May 7, 2021
De parte de La Haine
193 puntos de vista


Desde el pasado 28 de abril, millares de personas colman las calles colombianas para rechazar el proyecto de ley de reforma tributaria presentado por el Gobierno de Iv谩n Duque que ataca directamente bolsillos y mesas de las clases populares colombianas aumentando el gravamen del IVA (hasta el 19 %) y extendiendo su implantaci贸n a nuevos productos de la canasta familiar [y en general las violencias econ贸mica y estatal].

Reforma Tributaria

Presentada primero como Reforma Tributaria, modific贸 su nombre ante las primeras voces de protesta por el de 鈥淟ey de Solidaridad Sostenible鈥, cuyo prop贸sito nominal parec铆a hasta amoroso: consolidar 鈥渦na infraestructura de equidad fiscalmente sostenible para fortalecer la pol铆tica de erradicaci贸n de la pobreza (鈥) y que permitan atender los efectos generados por la pandemia y se dictan otras disposiciones鈥.

Esta no es la primera reforma tributaria del gobierno de Duque y, por lo tanto, no son los primeros eufemismos. En 2018 la llam贸 鈥淟ey de financiamiento鈥 y en 2019 la nombr贸 鈥淟ey de crecimiento鈥. As铆 pues, los pilares tributarios del gobierno uribista son: el financiamiento, el crecimiento y la solidaridad.

Pero, volvamos a la reforma tributaria de 2021. El argumento con el que se defend铆a la propuesta era cubrir el d茅ficit fiscal (producto de la corrupci贸n y el gasto no prioritario: publicidad, camionetas, nueva burocracia excesiva e in煤til) gravando a煤n m谩s a las clases populares y, sobre todo, a la clase media, ya que se esperaba que el 73 % del recaudo viniera de las personas naturales.

Para promocionarla, el gobierno acudi贸 a tres estrategias: (1) una campa帽a de miedo, en la cual, el pa铆s estaba al borde la crisis, sus bonos se devaluaban y la caja del Estado s贸lo ten铆a fondos para seis semanas; (2) una campa帽a medi谩tica de guerra psicol贸gica y 鈥渢error emocional鈥, a trav茅s de spots radiales y televisivos, donde la palabra 鈥渟olidaridad鈥 (fundamento del nombre de la reforma) se asociaba con las redes familiares, vecinales y amigables; y, (3) a un posicionamiento descarado y c铆nico del Alberto Carrasquilla y Juan Alberto Londo帽o, ministro y viceministro de Hacienda, respectivamente.

Dos verdaderos economistas neoliberales, que pueden ser entendidos como 鈥渃riminales de guerra鈥, en la perspectiva planteada por Ren谩n Vega Cantor. De hecho, en 2020, Carrasquilla hab铆a expresado que el salario m铆nimo legal vigente en Colombia era uno de los m谩s altos del mundo, y presion贸 para que se estableciera un incremento de apenas el 2 %.

Entrevistado acerca del precio de una docena de huevos, Carrasquilla respondi贸 la mitad del precio real con toda naturalidad, mientras que Londo帽o afirm贸 que el caf茅 no era un producto fundamental de la canasta b谩sica de un pueblo denominado internacionalmente como 鈥渃afetero鈥 (tampoco lo era la sal o el az煤car).

La historia de ambos parece recordar aquella an茅cdota de Mar铆a Antonieta, cuando en la Francia de 1789 escuchaba desde las ventanas del Palacio de Versalles que la gente reclamaba que no ten铆a pan y ella se atrevi贸 a decir: 鈥淪i no tienen pan que coman pasteles鈥. Un a帽o despu茅s, su cabeza rod贸 sobre el cadalso al encuentro con la guillotina. Tal parece ser la suerte de los cargos de Carrasquilla y Londo帽o, quienes terminaron dimitiendo, luego de que el gobierno anunciara el retiro del proyecto.

Sin embargo, Carrasquilla (cuya persona aparece en los famosos 鈥淧anama Papers鈥) no se ir铆a derrotado a su casa, pues al parecer ser铆a promocionado para un cargo internacional y el gobierno colombiano no renunciar铆a a la idea de la reforma, s贸lo que ahora edulcorar铆a su propuesta a trav茅s de una 鈥渧ersi贸n consensuada鈥 con los partidos pol铆ticos tradicionales, muchos de ellos miembros de la coalici贸n del gobierno. De esta manera, desconoci贸 abiertamente a los pueblos y a la oposici贸n (negaci贸n del juego democr谩tico liberal鈥揵urgu茅s que pregonan): art铆fices principales del retiro del proyecto.

