July 24, 2022
De parte de ANRed
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Mientras la deforestaci贸n avanza sobre Santiago del Estero, Ang茅lica Serrano se convirti贸 en la cara visible de la lucha del pueblo tonokot茅 Yaku Muchuna, para conservar sus tierras. Por  Marcela Alejandra Arce Fotos: Florencia Navarro.


El sol cae implacable durante la siesta santiague帽a. Quebrachos colorados, quebrachos blancos, mistoles, itines, cardones, arbustos y otras especies del monte suministran una sombra a medias. La arena y el salitre de los suelos se extienden por todos lados. Lagartijas de distintos colores, sierras morenas, tordos, catas, loros, calas y gorriones miran desde sus rincones, se asoman, se dejan ver, permiten que su belleza natural sea admirada. Huellas de tortugas y conejos indican que andan por ah铆. Las madrigueras de las vizcachas se esconden en la profundidad del monte. Los 鈥渓eones鈥 locales -que no son los melenudos africanos, sino un tipo de puma- no se dejan ver, pero los restos de animales muertos y huellas compatibles con sus ataques indican que est谩n al acecho de nuevas presas.

A medida que pasan las horas el paisaje, que se dibuja en el tono de los grises y marrones, se torna de un verde profundo porque los rayos del sol ya no caen sobre ellos. Mientras el d铆a se apaga, en el horizonte comienza a mostrarse una luna llena inmensa que se convierte en un farol gigante que alumbra el monte. La noche estrellada se vuelve sin贸nimo de paz. 

Sin embargo, no todas las noches ni los d铆as son as铆. Hubo meses enteros donde los animales mor铆an de sed, donde los cardones se achicharraban ante la falta de agua, donde la sequ铆a hizo estragos en el monte. Sequ铆as m谩s frecuentes y prolongadas, una de las caras de la crisis clim谩tica global, as铆 se sienten en el monte santiague帽o, ya que Santiago del Estero es una de las provincias argentinas m谩s afectadas, en las 煤ltimas d茅cadas, por la deforestaci贸n y el corrimiento de la frontera agropecuaria. Esto significa mayor vulnerabilidad para las comunidades rurales y de pueblos originarios.

Nos estamos jugando la persistencia de la humanidad y no es menor el impacto que tiene la deforestaci贸n sobre la casa com煤n. A ese impacto ya lo padecen las comunidades que viven en esos bosques鈥, dice Mar铆a Magdalena Abt Giubergia, doctora en Ciencias Forestales y docente de la primera facultad de Ciencias Forestales del pa铆s en la Universidad Nacional de Santiago del Estero.

La falta de agua la llevan en el nombre

Yaku Muchuna significa en quichua 鈥渁gua escasa鈥. Es el nombre que recibe esta comunidad, ubicada en el paraje de San Felipe del departamento de Figueroa, donde est谩 uno de los 煤ltimos bosques nativos de la provincia. No es f谩cil llegar hasta all铆. Desde la capital provincial, hay que transitar m谩s de 100 kil贸metros de pavimento por la ruta 5, luego otros 20 m谩s de ripio por la ruta 2 y los 煤ltimos 6 -de tierra- por la ruta 100. Son caminos intrincados, arenosos, que se bifurcan como laberintos en el monte. 

Aunque es una comunidad antiqu铆sima, cuenta con luz el茅ctrica desde 2018. Es una de las 27 comunidades del pueblo tonokot茅 reconocidas en Santiago del Estero por el Instituto Nacional de Asuntos Ind铆genas (INAI), pero el proceso de autopercibimiento como integrantes de una comunidad originaria no fue f谩cil. Hubo que comprobar el car谩cter ancestral de la ocupaci贸n del territorio y eso requiri贸 de varias investigaciones por parte del estado provincial y del INAI que derivaron en el autoreconocimiento de las primeras 14 familias de la comunidad. Luego se sumaron otras 10. 

En Yaku Muchuna tienen una escuela primaria, con personal 煤nico, y una peque帽a capilla. La conexi贸n a internet se da s贸lo por zonas y en determinados momentos del d铆a. Es dif铆cil comunicarse. Bicicletas y motos son el medio de movilidad habitual.

