 40 altas en mi informe de vida laboral. Hombre, pues claro, eso es de todas las huelgas en las que particip茅, que en cada una me daban de baja鈥, recuerda el minero y escritor llion茅s Juan Carlos Lorenzana, m谩s conocido como Zana. 

La versi贸n oficial de este golpe de gracia para desmantelar por completo las ya debilitadas cuencas mineras cabe buscarlo en Bruselas

En la miner铆a, las huelgas eran tan cotidianas como el respeto al gris煤. Si bien, cabe matizar, el sector iba perdiendo m煤sculo a cada peque帽a derrota. De los 70.000 mineros que, seg煤n cifr贸 la BBC en un espacio informativo de la 茅poca, hab铆an plantado cara a Franco en la 鈥渉uelgona鈥 del 62, la miner铆a del carb贸n contaba con tan solo 3.400 empleados en el a帽o 2012, de acuerdo con los datos del Ministerio para la Transici贸n Ecol贸gica y el Reto Demogr谩fico. En palabras de Zana, 鈥渆l 25% del PIB de Lli贸n, en los a帽os 90, depend铆a de la miner铆a y entonces sal铆amos a la calle en marchas multitudinarias. En 2012, por desgracia, solo qued谩bamos cuatro gatos y el tambor, y Rajoy y Soria ya no nos tuvieron miedo鈥. 

Cada plan tuvo su huelga y cada huelga consigui贸 ara帽ar un par茅ntesis de margen a la ca铆da definitiva del carb贸n. La marcha negra de 1992, las huelgas de 1994, 1997, 1998 y 1999, entre otras, e incluso la cruenta movilizaci贸n de 2005 que le lleg贸 a torcer el brazo al ministro del momento, el socialista Jos茅 Montilla

Otra versi贸n no tan oficial

En una de las camisetas que lucieron los mineros en la marcha a Madrid a principios de julio del 2012 pod铆a leerse: 鈥淨uieren acabar con todo鈥. Profec铆a que, de alguna manera, result贸 m谩s certera de lo que se apreciaba a simple vista. Porque el pulso entre los diferentes ejecutivos centrales y la miner铆a nunca pudo considerarse como una disputa sin m谩s, otra de las tantas que se desarrollan en un mercado laboral cada vez m谩s agresivo. Cierto es que la potencia del sindicalismo minero espa帽ol no podr铆a equipararse, dictadura mediante, a la de otros pa铆ses como Reino Unido, donde los obreros de las minas llegaron a provocar la ca铆da del gobierno del conservador Edward Heath en 1974 y la consiguiente obsesi贸n de Margaret Thatcher para acabar definitivamente con ellos. Pero tampoco cabe obviar que el fin de la miner铆a en Espa帽a acab贸 sugiriendo un escenario com煤n yermo de luchas contundentes. 

De acuerdo con John Etherington, profesor del Departamento de Ciencia Pol铆tica y Derecho P煤blico de la Universitat Aut貌noma de Barcelona, el desmantelamiento de la miner铆a brit谩nica y de la espa帽ola se produce en contextos diferentes. Ahora bien, las caracter铆sticas de sus militancias s铆 que encontrar铆an puntos en com煤n: 鈥淟a solidaridad minera es casi incre铆ble porque empieza en la naturaleza propia del trabajo, en el sentido de que tu vida depende de la persona que tienes al lado. Las comunidades mineras, adem谩s, se asientan en zonas aisladas y toda su vida gira en torno al carb贸n, permitiendo que se articulen unos v铆nculos enormes鈥. Etherington coincide al se帽alar que las de la miner铆a son las 煤ltimas grandes luchas obreras, ya que, pese a que la precariedad de la masa asalariada es cada vez m谩s evidente, la organizaci贸n tradicional del trabajo ya no existe. 鈥淟as condiciones de los trabajos actuales son muy diferentes y no hay potencialidad para crear un discurso de clase y una base sindical como la que conocimos antes del triunfo del neoliberalismo鈥, a帽ade. 

鈥淎l tramitar la prejubilaci贸n, el administrativo me pregunt贸: 驴En cu谩ntas empresas ha trabajado? Le respond铆 que en una. Entonces 茅l me dijo que ten铆a m谩s de 40 altas en mi informe de vida laboral. Hombre, pues claro, eso es de todas las huelgas en las que particip茅鈥, recuerda el minero y escritor llion茅s Juan Carlos Lorenzana

En la misma l铆nea, el autor brit谩nico Mark Fisher ya referenci贸 en Realismo capitalista (Caja Negra, 2016) las huelgas mineras de los 80 en el Reino Unido como 鈥渦n momento importante para el desarrollo del realismo capitalista, por lo menos tan significativo en su dimensi贸n simb贸lica como en sus efectos pr谩cticos鈥. El modelo neoliberal arras贸 y, en efecto, de los barros de aquella famosa sentencia 鈥淣o hay alternativa鈥 de Margaret Thatcher, han llegado estos lodos. 鈥淧ara la mayor parte de quienes tienen menos de veinte a帽os en Europa y los Estados Unidos, la inexistencia de alternativas al capitalismo ya ni siquiera es un problema. El capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable鈥, sentenci贸 Fisher. 

