October 25, 2021
De parte de Lobo Suelto
787 puntos de vista

Este texto no pretende ser un an谩lisis de la serie El juego del calamar (2021), sino solo un comentario marginal, a partir de un detalle presente en los primeros cap铆tulos. En el cap铆tulo 2 hay una 鈥搉o tan sutil鈥 referencia a Lacan. Sobre un escritorio hay un libro 鈥揺n coreano鈥 que el subt铆tulo se帽ala como 芦Teor铆a del deseo禄. No hay un libro de Lacan llamado 芦Teor铆a del deseo禄, por lo que, seguramente, se trata de una traducci贸n del Seminario VI: El deseo y su interpretaci贸n. Ahora bien, 驴qu茅 sentido puede tener dicho objeto? Una asociaci贸n, m谩s menos libre, me lleva por el siguiente camino. Todo el cap铆tulo 1 de la serie gira en torno al asunto de la deuda: 芦驴No tienes dinero? Puedes usar tu cuerpo para pagar禄, dice uno de los personajes al protagonista. En el Seminario VI (espec铆ficamente en el cap铆tulo sobre Hamlet, 芦Duelo y deseo禄) Lacan habla justamente de 芦la libra de carne禄 (t茅rmino que toma de El mercader de Venecia), como ese algo que empe帽amos 鈥搒in saber鈥 en la relaci贸n con el significante (y el deseo). 驴C贸mo leer, entonces, esta relaci贸n? Quiz谩s se trata de que la maquinaria de producci贸n de culpa-deuda es precisamente lo que nos separa del deseo, porque reduce todo a una disponibilidad de los significantes que el mercado ofrece (en los que la familia 鈥揺n la serie鈥 parece ser el nudo central). La promesa del mercado es la de devolver ese algo que ha quedado empe帽ado en la alienaci贸n con el significante: la plenitud perdida. Pero ese trozo de carne 鈥搉uestro cuerpo, nuestra vida鈥 queda atrapado en el atolladero de la culpa y la deuda. No hay lugar para el deseo, propiamente tal, sino solo para el movimiento, fren茅tico e incesante, de la circulaci贸n de mercanc铆as. La precarizaci贸n material de la vida pasa, tambi茅n, por una precarizaci贸n del deseo. El deseo queda alienado en un horizonte cerrado, aunque ilusoriamente abierto e infinito. En este sentido, la culpa y la deuda nos separar铆an de nuestro cuerpo y de nuestras potencias. O, nos endeudamos, justamente, porque estamos 鈥搈谩s o menos鈥 separados de nuestros deseos (porque un sistema de exclusiones 鈥揺con贸mico y pol铆tico鈥 ha impedido dar lugar al deseo). Y quiz谩s sea eso lo que da tanta verg眉enza en las deudas: el haber 芦cedido en el deseo禄, el saberse despojado de algo de s铆.

Se puede sumar El juego del calamar a una proliferaci贸n de representaciones cinematogr谩ficas de la crisis del capitalismo y, m谩s espec铆ficamente, a una serie de representaciones que utilizan el juego como escena simb贸lica (El juego del miedo, Los juegos del hambre, Juego de tronos, por dar algunos ejemplos). Se trata, entonces, de la realidad (econ贸mica, pol铆tica y/o moral) como un juego. El capitalismo parece apropiarse, en parte, de esa compulsi贸n mort铆fera de la repetici贸n que se asoma en el juego (cuya mejor representaci贸n novelesca quiz谩s sea El jugador de Dostoievski). Apropiaci贸n perversa, porque el juego pierde su principio de libertad y deviene obligaci贸n tortuosa. Una de las reglas en El juego del calamar es que no se puede dejar de jugar (a menos que todos, 鈥渄emocr谩ticamente鈥, decidan abandonarlo). Pero el juego tambi茅n puede mantenerse en los l铆mites del principio del placer, contribuyendo a la homeostasis imaginaria del orden de las cosas. En Playstation Dreamworld (Polity Press, 2018), Alfie Bown ha mostrado c贸mo cierta tendencia global hacia la gamificaci贸n de la ciudad (y su relaci贸n con el ciberespacio) ha modificado nuestro mundo: la serie de Apps que se nos ofrecen, articulan un mapa dentro de la ciudad, un mapa orientado a la experiencia individual (aunque con otros) de consumo. Por otra parte, este escenario contempor谩neo supone, nos propone Bown, una relaci贸n de complementariedad entre juego y trabajo: el juego en el trabajo (cuyo ejemplo paradigm谩tico ser铆a el ya cl谩sico Candy Crush) permite olvidar las condiciones laborales precarias de los trabajadores. Asimismo, el trabajo ha devenido un playground, como en la 鈥渙tra escena鈥 (del sue帽o) donde 鈥渏uegan鈥 los personajes de la serie. Los trabajos hoy se conciben cada vez m谩s como desaf铆os, con objetivos, metas y logros a desbloquear. De ah铆, tambi茅n, que muchos prefieran, hoy, reemplazar la terapia por coaching. Porque no hay lugar para la interrogaci贸n de s铆, no hay espacio para la discontinuidad del sujeto, donde justamente puede aparecer el deseo.

El capitalismo como juego es tambi茅n una de las premisas de los inversores y de quienes desean replicar ese modo de vida a menor escala. 鈥淭e ense帽o a ganar el juego鈥, dicen algunos influencers dedicados a vender su consejer铆a en inversiones. Al mismo tiempo, la proliferaci贸n del bitcoin, una moneda que parece ser el s铆mbolo mismo de la inmaterialidad especulativa, parece corroborar este v铆nculo entre capitalismo y juego. En un escenario global de incertidumbres pol铆ticas e identitarias, la ley del mercado, la ley de la circulaci贸n del capital se nos impone como el horizonte s贸lido 煤ltimo del cual aferrarse. Someti茅ndonos a una culpa sin objeto definido, corremos tras la ley 鈥揷omo los personajes de Kafka鈥, para anudar alg煤n sentido. Sin embargo, la 煤nica ley que el mercado ofrece es el de la deuda, la culpa y el sacrificio en nombre de espejismos que se evaporan a la misma velocidad de la circulaci贸n del capital. La culpa 鈥搚 tambi茅n el miedo鈥 echan a andar esa maquinaria de producci贸n que no admite otros deseos que no sean los de su propia perpetuaci贸n. La culpa de no pertenecer al juego. La culpa, en definitiva, de haber traicionado el propio deseo. Y quiz谩s sea esto donde El juego del calamar logra 鈥揳 prop贸sito, o no鈥 punzar acertadamente: mostr谩ndonos el juego 鈥搇a ficci贸n鈥 en la realidad logra devolverle al deseo su cuerpo.




Fuente: Lobosuelto.com