October 17, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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Quema de judios en Alemania durante la Peste Negra. Los jud铆os se convirtieron en el “chivo espiratorio” a quien culpar de la pandemia.

por Juan Manuel Blanco

Una vez que un gobierno decreta el cierre generalizado, o la obligatoriedad de mascarillas, si los contagios aumentan, la culpa se endosa a los ciudadanos que no cumplen las normas

隆Dios m铆o, ya est谩 aqu铆 la pandemia!, exclam贸 Maurice Hilleman, jefe del servicio de enfermedades infecciosas del ej茅rcito de los Estados Unidos, el 17 de abril de 1957 al leer una noticia en el New York Times. Veinte mil personas esperaban delante de los dispensarios de Hong Kong para ser atendidas por una gripe especialmente virulenta. Tras recibir muestras del virus, Hilleman confirm贸 sus peores temores: no hab铆a inmunidad ante esa cepa. Nada pod铆a frenar la Pandemia de Gripe Asi谩tica, que acabar铆a causando cuatro millones de muertos en una poblaci贸n mundial que no llegaba al 40% de la actual.

Se recomend贸 a los enfermos permanecer en casa y solo acudir al hospital si los s铆ntomas se agravaban. Escuelas y empresas permanecieron abiertas, descart谩ndose medidas extremas como confinamientos o uso obligatorio de mascarillas por considerarse ineficaces y contraproducentes. No hubo fractura social, ni p谩nico generalizado, presiones o bandos enfrentados, ni insultos o acusaciones, ni dogmas o herej铆as. Nadie vigil贸 o denunci贸 a sus vecinos. Y la pandemia no condujo a p茅rdida de libertades ni a grandes da帽os psicosociales.

Estados Unidos ampli贸 a marchas forzadas la capacidad de los hospitales y, cuando lleg贸 la enfermedad, el amigo Hilleman hab铆a desarrollado una vacuna razonablemente eficaz, que contribuy贸 a reducir la mortalidad. Se inocul贸 quien lo consider贸 oportuno, sin coacci贸n, certificados, distinci贸n o pol茅mica entre vacunados y no vacunados. Tampoco surgi贸 la ocurrencia de intentar eliminar el virus: sab铆an que adaptarse a 茅l, minimizar los da帽os, atender bien a los enfermos, crear inmunidad por vacuna o exposici贸n directa, era la 煤nica v铆a para superar la crisis.

Aunque la pandemia de 2020 ha constituido una amenaza similar, la pol铆tica, la conducta de la gente y la actitud de la opini贸n p煤blica fueron diametralmente opuestas, como si contempl谩semos dos civilizaciones de galaxias distintas. La estrategia de 2020 iba a apartarse inesperadamente de la senda prevista, con medidas draconianas, extremas, nunca antes experimentadas, nada respetuosas con derechos y libertades. Muy pocos pa铆ses, como Suecia, siguieron la l铆nea de siempre, con medidas b谩sicamente voluntarias. Curiosamente, la opini贸n p煤blica percibi贸 lo contrario: que era Suecia la que se apartaba del guion. El mundo se hab铆a vuelto s煤bitamente del rev茅s.

Finalmente, el virus no pareci贸 entender de leyes o restricciones pues los contagios describieron olas similares con medidas laxas o draconianas, con mascarillas o sin ellas. Las novedosas restricciones se mostraron irrelevantes y contraproducentes, como ya advert铆a la sabidur铆a del pasado. Entonces, 驴por qu茅 casi todos los gobiernos reaccionaron con tal exageraci贸n en 2020? En buena medida porque as铆 evitaban ser culpados por la pandemia, transfiriendo la acusaci贸n a otros. Y aqu铆 est谩 la clave: en 1957 nadie hubiese culpado a los gobernantes por los fallecidos en una epidemia, hoy s铆.

UNA CAT脕STROFE NATURAL, SIN CULPABLES

En Risk and Blame (1992), Mary Douglas explica que, para las sociedades tribales, premodernas, ninguna desgracia ocurr铆a porque s铆: siempre hab铆a culpables. Las muertes eran causadas por alg煤n conjuro de brujer铆a; los desastres por la ruptura de alg煤n tab煤. Pensaban que todas las calamidades eran evitables, fuera con un sortilegio o persiguiendo como chivos expiatorios a quienes violaron el tab煤.

Al superar la magia y la brujer铆a, la sociedad moderna comenz贸 a identificar ciertos fen贸menos como imprevisibles e inevitables, donde no cabe ya buscar culpable. Surgen los conceptos de accidente, muerte natural o cat谩strofe natural, propios de la mentalidad moderna. As铆, la gente identific贸 la pandemia de 1957 como una cat谩strofe natural, sin culpables.

