October 13, 2021
De parte de SAS Madrid
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En otra comunidad aut贸noma, casi sin informaci贸n sobre el proceso y tras m谩s de dos meses de periplo. As铆 es como Mar铆a (nombre ficticio) se enfrent贸 a la interrupci贸n voluntaria del embarazo a la que se someti贸 el pasado mes de noviembre por la enfermedad “extremadamente grave e incurable” que padec铆a el feto. El proceso “m谩s dif铆cil” de su vida, explica en conversaci贸n con elDiario.es, marcado por la desinformaci贸n en la sanidad p煤blica y un viaje por sus propios medios de m谩s de 200 kil贸metros para ejercer su derecho. La mujer se atreve un a帽o despu茅s a contar su experiencia, que no es un caso aislado en Espa帽a, pero accede a hacerlo sin revelar su nombre ni tampoco la comunidad en la que vive ni a la que fue trasladada. Teme represalias debido a que son pocos los casos como el suyo y a que est谩 de nuevo embarazada.

En el momento en el que abort贸 la gestaci贸n se hallaba muy avanzada 鈥攅staba de 36 semanas鈥 pero ni uno solo de los hospitales p煤blicos que hay en su comunidad practica este tipo de intervenciones. En 2020 fueron Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid y Murcia. A estas hay que sumar aquellas, como Castilla y Le贸n, que no realizan las que superan la semana 22 de gestaci贸n. En estos casos, las consejer铆as de sanidad conciertan el servicio con cl铆nicas privadas, en las que la mujer no paga por la prestaci贸n. Sin embargo, hay intervenciones m茅dicas que las cl铆nicas de algunos territorios no asumen y en algunas provincias ni siquiera existen estos centros. Esto implica que miles de mujeres al a帽o sean obligadas a desplazarse para abortar, y en algunos casos, como el de Mar铆a, a cambiar de comunidad aut贸noma.

Los conciertos no son excepcionales, es el modelo imperante en Espa帽a desde que las cl铆nicas asumieron las intervenciones en los a帽os 80 ante el estigma que acarreaba. D茅cadas despu茅s la situaci贸n apenas ha cambiado y no llegan al 16% el n煤mero de abortos de los que se encarga la p煤blica, seg煤n los datos que maneja el Ministerio de Sanidad.

Hace ahora justo un a帽o que Mar铆a estaba inmersa en el proceso que califica como el m谩s duro de su vida. Un conjunto de “idas y venidas” atravesadas por “un enorme vac铆o de informaci贸n” que la llevaron a contactar con la Asociaci贸n de Derechos Sexuales y Reproductivos de Catalunya, que la ha acompa帽ado durante todo el proceso. Silvia Aldavert, su coordinadora, considera que es un caso “paradigm谩tico” de “casi todas las barreras a las que se enfrentan las mujeres en relaci贸n al aborto”, entre ellas, la de la inequidad territorial, que obliga a miles de mujeres al a帽o a salir de sus provincias para ejercer su derecho.

Ya en la semana 20 de gestaci贸n, los ginec贸logos del hospital en el que atend铆an a Mar铆a empezaron a ver que algo no iba bien en su embarazo, pero el dictamen concluyente lleg贸 tiempo despu茅s. “En ese momento empiezas a preocuparte y se suceden pruebas y m谩s pruebas, pero van pasando las semanas. Es una sensaci贸n de incertidumbre muy desesperante”, explica la mujer en conversaci贸n con elDiario.es.

El aborto al que se someti贸, m谩s all谩 de la semana 22 de gestaci贸n, requiere la confirmaci贸n por parte de un comit茅 cl铆nico, un grupo de especialistas constituido en cada comunidad. En su caso, lo solicit贸 en tres ocasiones; en la primera, a煤n los m茅dicos no eran capaces de poner nombre a la anomal铆a que sufr铆a el feto, as铆 que el comit茅 lo rechaz贸. Tambi茅n lo deneg贸 el comit茅 catal谩n al que acudi贸 por recomendaci贸n de la asociaci贸n.

Se ve铆an “varias cosas an贸malas”, entre ellas, una hipoplasia genital, una hepatomegalia, crecimiento intrauterino retardado o huesos largos en percentiles muy bajos, seg煤n los informes ginecol贸gicos a los que ha tenido acceso elDiario.es. “Nos hablaron de un riesgo de hospitalizaciones y de enfermedades enorme”, explica Mar铆a. Sigui贸 someti茅ndose a m谩s pruebas y por fin, tras consultar con dos especialistas en diagn贸stico prenatal y malformaciones fetales, le confirmaron que padec铆a una hipoplasia del cuerpo calloso con sospecha del s铆ndrome de Smith-Lemli-Opitz.

La espera en el puente de noviembre

“Me dijeron que pod铆a llegar a tener una esperanza de vida de entre dos y tres a帽os, y en el mejor de los casos muchas malformaciones cong茅nitas, intervenciones constantes o necesidades b谩sicas que no iba a poder hacer por s铆 mismo”, cuenta. La segunda consulta al comit茅 cl铆nico deriv贸 en la admisi贸n del caso, pero estuvo varios d铆as sin informaci贸n esperando a la decisi贸n. “Del hospital no me dec铆an nada, hasta que el viernes me llamaron para comunicarme que hab铆an votado dos miembros, pero como el lunes siguiente era festivo, faltaba un tercero que se hab铆a ido de puente. Me dijeron que tuviera las cosas preparadas el martes por si me llamaban para ir a la cl铆nica”.