Etherington coincide al se帽alar que las de la miner铆a son las 煤ltimas grandes luchas obreras, ya que, pese a que la precariedad de la masa asalariada es cada vez m谩s evidente, la organizaci贸n tradicional del trabajo ya no existe

Qu茅 fue de las cuencas

Los territorios mineros, en aquel 2012 y ya en anteriores ocasiones, lucharon por su pan, por seguir gan谩ndose dignamente les perres, y tambi茅n por sus pueblos. Joaqu铆n No茅, minero prejubilado y alcalde de Ari帽o (Andorra-Sierra de Arcos, Teruel) desde 2007, era perfectamente consciente de que el fin de la miner铆a solo servir铆a para seguir vaciando la Espa帽a vaciada. Su comarca, as铆 como la vecina Cuencas Mineras, sobrevivi贸 mejor que otras al espolio poblacional de Teruel gracias a las explotaciones abiertas en municipios relativamente peque帽os y gracias tambi茅n a la actividad de la hist贸rica central t茅rmica de Andorra, cerrada el pasado 30 de junio de 2020. 鈥淧eleamos durante m谩s de tres meses por algo que cre铆mos que era real, por un futuro y por una transici贸n justa que nunca llegaron. Lo hicimos sin cobrar, claro, sin ver un duro en m谩s de 90 d铆as, y confiando en que finalmente saldr铆amos adelante. Pero no fue as铆.鈥, recuerda. 

Ari帽o, que en los a帽os 60 hab铆a llegado a tener m谩s de 1.600 habitantes, ha perdido cerca de 300 en los 煤ltimos 15 a帽os hasta llegar a los 685 actuales. Y eso que en su caso, las pol铆ticas de reconversi贸n tuvieron bastante 茅xito. Un empresario con apego al pueblo impuls贸 una planta de abonos producidos a partir del carb贸n y los fondos de la miner铆a financiaron un balneario que mantiene 50 puestos de trabajo fijos discontinuos que se prev茅n ampliar a 75 pr贸ximamente. Pero el caso de este municipio turolense, m谩s que un triunfo de las medidas de tr谩nsito hacia una econom铆a sostenible, es una excepci贸n. Cruzando la pen铆nsula hacia las cuencas del norte, los conocidos como fondos Miner de reconversi贸n lo 煤nico que consiguieron fue generar una especie de efecto llamada de empresarios cazarrecompensas que s铆 que impulsaron su proyecto pero que, en cuanto se acabaron las ayudas, huyeron del territorio. 

Un caso especialmente sangrante fue el de la empresa de cartograf铆a Venturo XXI, inaugurada a bombo y platillo en 2006 en el conceyu de Samart铆n del Rei Aurelio gracias a la inyecci贸n de 1,8 millones de euros, y que fue liquidada tan solo cuatro a帽os despu茅s. 鈥淎qu铆 no hay nada 鈥攍amenta el tambi茅n minero prejubilado Avelino Mart铆nez鈥 les mines t谩n cerraes y los fondos para la reconversi贸n fueron a parar a empresarios que vinieron, cogieron el dinero y se largaron. Somos el paradigma de la desindustrializaci贸n en Espa帽a鈥. De esta manera, el 茅xodo de poblaci贸n se acab贸 replicando tambi茅n en Asturies. Mieres ten铆a m谩s de 70.000 habitantes en la d茅cada de los 60, que quedaron en 51.400 en 1996, y que han menguado hasta los 37.000 actuales. Llangr茅u, otro de los polos poblacionales ligados a esta industria, ha experimentado una sangr铆a similar pasando de los m谩s de 66.000 habitantes de hace seis d茅cadas a los 38.600 de ahora. 

De este abandono que no es m谩s que un carpetazo a un territorio que no encajaba en Europa y que solo sab铆a de conflictividad, es donde el realismo capitalista se impuso para desclasar, para cuestionar el sindicalismo y, en definitiva, para dibujar el que ten铆a que ser el Sistema

Mart铆nez trabaj贸 en el emblem谩tico pozu Maria Luisa, el mismo que aparece en el himno de Santa B谩rbara en homenaje a todos los fallecidos en el accidente de 1949, y reconoce que, pese al car谩cter combativo del sector, abocarse a una movilizaci贸n de larga durada nunca es f谩cil. 鈥淓n el 2012 empezamos animados, sabiendo que hab铆a que apretar, apretar y apretar, pero cuando ves que vas a la huelga indefinida, con encierros en los pozos, cortes de carreteras, manifestaciones y sin cobrar un solo euro, te entra miedo, pues claro que te entra miedo鈥. Miedo y rabia, seg煤n c贸mo. Porque la faena de desmantelar una lucha obrera no se hace sola, hay que hacerla, y a lo largo de esos a帽os los medios de comunicaci贸n en manos de grandes capitales no dudaron en aportar su granito de arena para deslegitimar las razones del conflicto. 鈥淟a miner铆a del carb贸n ha enterrado 24.000 millones de euros del contribuyente鈥 (Libremercado, 5 de julio de 2012) o 鈥淟os fondos mineros y los m煤ltiples incumplimientos鈥 (El Comercio, 25 de septiembre de 2011) son solo algunos ejemplos del discurso que se encarg贸 de se帽alar a las cuencas como las grandes derrochadoras de dinero p煤blico durante la primera d茅cada de este siglo. 

A partir de este punto, de este abandono que no es m谩s que un carpetazo a un territorio que no encajaba en Europa y que solo sab铆a de conflictividad, es donde el realismo capitalista se impuso para desclasar, para cuestionar el sindicalismo y, en definitiva, para dibujar el que ten铆a que ser el Sistema, en may煤sculas, 煤nico e incuestionable. A partir de este punto, de esta derrota que pareci贸 aislada pero que fue global, es desde donde ahora cabe ejercitar la memoria y redignificar un pasado de lucha y solidaridad para, en palabras del llion茅s Zana, 鈥渃onseguir que la historia, por una vez, no la escriban ellos, los de siempre鈥. 

Enlace relacionado ElSaltoDiario.com (29/04/2022).




Fuente: Sasmadrid.org