La comunidad est谩 compuesta por 24 familias, que se dedican principalmente a la cr铆a de animales para uso dom茅stico, en un territorio de 8.431 hect谩reas relevadas por el INAI, aunque se espera que el pr贸ximo relevamiento incluya m谩s de 5.000 hect谩reas que est谩n en disputa. 

La referente principal de la comunidad, la kamachej, es una mujer de 43 a帽os. Es la jefa gu铆a del pueblo Yaku Muchuna, perteneciente al Consejo Llajtaymanta del Pueblo Tonokot茅 que nuclea a las comunidades ind铆genas de los departamentos San Mart铆n, Avellaneda, Figueroa, Capital y Banda. Su nombre es Ang茅lica Serrano.

Sue帽os truncos

Desde su lugar, sentada bajo el techo de su hogar, una vivienda social que recibi贸 de las autoridades del gobierno provincial en 2018, Ang茅lica va desgranando su historia, que se entrelaza con la historia de su tierra, de su comunidad, aquella que tiene como protagonista a un pueblo originario olvidado e invisibilizado. Su voz no se detiene. Tiene mucho para contar. 

Ang茅lica creci贸 en este bosque al que en Santiago del Estero llaman monte. Su abuelo era un hachero, su abuela se dedic贸 de lleno a su rancho, a sus hijos, a sus nietos, a la cr铆a de animales y a hacer todo lo necesario para sobrevivir en ese territorio que, d茅cadas atr谩s, era demasiado hostil. 

Ninguno sab铆a leer ni escribir. Por eso, a pesar de sus carencias y sus limitaciones, se esforz贸 y lleg贸 a convertirse en la abanderada de su escuela. So帽aba con 鈥渟er alguien鈥. Pero esos sue帽os se truncaron cuando estaba a punto de terminar la primaria.

Ten铆a 13 a帽os cuando una t铆a regres贸 de Buenos Aires y le dijo que una familia la necesitaba all铆 como ni帽era de sus hijos. De un d铆a para el otro, sin poder decir nada, se fue de su tierra con la promesa de enviar dinero a sus abuelos. Era el 鈥渄estino鈥 que ten铆an marcado casi todas las j贸venes campesinas all铆 y ten铆a que cumplir con ese mandato.

Ang茅lica recuerda que enferm贸, pues adem谩s de ser ni帽era tuvo que ocuparse de todos los quehaceres de una enorme casa. Era una presi贸n excesiva para una ni帽a sola en la inmensa y desconocida Buenos Aires.

As铆 regres贸 a San Felipe tres a帽os despu茅s. Aunque intent贸 terminar la primaria, tuvo que emigrar de nuevo porque lleg贸 una carta de la misma t铆a diciendo que le hab铆a encontrado un nuevo trabajo como ni帽era, esta vez, en el conurbano bonaerense.

Lucha por la tierra

Volvi贸 dos a帽os despu茅s, en 1996, pero ya era muy grande para volver a estudiar. Ten铆a 18 a帽os. Esta vez, su regreso fue definitivo. Encontr贸 su lugar en la iglesia cat贸lica y comenz贸 a participar de todas las actividades que propon铆a la Di贸cesis de A帽atuya. Se convirti贸 en catequista de un grupo joven parroquial llamado 鈥淚nfancia Misionera鈥, animadora y hasta rezadora. 

En el camino conoci贸 el amor y form贸 su familia con H茅ctor Eduardo Mansilla, con quien tuvo a sus tres hijos: Gabriel, Luc铆a y Roc铆o.

Cuando el sacerdote italiano Sergio Marinelli llev贸 la iniciativa de una radio parroquial, la primera antena se coloc贸 en su viejo rancho. Ella entonces se capacit贸 en el 谩rea de comunicaci贸n a trav茅s de cursos de la misma iglesia y talleres comunitarios, donde comprendi贸 que pod铆a transformar su voz en una herramienta que le servir铆a a su pueblo. Hoy, su hija Luc铆a, ya recibida de profesora de Psicolog铆a, sigue sus pasos en una radio de la localidad de Bandera Bajada.

As铆, aprendi贸 a no bajar los brazos y, sin darse cuenta, un d铆a se descubri贸 liderando su comunidad contra quienes pretend铆an desmontar su tierra: empresarios que buscan apoderarse de las propiedades y que ignoran los derechos posesorios de las comunidades, mediante escrituras ap贸crifas o t铆tulos de propiedad adulterados. 