As铆 fue. Hab铆an pasado ya dos meses desde que las pruebas vieron las primeras anomal铆as, pero los d铆as de espera a la conclusi贸n del comit茅 fueron “de aut茅ntica angustia”. Se trataba de un embarazo muy deseado, al que ponerle fin fue “la decisi贸n m谩s dura que he tomado y tomar茅 en mi vida”, pero nadie le dio motivos sobre por qu茅 el hospital en el que le hab铆an hecho las pruebas y el seguimiento de todo el proceso, no pod铆a, llegado este momento, interrumpirlo.

Seg煤n los 煤ltimos datos disponibles, de 2020, que fue el a帽o en que Mar铆a abort贸, se practicaron en Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y Madrid 21.576 interrupciones voluntarias del embarazo, solo cuatro en centros p煤blicos. 40 de ellas, por anomal铆as fetales incompatibles con la vida o por una enfermedad fetal extremadamente grave e incurable, como le ocurri贸 a ella. En el hospital le dijeron que la fetolisis [nombre t茅cnico con el que se designa la finalizaci贸n de la gestaci贸n] se la har铆an en una cl铆nica de otra provincia, a 200 kil贸metros de su casa, pero no le explicaron nada m谩s, cuenta la mujer, que denuncia una “enorme falta de informaci贸n” durante el proceso.

El viaje lo hizo en su propio coche, conducido por su marido, sin saber apenas en qu茅 consist铆a la intervenci贸n a la que se iba a someter. Tampoco pregunt贸. “Es un momento en el que solo quieres que todo termine”, dice. Tambi茅n desconoc铆a qu茅 tendr铆a que hacer despu茅s. En la cl铆nica, donde asegura que los profesionales le dispensaron un trato “fant谩stico” en todo momento, se extra帽aron de que no tuviera ya una cita en el hospital para ingresar y que se produjera la expulsi贸n del feto. Es algo que ocurre en varios hospitales p煤blicos: no hacen en sus instalaciones las fetolisis, pero s铆 asumen despu茅s los partos en el caso de que las cl铆nicas no lo hagan.

Mar铆a tuvo que llamar al hospital para preguntar cu谩ndo y c贸mo ten铆a que someterse a ello. “Una hora despu茅s me contactaron y me dijeron que fuera a casa y al d铆a siguiente ingresara para la inducci贸n al parto programado”, recuerda. En ese momento agradeci贸 no ir directamente al hospital para estar en casa con su hijo peque帽o, pero es dif铆cil imaginar que tras una intervenci贸n de estas caracter铆sticas algo as铆 ocurriera con otra prestaci贸n sanitaria. “Esa noche llor茅 mucho y me ha llevado todo este tiempo poder hablar de ello as铆. A todo el proceso se le suma la culpa, porque te sientes culpable. Eres madre de ese hijo…”, reflexiona Mar铆a.

“Falta de voluntad pol铆tica”

Entre las “barreras” que la Asociaci贸n de Derechos Sexuales y Reproductivos de Catalunya identifica en el caso, Aldavert destaca tres: por un lado, la obligaci贸n de que la mujer tuviera que desplazarse, salir incluso de su comunidad aut贸noma, para poder abortar, un “incumplimiento” de la ley vigente, que reconoce “a todas las mujeres por igual el acceso a la prestaci贸n, con independencia del lugar donde residan”; tambi茅n la “falta de informaci贸n y acompa帽amiento” durante el proceso y el poder que la norma otorga a los comit茅s cl铆nicos, en situaciones en las que “la mujer no decide” y que en ocasiones, dice Aldavert, “toman decisiones ambiguas”.

“Que no exista acompa帽amiento ni ning煤n equipo profesional de la red p煤blica que d茅 cobertura a todo el proceso es una vulneraci贸n de derechos que al final acaba provocando lo que se conoce como violencia institucional. Hay una dejaci贸n y falta de voluntad pol铆tica de poner el aborto en el centro”, cree la coordinadora de la asociaci贸n. Para intentar atajar este y otros obst谩culos que siguen lastrando el acceso al aborto, el Ministerio de Igualdad trabaja en una reforma de la Ley Org谩nica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupci贸n voluntaria del embarazo, que, entre otras cosas, prev茅 regular la objeci贸n de conciencia para que los hospitales asuman las intervenciones y evitar que se den casos como el de Mar铆a.

“No s茅 si todos los ginec贸logos de todos los hospitales de mi comunidad son objetores, pero s铆 se escucha que hay gente que ocupa determinados puestos que s铆 lo es”, resume la mujer cuando se le pregunta si este puede ser un motivo por el que los centros p煤blicos derivan su caso a una cl铆nica en otra autonom铆a. “En ese momento est谩bamos inmersos en la incertidumbre y la desesperaci贸n y no te lo planteas, pero si me hicieron el control obst茅trico, 驴por qu茅 no la interrupci贸n cuando lo necesit茅?”, se pregunta un a帽o despu茅s.

Enlace relacionado ElDiario.es (12/10/2021).




Fuente: Sasmadrid.org