March 2, 2021
De parte de Federaci贸n Anarquistas Gran Canaria
330 puntos de vista


A帽o 2021. Plena distop铆a pand茅mica. Vivimos en una pel铆cula/pesadilla de Cronenberg y a煤n nadie ha dicho 隆corten!. Seguimos bajo el imperio del Covid mientras los negacionistas reaccionarios afirman que el virus es un invento para socavar Occidente. Como si Occidente necesitara ayuda para socavarse鈥 La interactuaci贸n social y el ocio p煤blico y gratuito han quedado proscritos y s贸lo se toleran dos actividades callejeras: la producci贸n y el consumo. Los 煤ltimos estudios han descubierto que el virus se pone chulo cuando cae la noche y por eso se ha decretado el toque de queda. Por el contrario parece que tiende a palmarla cuando entra en contacto con los centros de trabajo y las escuelas. 驴No ser谩 que no hay actividad laboral si las obreras no tienen d贸nde aparcar a sus hijos? No seamos mal pensados, eso significar铆a anteponer la producci贸n a la salud, el margen de beneficios empresarial a la vida de los trabajadores, la regular marcha del capitalismo a la integridad de los escolares, y eso ser铆a violencia. Y ya conocen el discurso del Sistema sobre la violencia鈥

El Sistema y sus resortes, con los medios de comunicaci贸n y las instituciones y partidos a la cabeza, no paran de escupirnos a la cara el relato hegem贸nico que han construido sobre la violencia desde 1978: cualquier confrontaci贸n con el Sistema es violencia ileg铆tima; cualquier violencia del Sistema es leg铆tima y no debe ser considerada violencia. Y esa es la narrativa que hoy, en relaci贸n con los disturbios producidos los 煤ltimos d铆as en distintas ciudades del Estado espa帽ol, campa desatada por las redes, diarios, radios y televisiones, la propaganda que corre sin riendas desde los ministerios y comisarias hasta nuestras aulas, barrios y viviendas.

Su historia de violencia convierte el malestar general en una espor谩dica oleada de vandalismo ocasionada por j贸venes inconscientes, instrumentalizados por grupos internacionales de revolucionarios profesionales y anarquistas, y provocada, exclusivamente, por el encarcelamiento del rapero Pablo Has茅l.

Quien difunda que los disturbios se deben 煤nicamente al secuestro de Has茅l o es un malintencionado o es directamente gilipollas. Nuestra historia de violencia cotidiana nos dice algo muy distinto. Nos dice que en el tercer trimestre del a帽o pasado 7.096 familias fueron desahuciadas a la fuerza de sus casas1. Nos dice que 13.000 migrantes han malvivido o siguen malviviendo en los campamentos de la verg眉enza en Canarias, sin agua corriente para asearse, subalimentados, durmiendo al raso y soportando las constantes amenazas y agresiones policiales2, o directamente abandonados en los barrancos de las islas. Nos dice que el racismo institucional ha nutrido el racismo callejero y que en las islas se han producido manifestaciones xen贸fobas con la connivencia y complicidad de la polic铆a, la misma polic铆a que no ha dudado en cargar contra cualquier manifestaci贸n de signo contrario. Nos dice que desde que se inici贸 la pandemia hay casi 800.000 personas m谩s en situaci贸n de pobreza severa que sobreviven con menos de 16 euros al d铆a, mientras que en el mismo periodo de tiempo los millonarios espa帽oles son 26.500 millones m谩s ricos que antes3. Nos dice que las agresiones policiales y las torturas a detenidos son norma y que cada a帽o se producen miles de casos como los de Linares, Lugo, Mog谩n, Arrecife, etc., que simplemente no salen a la luz p煤blica4. Nos dice que desde que ETA anunci贸 el cese definitivo de la actividad armada las condenas por enaltecimiento del terrorismo son cuatro veces m谩s que cuando estaba activa5. Nos dice que en este Estado existen los delitos de opini贸n, que insultar a la Virgen, a Dios6, a Espa帽a, a las Comunidades Aut贸nomas, a la bandera7, a la monarqu铆a8, es sancionable con multas y c谩rcel y que los seres imaginarios y las abstracciones pol铆ticas o religiosas tienen, por tanto, m谩s derechos que las personas concretas. Nos dice que la detenci贸n de Pablo Has茅l es s贸lo la gota que ha desbordado el vaso, pero que detr谩s de la revuelta hay todo un oc茅ano de afrentas, humillaciones y angustia social. Nos dice, sencillamente, que la gente est谩 harta de ser desahuciada, empobrecida, despose铆da, hostigada, perseguida, amenazada, detenida, enjuiciada, recluida, agredida, torturada, apalizada, silenciada y amordazada, y que ante la violencia sistem谩tica a煤n hay quien reivindica en las calles el derecho a la autodefensa.