Tambi茅n tuvo que aprender a pelear por sus derechos, a entender que la posesi贸n ancestral de sus territorios no pod铆a ser avasallada por los terratenientes que aparec铆an con sus topadoras a destruir el monte. Generalmente, la intenci贸n de estos empresarios es adquirir grandes latifundios, desmontarlos y luego convertirlos en plantaciones de soja. Ejemplos de ello est谩n plasmados en decenas de denuncias en los tribunales santiague帽os.

 

La sequ铆a 

Ang茅lica cuenta que en la comunidad est谩n acostumbrados a vivir tres meses de sequ铆a por a帽o, pero que en 2021 fueron m谩s de seis. 鈥淟as represas que nos abastec铆an, se secaron鈥, dice. 

鈥淪olo una ten铆a algo de agua en el medio, que era m谩s bien barro. Los animales buscaban para tomar y se empantanaban. Hab铆a que sacarlos de ah铆 y despu茅s sacrificarlos, porque no se pod铆an recuperar. Han muerto vacas, cabritos, chanchos, hasta gallinas, porque no hab铆a agua鈥, contin煤a su relato mientras sus profundos ojos verdes parecen hundirse en los recuerdos. 

Sus manos se posan en sus largu铆simos cabellos, de un gastado tono cobrizo. Mira de frente y escudri帽a en silencio. Las palabras surgen a borbotones de sus labios y, simplemente, habla, relata, detalla las penurias que debieron soportar durante los m谩s de 200 d铆as en los que el cielo se neg贸 a regar los campos. 鈥淐asi todos los pozos de agua se secaron y nadie quiso abrirlos, porque tienen agua salada. Ni los pajaritos quieren tomar el agua que sale鈥, afirma. 

De acuerdo con el documento 鈥淒eforestaci贸n de los bosques nativos en Argentina: causas, impactos y alternativas鈥, del ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Naci贸n, la deforestaci贸n disminuye la capacidad productiva de los suelos por salinizaci贸n en zonas 谩ridas. As铆 lo confirma Abt Giubergia, quien a帽ade que 鈥渓a sal tiende a ascender cuando hay fen贸menos de mucho calor鈥. 

La 煤ltima gran sequ铆a comenz贸 en abril de 2021 y termin贸 a fines de octubre de ese a帽o, cuando la tierra recibi贸 el regalo de lluvias abundantes, que se multiplicaron a la largo del mes siguiente y tornaron los caminos intransitables. En Santiago, como en otras regiones argentinas, la crisis clim谩tica se expresa a trav茅s de una mayor recurrencia de eventos extremos.

Shalaca 

鈥淵o vivo aqu铆 de toda una vida. He nacido aqu铆. Me he criado aqu铆. Soy hija de los abuelos porque ellos me han criado鈥, cuenta Ang茅lica. Con ellos siempre habl贸 en quichua, su lengua originaria, aunque -para evitar burlas- el 鈥減api鈥 le pidi贸 que no la usara en el pueblo. 鈥淭e van a decir 鈥榮halaca鈥欌, asegura que le dec铆a, y se queda pensando en el significado de esa palabra.

Desde el Alero Quichua Santiague帽o, programa radial con m谩s de 50 a帽os que naci贸 para rescatar, conservar y difundir la lengua nativa que a煤n se habla en 14 departamentos de la provincia, traen la explicaci贸n. En el habla popular del santiague帽o no informado sobre la lengua quichua, la palabra shalaco define al quichuista en general y, peor a煤n, a quien habla un castellano errado. 

鈥淎lguna gente dice shalaco, en un tono despectivo. El desconocimiento y la imitaci贸n a quienes ignoran, llevan a caer en esos errores. Lo correcto es que la palabra quichua 鈥榮halacu鈥 designa al nacido en la zona del r铆o Salado鈥, se帽ala el investigador Cristian Ram贸n Verduc en ese programa radial.

A pesar de los calificativos despectivos que sufr铆a como quichua-parlante, Ang茅lica siempre se sinti贸 orgullosa de hablar su lengua ancestral y esta fue parte fundamental en su autoreconocimiento. 鈥淵o siempre sent铆a que esto de saber hablar la lengua era importante. Hay muchos que ten铆an verg眉enza de hablar y eso me dol铆a, porque era la lengua de mis abuelos, y de la gente de antes鈥, afirma sin falso orgullo, convencida del valor de sus ra铆ces. 