Militarizaci贸n de las calles

Sin embargo, Iv谩n Duque (o el 鈥渟ub鈥損residente鈥 o 鈥減residen鈥搕铆tere鈥 como suele llam谩rsele en alusi贸n a que el que ejerce el 鈥減oder real鈥 es 脕lvaro Uribe V茅lez) ech贸 gasolina a la candela y, en una actitud abiertamente dictatorial, orden贸 la militarizaci贸n de las calles, es decir, que en lugar de invocar el di谩logo, da tratamiento militar a la protesta social. No puede olvidarse que Colombia es el segundo pa铆s de la regi贸n, despu茅s de Brasil, en inversi贸n militar, que el a帽o anterior alcanz贸 la cifra cercana de US$9.216 millones.

La presencia de las tropas reforzar铆a la barbarie y criminalidad desplegada por la Polic铆a Nacional (con sus motorizados y su escuadr贸n de muerte anti鈥揹isturbios), quienes siguen empe帽ados en disolver las manifestaciones a golpes, brutalidad, balas de plomo, perdigones, lacrim贸genas, aturdidoras, hidrantes, persecuci贸n en motocicletas y agentes encubiertos, que terminan golpeando, deteniendo, torturando, hiriendo e, incluso, desapareciendo y asesinando a manifestantes, violando todos las garant铆as de derechos humanos y mecanismos procesales, ante el silencio c贸mplice de aparentes gobiernos locales y regionales 鈥減rogresistas鈥 (como en Bogot谩, Cali o Medell铆n). As铆, parecen estrenar muchos equipamientos de 煤ltima generaci贸n.

Y, finalmente, como no pod铆a ser de otra manera en Colombia: las tareas conjuntas 鈥搎ue ya dan sus primeros 40 muertos en las barriadas populares, como en el cale帽o Silo茅鈥 se articulan a comandos paramilitares que controlan territorios estrat茅gicos (urbanos y rurales) donde est谩n asentados.

驴C贸mo justificar la presencia del Ej茅rcito en las calles y poder mantener el relato democr谩tico? Esta es la principal habilidad del establecimiento colombiano que ha construido su institucionalidad bajo la figura de un 鈥渙rangut谩n con sacoleva鈥, como dijo un c茅lebre pol铆tico de mediados del siglo XX.

El uribismo ha acudido reiteradamente al uso de eufemismos y la capacidad saltimbanqui de construir enemigos. As铆, fuimos pasando en el siglo XXI de la 鈥渁menaza terrorista de las FARC鈥 al 鈥渃astro鈥揷havismo鈥. Y en la actualidad, 脕lvaro Uribe V茅lez ha orientado los conceptos claros: 鈥渢errorismo vand谩lico鈥 y 鈥淩evoluci贸n molecular disipada鈥 mientras que la bancada de su partido se帽al贸 en un comunicado de ayer que la protesta social hac铆a parte 鈥渄e un macabro plan de la izquierda radical y criminal, financiada por el narcotr谩fico, para desestabilizar la democracia colombiana鈥. As铆 pues, si el terrorismo y el narcotr谩fico, l茅ase: la izquierda, est谩 detr谩s de las protestas, es m谩s que justificado que las tropas anticomunistas (anticastristas, antichavistas y antibolivarianas) entren en acci贸n.

Pero, estas definiciones junto a la definici贸n de las masacres como 鈥渉omicidios colectivos鈥, su justificaci贸n como 鈥渕asacres con sentido social鈥 y la consideraci贸n de menores combatientes como 鈥渕谩quinas de guerra鈥, no son m谩s que palabrer铆a ampulosa y rimbombante para edulcorar la necropol铆tica.

En el fondo, la cacareada 鈥渁sistencia militar鈥 a los municipios, es la carta que ha le ha servido al uribismo y a la ultraderecha fascista que representa, para mantenerse en el poder. Ad portas de una contienda electoral, despojada de cualquier posibilidad de consenso y con una galopante crisis de hegemon铆a est谩 dispuesta a recorrer el camino de la dominaci贸n total.

M谩s all谩 de la Reforma Tributaria

Las protestas iniciales en contra de la reforma tributaria se enlazaron con la conmemoraci贸n del 1 de mayo, y al d铆a de hoy ya completan una semana en las calles. Esto es apenas l贸gico, si se considera que a la reforma tributaria le siguen, dentro del paquete, las reformas a la salud, al trabajo y a las pensiones (jubilaciones).