La milonga sobre grupos internacionales detr谩s de los disturbios es una t谩ctica que el Estado espa帽ol lleva empleando desde el s. XIX sin otra finalidad que infundir terror y desviar la atenci贸n de la verdadera causa del malestar social9. La realidad es que si la juventud est谩 encabezando el proceso es simplemente porque le sobran los motivos para hacerlo. Todos esos j贸venes nacidos despu茅s de los 90 y tratados, de izquierda a derecha, con desprecio, adultismo y paternalismo, s贸lo han conocido crisis, precariedad, desempleo y violencia estructural, econ贸mica y gubernamental. En sus primeras d茅cadas de existencia han tenido que afrontar la crisis inmobiliaria financiera de 2008, una pandemia mundial y el deterioro acelerado de sus condiciones de vida. Nos encontramos ante una generaci贸n que est谩 condenada a vivir todav铆a peor que la generaci贸n de sus padres. Hablamos de j贸venes que soportan m谩s de un 40% de desempleo10 y que no tienen expectativas de emanciparse11. Como advertimos hace menos de un a帽o12, la pandemia ha sido la excusa perfecta para recrudecer el modelo sociecon贸mico e imponernos, sin resistencia inicial, unas condiciones vitales inasumibles. Se cuestiona la viabilidad de la sanidad p煤blica, de las pensiones, se deterioran y precarizan las condiciones laborales de quienes a煤n conservan sus empleos, se defiende la vivienda como un activo financiero y se permite que el precio del alquiler, a pesar de la coyuntura, no deje de subir13. Los agresivos procesos de gentrificaci贸n hacen inhabitables los n煤cleos urbanos y les dicen a los j贸venes que la ciudad ya no les pertenece, que no es un espacio ni para socializar ni para compartir.

La pandemia tambi茅n se ha usado como pretexto para constre帽ir la movilidad de la poblaci贸n migrante e iniciar una escalada organizada de xenofobia y deshumanizaci贸n. El rigor y la empat铆a son cad谩veres que yacen inertes en las redacciones y los atriles de los periodistas y pol铆ticos demagogos. El acr贸nimo MENA inicialmente hac铆a alusi贸n a los menores extranjeros no acompa帽ados, es decir, a ni帽os migrantes que sobreviven solos, sin padres; hoy, los pol铆ticos reaccionarios y los medios lazan sin verg眉enza el apelativo como un estigma social asociado a la delincuencia. Vivimos inmersos en una campa帽a de odio contra ni帽os y adolescentes, contra migrantes y racializadas pobres, y todav铆a hay quien se muestra contrariado por la irrupci贸n del fascismo en la arena pol铆tica鈥

Lo primero que hay que entender es que el fascismo en el Estado espa帽ol no ha salido de escena desde los a帽os 30 del siglo pasado. Durante un tiempo pudo tener un perfil bajo, pero ser铆a absurdo pensar que su preponderancia actual surge de la nada. Los fascistas que hoy votan a Vox son los mismos que antes votaban al PP y ayer a C鈥檚 y el mismo trasvase se ha dado entre sus cuadros superiores. Los medios de comunicaci贸n reaccionarios que hoy apuestan al caballo de Vox buscan un repuesto ante opciones desgastadas por la corrupci贸n o que no han sabido jugar convincentemente al extremismo. La extremaderecha se ha desacomplejado y ya no enmascara su discurso de odio clasista, racista, hom贸fobo y ultranacionalista. En esta coyuntura, es racional que los j贸venes sientan amenazadas sus libertades m谩s 铆ntimas y se revuelvan de la 煤nica forma que les queda: por medio de la autodefensa callejera. Y que nadie se sorprenda de la elecci贸n. Ha sido la propia represi贸n quien les ha indicado el camino.