Un suspiro apenas detiene su voz, que se pierde en la ardiente siesta santiague帽a. Sus manos se mueven en sincron铆a, como reafirmando cada palabra. Con 铆mpetu, como grit谩ndole al mundo, exclama: 鈥淣uestra sangre nos grita que estamos aqu铆 y estamos vivos鈥.

Bosque nativo 

La comunidad Yaku Muchun, con Ang茅lica a la cabeza, no baja los brazos y lucha por resguardar su territorio como uno de los 煤ltimos bosques nativos de la provincia. Seg煤n la Ley Nacional 26.331, se entiende como bosque nativo a todos los ecosistemas forestales naturales, en distinto estado de desarrollo, que presentan una cobertura arbo虂rea de especies nativas mayor o igual al 20% con 谩rboles que alcanzan una altura m铆nima de 3 metros y una ocupacio虂n continua mayor a 0,5 hect谩reas, incluyendo palmares.

 

Argentina cuenta con 536.545 kil贸metros cuadrados de bosques nativos, el 19,2% de su superficie. Santiago del Estero, con 7.108.203 hect谩reas, es una de las provincias con mayor superficie de bosque nativo, junto a Salta, Chaco y Formosa, con las que conforma el Parque Chaque帽o, seg煤n los datos del Ministerio de Ambiente de Naci贸n.

Los bosques nativos son fundamentales para la regulaci贸n h铆drica, la formaci贸n y conservaci贸n de suelos, la conservaci贸n de la biodiversidad, la fijaci贸n de carbono, la provisi贸n de alimentos, agua, fuentes de energ铆a, materiales de construcci贸n o medicinas, la preservaci贸n y la defensa de la identidad cultural, puntualiza ese documento. 

Deforestaci贸n 

Argentina est谩 entre los diez pa铆ses del mundo con mayor p茅rdida neta de bosques en las tres 煤ltimas d茅cadas. S贸lo entre 1998 y 2018 se perdieron alrededor de 6,5 millones de hect谩reas (65 mil kil贸metros cuadrados), el equivalente en superficie a tres veces la provincia de Tucum谩n. El 43 % de ese total (2,8 millones de hect谩reas) se desmontaron a partir de 2008, ya con la Ley de Bosques en vigencia, seg煤n el informe 鈥淐ausas e impactos de la deforestaci贸n鈥 de Ambiente de Naci贸n. 

La p茅rdida de bosque nativo entre 2007/2018 se localiz贸 sobre todo en la regi贸n del Parque Chaque帽o (87%), m谩s que nada en Chaco (14%), Formosa (13%), Salta (21%) y Santiago del Estero (28%). En el contexto de Sudam茅rica, la expansi贸n de la frontera agropecuaria en la regi贸n la convierte en el segundo foco de deforestaci贸n despu茅s del Amazonas.

De acuerdo con el monitoreo de deforestaci贸n en el norte de Argentina que realiza de forma anual Greenpeace, las im谩genes satelitales revelaron que durante 2020, a pesar de las restricciones por la pandemia de covid-19, en Santiago del Estero se desmontaron 32.776 hect谩reas (327 km2), casi una vez y media la superficie de la ciudad de Buenos Aires. S贸lo entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2021, en la provincia se deforestaron 9.126 hect谩reas.

Impacto 

La deforestaci贸n es una causa importante de contaminaci贸n atmosf茅rica y contribuye al calentamiento global. Tiene, adem谩s, un fuerte impacto sobre las poblaciones m谩s vulnerables. 鈥淓n la historia que tenemos como provincia, con conflictos por la tenencia de la tierra, ha coexistido esta cuesti贸n de que los t铆tulos los tienen los privados, pero la posesi贸n de la tierra la tienen las comunidades鈥, dice Abt Giubergia. 鈥淓sta debilidad hace que haya 茅xodo de poblaci贸n, conflictos por la tierra, p茅rdida de arraigo y comunidades que ya no pueden subsistir m谩s porque quedan restringidas y se tienen que ir鈥.