驴Qu茅 hay detr谩s? Una mezcla de malestares, broncas y reivindicaciones hist贸ricas contenidas. Si en Chile se protestaba no s贸lo contra los $30 de aumento del boleto de metro, sino contra los 30 a帽os de la constituci贸n pinochetista, en Colombia el alza al 19 % del IVA s贸lo es un reclamo m谩s en la cadena de exigencias populares y rechazo en contra de los 19 a帽os de uribismo.

Se protesta contra la crisis econ贸mica, el manejo irregular de la pandemia, los bombardeos de ni帽os y ni帽as, los asesinatos de l铆deres sociales, los incumplimientos de los acuerdos con los ind铆genas, la impunidad judicial que se intenta establecer en favor 脕lvaro Uribe V茅lez, los bloqueos a los acuerdos de paz con las FARC, la reactivaci贸n de las fumigaciones con glifosato, la captura de los organismos de control por parte del partido de gobierno, la descarada constituci贸n de un gobierno narco鈥損aramilitar, la brutalidad policial y la corrupci贸n en los cuerpos represivos, el saqueo sistem谩tico de la Naci贸n, la gobernabilidad para los ricos, la cada vez m谩s evidente militarizaci贸n de la democracia.

En las calles colombianas se desaf铆a la continuidad hist贸rica de la Modernidad/Colonialidad del poder y del neoliberalismo galopante. Por eso caen los ministros y los monumentos. La gente de a pie, que se ahoga con los gases lacrim贸genos en sus casas o presencia la barbaridad armada, sigue resistiendo en las calles. No ya por un programa pol铆tico, sino por el fundamento mismo de todo programa pol铆tico: la materialidad de la vida. Los tapabocas anti鈥揅ovid no logran tapar las bocas de la resistencia. La guardia ind铆gena, los movimientos sociales, la juventud y la vecindad espont谩nea est谩 colmando las calles. Se bloquea una calle, se dispersa las fuerzas y se resiste a las balas (de pistola y de fusil).

El gobierno puede estar dispuesto a declarar el Estado de Conmoci贸n Interior y dar un ropaje jur铆dico a la militarizaci贸n del pa铆s, mientras bloquea las redes sociales para evitar la difusi贸n de im谩genes. La gente puede estar dispuesta a quedarse en las rutas hasta que se vaya el mal gobierno y enfrentar el control paramilitar en ciertos territorios y la penetraci贸n policial鈥搈ilitar en otros.

Todas son probabilidades y tendencias posibles, pero, en 煤ltimas s贸lo se dirimen en las calles. Es un balance a煤n imposible de establecer y requerir谩 mucha audacia pol铆tica colectiva, para que no pesquen en r铆o revuelto los oportunistas, y para que no se incuben los monstruos que suelen aparecer en los intervalos donde 鈥渓o viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer鈥. Por ahora, lo cierto es que hay muertos que reivindicar y victorias por conquistar.

Una semana despu茅s, el paro puede transmutarse en rebeli贸n, justo al lado de una Venezuela asediada. Esto no s贸lo da un respiro a Venezuela, pues Duque tendr谩 que ocuparse de su propio patio, sino que genera un mejor clima para que avance el proceso de acuerdo de desbloqueo que se adelanta actualmente en M茅xico entre el gobierno de Maduro y el de Biden.

El levantamiento popular en Colombia, da continuidad a las rebeliones populares vividas en 2019, no s贸lo en su propio suelo, sino tambi茅n en pa铆ses hermanos como Chile y Ecuador. Pero, en un contexto a煤n m谩s dram谩tico, no s贸lo porque la crisis acumulada se expresa en m谩s de 17 millones de pobres, una tasa de desempleo superior al 20 %, alrededor de 74 mil fallecimientos por COVID y una cifra escalofriante de 1.200 lideranzas sociales y firmantes del acuerdo de paz con las FARC asesinadas en los 煤ltimos cinco a帽os.

La realidad colombiana actual dista mucho de la revoluci贸n artesanal de mediados del siglo XIX o de la pueblada de mediados del siglo XX conocida como 鈥淏ogotazo鈥. Puede ser que no se est茅 tomando 鈥渆l cielo por asalto鈥, como sucediera en la Comuna de Par铆s, pero, para los 煤ltimos tiempos de brutal represi贸n (sistem谩ticamente callada por la perorata de la ficcional 鈥淐omunidad Internacional鈥: Bachelet y Almagro, por ejemplo, y los grandes medios), resulta muy importante que, al menos, el pueblo colombiano se sacuda de las sandalias 鈥渓a arena del infierno鈥. Es posible que esta vez se le tuerza el brazo al 铆dolo de barro.

* Investigador IEALC鈥揢BA




Fuente: Lahaine.org