La m谩xima de la no violencia ha sido durante d茅cadas dif铆cilmente cuestionable. La sombra de ETA, como una de las 煤ltimas organizaciones pol铆ticas de Europa que a煤n practicaba la lucha armada y la actividad terrorista, cerraba oportunamente cualquier debate. El dogma ha estado tan integrado en nuestro imaginario que cualquier forma de resistencia civil ha recibido el nombre de violencia. Durante el 15-M en Las Palmas de Gran Canaria era habitual que se considerara violencia un corte de carretera, un piquete sindical o detener un desahucio permaneciendo en pie. Cuando la polic铆a atacaba a los manifestantes, hab铆a dentro del movimiento verdaderos profesionales en llamar violencia a cualquier cosa, menos a los porrazos de la polic铆a. El pacifismo era la palabra m谩gica con la que se帽alar cualquier actividad que intentara ir m谩s lejos de sentarse en el suelo con las manos en alto, el recurso con el que se pod铆a censurar la posibilidad de volcar contenedores, pero no que un cuerpo armado y entrenado se abalanzara sobre la poblaci贸n desarmada. La tesis cal贸 profundamente en el movimiento, aunque eso supusiera normalizar la violencia de arriba y criminalizar la violencia de abajo. Despu茅s llegaron los violentos desalojos de las plazas, la violencia policial desatada el 1-O en Catalunya, el encarcelamiento de pol铆ticos burgueses por defender la independencia por v铆as pac铆ficas y democr谩ticas, la detenci贸n de j贸venes y artistas por tuits, chistes en redes, fotomontajes, letras de canciones, obras de t铆teres, performances art铆sticas, protestas inofensivas鈥 Cientos de personas detenidas, multadas, agredidas y encarceladas por no hacer nada. La represi贸n ha sido el mejor acicate para que la gente joven y cabreada haya tomado la determinaci贸n de hacer algo. Ha sido la represi贸n, mutilando manifestantes, vaciando cuencas oculares, abofeteando a adolescentes, apalizando a padres y madres de familia delante de sus hijos, la que le ha ense帽ado a nuestra juventud que ante la violencia sist茅mica, estructural y vertical s贸lo queda la rabia, el estallido de indignaci贸n y el recurso de las barricadas.

Hoy, a derecha y a izquierda, se carga contra los j贸venes, se les acusa de diletantes y caprichosos, de no saber lo que quieren ni lo que hacen, de hacerle el caldo gordo a la derecha y facilitar la labor de infiltrados y agentes provocadores. Hoy se reescribe una historia de violencia sobre la espalda de las m谩s j贸venes, se repiten las descalificaciones que las generaciones acomodadas y esclerosadas, temiendo la caducidad, lanzan c铆clicamente 鈥揹esde Mayo del 68 al 15-M鈥 sobre las generaciones posteriores. Las generaciones aburguesadas y envejecidas (no me refiero a la biolog铆a) embisten contra un fen贸meno social que simplemente no entienden, ni quieren entender, y que por tanto les abruma. Nuestros j贸venes se han ganado el derecho de repudiar a la generaci贸n de sus padres.

Es esta una historia de violencia que no se escribe con las cenizas de cartones prendidos, ni con el holl铆n de los contenedores en llamas, ni sobre los vidrios de escaparates rotos. Se escribe sobre las esperanzas destrozadas de nuestra juventud, una juventud que no tiene futuro y que lucha desesperadamente para que no le arrebaten el presente.

Hoy el Sistema seguir谩 echando carb贸n a su maquinaria de propaganda y anatemizando, en inaguantables editoriales, art铆culos de opini贸n, comparecencias p煤blicas, tertulias disparatadas, la violencia que surge de las calles, ignorando e incomprendiendo sus causas. Pero el Sistema no est谩 legitimado para cuestionar la violencia. Bien podr铆amos modificar la vieja rima de B茅cquer y lanz谩rsela como un dardo:

驴Qu茅 es violencia? 驴Y t煤 me lo preguntas?

Violencia鈥 eres t煤.

Ruym谩n Rodr铆guez

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Fuente: Anarquistasgc.noblogs.org