鈥淓n algunas zonas, el uso de agroqu铆micos puede impactar sobre las poblaciones y sobre la calidad del agua. La poblaci贸n que m谩s padece la consecuencia es la m谩s humilde, la m谩s vulnerable, que est谩 muy relacionada con el bosque鈥, precisa la investigadora. El paquete tecnol贸gico asociado a la agroindustria argentina es muy qu铆mico dependiente, con gran demanda de productos como pesticidas e insecticidas que generan un impacto en la salud socioambiental de los territorios.

De acuerdo con Greenpeace, las emisiones por deforestaci贸n en Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco, durante 2020, fueron de 20.922.835,07 Tn CO2 equivalente, un valor que es comparable a la emisi贸n producida por m谩s de 4 millones de veh铆culos en circulaci贸n durante un a帽o.

Abt Giubercia recuerda las palabras de N茅stor Ledesma, uno de los fundadores de la carrera de Ingenier铆a Forestal en Santiago del Estero, quien dec铆a que el bosque imped铆a que Santiago del Estero se convirtiera en desierto. 鈥Si uno ve la posici贸n que ocupamos en el planeta, a la misma latitud de nosotros se encuentran los grandes desiertos del mundo. Pero en lugar de tener desiertos, la naturaleza aqu铆 ha generado un bosque que se adapta a este clima semi谩rido que tenemos鈥, confirma.

Tierras marginales 

La expansi贸n de la frontera agr铆cola desde la regi贸n pampeana hacia el parque chaque帽o, un proceso que se aceler贸 a fines del siglo XX, permiti贸 que el mercado inmobiliario saliera en busca de tierras con bosques, que luego eran desmontados y vendidos a precios mayores. Tal es as铆 que el valor de la tierra desmontada triplica al de la tierra con bosque.

De acuerdo con datos del Ministerio de Ambiente de la Naci贸n, en Santiago del Estero, una hect谩rea ocupada por bosque puede costar 800 d贸lares, mientras que su precio sin bosque alcanza 3.200 d贸lares. Gran parte de esas tierras, que antes eran consideradas marginales, se encuentran bajo tenencia precaria (un pr茅stamo que puede terminar en cualquier momento), ya sea bajo posesi贸n veintea帽al por parte de comunidades campesinas o por ser parte de territorios ind铆genas. 

La resistencia 

Ang茅lica y la comunidad Yaku Muchuna saben que tienen que proteger su bosque nativo. Y lo hacen con u帽as y dientes. Ya en 2013 resistieron el avance de una empresa que, con topadoras, intentaba desmontar el campo de donde las familias sacaban lo esencial para vivir. Fue as铆 como, recuerda, 鈥渆ntre todos, acordamos que era necesario resistir a cualquier precio ese atropello y defender lo propio鈥

Tambi茅n debieron soportar contradenuncias de empresarios que los acusaban de hacer desmanes en el marco de la resistencia, por lo que quedaron procesados judicialmente 21 pobladores, entre ellos, una menor de doce a帽os y un joven con retraso madurativo.

En este escenario, el pueblo tonokot茅 de Yaku Muchuna aprendi贸 a resistir y a pelear por sus derechos. Ang茅lica se convirti贸 en la cara visible de esa lucha. Asegura que, a pesar de sus carencias, es feliz, porque la tierra le da todo lo que necesita para vivir.

鈥淪abemos que gracias a ese espacio de tierra que tenemos podemos desenvolvernos, criar animales, sembrar y hacer nuestra forma de vida normal. Sin tierra no somos nada. Hoy, se van notando muchos cambios porque la tierra, poco a poco, nos pide a gritos auxilio鈥, asegura.

Y con fuerza, afirma: 鈥淨ueremos tener un lugar en esta sociedad y que se nos tome en cuenta. Que sepan que existimos, que tenemos una cultura y derechos tambi茅n. Que no tenemos que andar con plumas o con las vestimentas que nuestros antepasados sol铆an usar para ser identificados. Somos los indios de hoy. Somos abor铆genes de hoy鈥.

Ang茅lica so帽aba con 鈥渟er alguien鈥. A煤n no toma conciencia de que se convirti贸 en una verdadera gigante que lucha por los derechos hist贸ricos de su pueblo.





Fuente: Anred.org