Sin embargo, durante el 煤ltimo cuarto del siglo XX el pensamiento occidental sufrir铆a una sorprendente regresi贸n hacia concepciones premodernas, hacia una cultura de la culpa que erosionar铆a los conceptos de accidente o cat谩strofe natural. Comenz贸 a volver la idea de que todas las desgracias son evitables y, por tanto, culpa de quienes no hacen lo suficiente por impedirlas. Como se帽ala Mary Douglas, “hoy consideramos cada accidente como un caso de negligencia criminal, cada enfermedad como una amenaza de enjuiciamiento. Preguntamos siempre 驴de qui茅n es la culpa?, y despu茅s 驴cu谩l ser谩 la indemnizaci贸n?”.

Esta curiosa evoluci贸n se plasm贸 en la llamada revoluci贸n de los litigios, que afect贸 especialmente a Estados Unidos. Se dispararon las demandas judiciales por unos da帽os que, anteriormente, los jueces declaraban accidentales, no culposos. Surgieron los abogados “cazadores de ambulancias”, apostados en los servicios de urgencia para animar a los lesionados a litigar, aunque fuera contra quien fabric贸 el veh铆culo, construy贸 la carretera, puso las se帽ales, coloc贸 carteles que distra铆an la atenci贸n o no advirti贸 del peligro de circular con nieve.

Arreciaron tambi茅n las demandas por negligencia m茅dica en muchos fallecimientos que anta帽o se consideraban naturales e inevitables, impulsando a muchos facultativos a adoptar la medicina defensiva, una estrategia para guardarse las espaldas ante un posible litigio. Consiste en prescribir muchas m谩s pruebas de las necesarias, recetar medicamentos en exceso, hospitalizaciones prescindibles y, sobre todo, atenerse a protocolos muy r铆gidos, que permiten cubrir el expediente. El criterio del profesional acaba sustituido por meras formalidades, extremadamente costosas en tiempo y presupuesto, perjudiciales para el paciente, pero muy eficaces para una defensa legal.

UN PROCESO DE INFANTILIZACI脫N

La novedosa cultura de la culpa forma parte de un proceso general de huida de la responsabilidad personal, de creciente infantilizaci贸n de una sociedad que no acepta el infortunio, la enfermedad o la muerte. Donde abunda una personalidad que se desahoga con la queja, el pataleo o la transferencia de culpa a los dem谩s, que ans铆a un mundo completamente previsible, sin incertidumbres, de riesgo cero, con muchos derechos y pocas responsabilidades.

La pandemia de 2020 golpe贸 a una sociedad dominada ya por estas actitudes premodernas, empujando a los gobernantes a responder con una sanidad defensiva, con medidas sobrepasadas, que no resist铆an un an谩lisis coste-beneficio pero serv铆an muy bien como coartada ante cualquier acusaci贸n. Una vez que un gobierno decreta el cierre generalizado, o la obligatoriedad de mascarillas, si los contagios aumentan, la culpa se endosa a los ciudadanos que no cumplen las normas. Si descienden, el m茅rito es del gobierno. Por el contrario, los pocos gobernantes que basan su estrategia en medidas voluntarias son culpados directamente de los fallecimientos aunque logren una tasa de mortalidad sensiblemente inferior.

En esta tesitura, casi todos los pol铆ticos apostaron por la estrategia m谩s conveniente鈥 para ellos mismos. Incluido Boris Johnson, que no resisti贸 tama帽a presi贸n m谩s que un par de semanas. Porque mantener una pol铆tica sensata, que preserve libertades y derechos requiere hoy d铆a unos niveles de convicci贸n, responsabilidad y valent铆a tales que son pr谩cticamente inexistentes en la clase pol铆tica. Las exageradas medidas cumplen a la perfecci贸n el papel de conjuro de hechicero: ineficaces para resolver el problema, pero muy apropiadas para endosar la culpa a otros.

Escapar del presente oscurantismo implica aceptar que nadie es culpable de una enfermedad; ni las autoridades, ni la gente. Y que no es l铆cito perseguir o se帽alar a quienes deciden no vacunarse porque, aunque la vacuna resulte recomendable para los adultos, la presi贸n y la descalificaci贸n generan una ruptura de la convivencia, una violaci贸n de derechos y una regresi贸n hacia un asfixiante r茅gimen de intolerancia tales, que los estragos causados a la sociedad acaban siendo muy superiores al beneficio que producir铆a la inoculaci贸n forzada de estas personas. Es una mera decisi贸n personal; no la rotura de un tab煤.

Este pensamiento premoderno es completamente disfuncional en una sociedad tecnol贸gica pues la culpa acaba asign谩ndose de manera absurda y arbitraria, diluy茅ndose la responsabilidad por actos conscientes y deliberados. As铆, no se exigir谩 cuentas a los gobiernos por las graves consecuencias pol铆ticas, sociales, econ贸micas y sanitarias que sus sobrepasadas restricciones han causado y van a causar. Al fin y al cabo, se trata de una cultura de la culpa; no de la responsabilidad.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com