February 17, 2021
De parte de La Peste
339 puntos de vista


Nosotros afirmamos que el mundo es hoy una colección difusa de comunidades. Una comunidad es diferente de una nación, […] La crisis del intercomunalismo reaccionario del Imperio provoca inevitablemente el concepto de <intercomunálismo revolucionario».
Huey P. Newton

La «Defensa del Territorio» se diluye paralelamente en ideología cuando pierde de vista lo esencial: la autodeterminación territorial. Más recientemente, esto se ha denominado comuna, como agregación de humanos y no-humanos que cubren en común cada una de las dimensiones de sus existencias. Para perseverar en el ser, toda comuna se inscribe en una confederación de comunas, una «Intercomunal» dotada de sus propias circulaciones y comunicaciones de encuentros, hospitalidades, afectos, planes y «recursos» —que son ante todo fuerzas—, incrementando conjuntamente su potencia más allá de sí mismas y de cualquier frágil supervivencia. Porque habitar en secesión con el orden global se parece poco al aislamiento, a la constitución de un nicho de confort espacial que se quiere al margen de la catástrofe planetaria. Es, por el contrario, ofensiva afirmativa, formación y multiplicación de «sitúaciones» vernáculas que desbordan y socavan las grandes totalidades de la gestión imperial. Un amigo de Cataluña nos invita así a propósito de la conformación, no ya de una Internacional, sino de una Intercomunal: «Un territorio ha sido ganado, unas comunas han sido construidas, unas comunidades han echado raíces y una gran cantidad de amistades ha florecido en luchas libradas, tierras defendidas, casas construidas, proyectos fundados, camaradas perdidos, niños nacidos, con recursos, saberes y habilidades combinados. A través de nuestros esfuerzos hemos llegado al punto en que podemos, con toda seriedad, plantear la pregunta de cómo nos relacionaremos unos con otros, a través de territorios de amplio alcance, en diversos contextos, cada tino con fuerzas, intereses, obstáculos y oportunidades distintos. Comenzar a imaginar una geografía y una historia más amplias en las que cada región quepa de acuerdo con sus propias razones para existir puede comenzar a revelar intereses compartidos y oportunidades futuras para la coordinación, la conspiración y la iniciativa colectiva». Estas zonas de autonomía definitiva, estos agujeros negros ilegibles para el poder, esta constelación de mundos sustraídos a las relaciones mercantiles y al nihilismo metropolitano, suponen ya por su sola existencia una quiebra de la figura del mundo administrado que se pretende instaurar para los siglos venideros. El tejimiento de vínculos comunales de juramento y de cooperación mutuos y la autodeterminación no de necesidades sino de deseos, inclinaciones y gustos, eclipsan en su expansión y fortalecimiento las tristes pasiones del individuo aislado metropolitano y la existencia isomorfa de la población estadística unidimensional: la comuna es lo que viene en el momento en que una miríada de formas-de-vida se agregan material, espiritual y guerreramente en un «Nosotros» y comienzan así a hacer juntas.

Diremos así que, cuando los pobladores de un barrio en lo inhóspito de una ciudad o de un pueblo abandonado por el Desarrollo deciden tomarlos de nuevo en sus manos y expulsar a «sus» gobernantes, lo que se manifiesta no es ni una autogestión de un mundo exactamente igual al que los poderes han dejado atrás por un descuido ni un regreso a una situación originaria y más auténtica, sino, más sencillamente, la agregación al fin de formas-de-vida íntegras que actúan en una autonomía absoluta, es decir, sin relaciones de gobierno. Se entiende así por qué hay que añadir una glosa táctica a la enunciación de los pro-zapatistas: «Cambiar el mundo sin tomar el poder», sí, pero constituyendo una potencia. Es constituyendo una potencia como podemos ir más allá del estadio meramente antiautoritario, infértil, en el que se encuentra anquilosada la esfera de la política clásica. En este mismo sentido mejor estratega que cualquier trotskista, Kafka decía: «En un mundo de mentira, para echar a la mentira del mundo no basta con su opuesto: hace falta un mundo de verdad». No basta con desmentir o denunciar las mentiras de este mundo, para todos obscenas y evidentes; es preciso construir otros mundos que lo excedan asimétrica y heterogéneamente hasta sepultarlo. «Cada comunidad particular, en su lucha contra la universalidad vacía de la mercancía, se reconoce poco a poco como particular y se eleva a la consciencia de su particularidad, es decir que capta su reflejo y se mediatiza a través de lo universal. Se inscribe en la generalidad concreta del Espíritu, cuya progresión a través de las figuras celebra el banquete en el que todas las irreductibilidades están embriagadas. Fragmento tras fragmento, la reapropiación de lo Común se prosigue» (Tiqqun 1, «Tesis sobre el Partido Imaginario»).

Consejo Nocturno

Publicado originalmente en Consejo Nocturno. Un habitar más fuerte que la metrópoli. Pepitas de Calabaza, 2018


Que no hay revuelta metropolitana, sino revuelta contra la metrópoli

Habitar, es decir, DESTITUIR EL GOBIERNO

Miseria del alternativismo, contrucción positiva de una potencia

Comité Invisible: A nuestros amigos (2014)

David Graeber: Comunismo

Afilando las palabras: Comunismo, Comunizacion, Proletariado y Sabotaje




Fuente: Lapeste.org