September 20, 2021
De parte de Oveja Negra
166 puntos de vista

A continuaci贸n vamos a presentar la primera de las tres partes de un art铆culo algo extenso, un poco arriesgado, sobre algunas ideas de felicidad que nos vende la sociedad del Desarrollo.

Como ser feliz: 7 simples claves cient铆ficamente probadas[1] que te ayudar谩n todos los d铆as.

Una entrada en Internet[2].

A modo de introducci贸n

Si se supone que en este estadio de Progreso de la Historia, en pa铆ses como Espa帽a o Francia, somos bastante libres y seguros[1], o que al menos esta sociedad desarrollada proporciona mayores cuotas de libertad a sus ciudadanos y clientes, es l贸gico que tambi茅n se suponga que en esta sociedad uno pueda ser relativamente m谩s feliz y contento. De hecho, la b煤squeda de la felicidad personal, de las cosas que a uno le gustar铆a hacer y a trav茅s de las cuales realizarse ocupa un espacio nada desde帽able en la publicidad y en la educaci贸n. En las democracias avanzadas esta cuesti贸n tan compleja sobre la felicidad, aparentemente, se ha resuelto de una manera muy sencilla: cada uno puede ser feliz a su manera, lo que corresponde a la idiosincrasia de un r茅gimen en el que el coraz贸n mismo del sistema se halla anclado en el corazoncito del individuo de la masa y en el que la producci贸n de masas trata a sus clientes de forma individualizada. Una vez que se ha destruido la comunidad, una vez que el pueblo parece haberse retra铆do y silenciado, se apodera de nuestros corazones el sustituto democr谩tico de la felicidad; la realizaci贸n personal dentro de la sociedad establecida y la compra de art铆culos de toda 铆ndole producidos espec铆ficamente para generar en las masas un estado de satisfacci贸n y felicidad salen al primer铆simo plano.

Por otra parte, siempre junto a esas im谩genes de la felicidad moderna, junto a los ejemplares individuales que han conseguido un relativo 茅xito en su vida (aman lo que hacen y, por ello mismo, triunfan) y que lucen sus alegres sonrisas para la publicidad, que han realizado sus proyectos y cuyos futuros han redimido los esfuerzos que hicieron en el camino hacia sus metas, aparece la imagen de la podredumbre social, del abismo que se repuebla cada vez m谩s y m谩s, del reino de la mediocridad y la mala fortuna, donde habitan sujetos a los que se les han cerrado (al menos temporalmente) todas las puertas que conducen a la felicidad, la libertad y el bienestar. Es vital que esta 煤ltima imagen del abismo social siempre aparezca ante los ojos de los mal que bien integrados para que no se les olvide cu谩l es el camino para ser felices.

Nosotros aqu铆, como consideramos al tan distinguido individuo moderno, tan querido y alabado por la publicidad, como un sujeto mayoritariamente sumiso y d贸cil, tampoco nos sentimos muy convencidos por las ideas de felicidad que nos venden; evidentemente, momentos de eso que llamamos alegr铆a aparecen de vez en cuando (es que el Estado, al fin y al cabo, no es tan poderoso y total como para poder montar un Ministerio de Felicidad y Alegr铆a y, de esta manera, poder administrarlos como si de cualquier Ministerio de Justicia o de Econom铆a se tratase), de hecho el propio sistema est谩 interesado en ello, pues no le beneficia en absoluto tener a todo el mundo siempre descontento y encabronado (y para eso lleva a帽os invirtiendo tanto tiempo y dinero, que son lo mismo, en desarrollar distintas formas de diversi贸n y de ocio, de ofrecer diversos estilos de vida y, en general, desarrollar eso que se llama Cultura). En la primera parte de este escrito nos dedicaremos un breve momento a esta cuesti贸n de la felicidad individual que se nos est谩 vendiendo tanto desde distintos aparatos de la promoci贸n ideol贸gica, mientras que en la segunda trataremos de razonar acerca de las posibilidades de alegr铆a cuando todav铆a no se nos ha reducido del todo a meros individuos atomizados de la masa; y lo haremos a trav茅s de una imagen po茅tica que explicaremos en el debido momento.

*

鈥ada individuo est谩 costituido en obediencia al Poder, le debe al Poder no su vida, ciertamente, pero s铆 ese sustituto de la vida que es la existencia, el ser fulano de tal, el tener un puesto en tal sitio, el tener derecho a tales trabajos y a tales diversiones.

Agust铆n Garc铆a Calvo, 驴Qui茅n dice No?

mi sensaci贸n interior de que soy una unidad aislada puede ser falsa, y la declaro falsa, porque no quiero darme por satisfecho con el horrible aislamiento.

Gustav Landauer, Escepticismo y m铆stica

Vaya por delante que aqu铆 no sabemos definir lo que es felicidad ni alegr铆a (no porque no hayamos experimentado alegr铆as, sino porque a煤n cuando las vivimos se nos escapa de la lengua su comprensi贸n conceptual clara y exacta) y no tenemos ni la menor intenci贸n de tratar de captarlas con nuestras toscas, siempre demasiado aproximativas palabras. 驴Para qu茅 hacerlo? No vamos, entonces, a decir nada definitorio ni conceptual respecto a la posible felicidad que la gente suele anhelar o a帽orar y, c贸mo no?, incluso experimentar de vez en vez de forma inesperada y desbordante, tan solo atacaremos las ideas de felicidad que se venden desde Arriba y que sirven para legitimar el orden existente al insinuar que es completamente compatible esa vaga felicidad que a帽ora la gente y las l贸gicas y el tipo de relaciones que sostienen a este Orden. Nosotros, en todo caso, nos inclinamos m谩s por pensar que si hay alegr铆as en la gente es, casi siempre a pesar del Orden impuesto, no es el resultado de los esfuerzos desde Arriba en darnos alegr铆as.

En este sentido, cabe sospechar que bajo esa ilusi贸n de poder ser felices individualmente en esta sociedad se esconde una especie de estado de satisfacci贸n sustitutiva: es decir, como la posible vida, que tal vez s铆 podr铆a proporcionar cierto disfrute y alegr铆a, se encuentra fundamentalmente ahogada bajo el peso de los numerosos sustitutos que promueven e imponen el Estado y el Capital, como la conversi贸n de la sociedad en una masa de individuos sumisos se profundiza hasta los l铆mites insospechados, el logro de estos sustitutos (por ejemplo, un buen empleo en una gran empresa, ser un doctor de una prestigiosa universidad, casarse y tener hijos, comprarse un nuevo aparatito in煤til cualquiera, etc.) provoca un estado de satisfacci贸n que se toma en muchas ocasiones por el de felicidad. Puede resultar muy dif铆cil, seg煤n qu茅 caso, separar n铆tidamente lo uno de lo otro, d贸nde est谩 en cada ocasi贸n concreta esta satisfacci贸n sustitutiva y d贸nde est谩 eso a lo que la gente siempre se ha referido como 鈥榓legr铆a鈥 o 鈥榝elicidad鈥, pues incluso bajo este impresionante aplastamiento de la vida por el Estado y el Capital la gente sigue experimentando verdaderas alegr铆as y tristezas (mucho m谩s de lo segundo que de lo primero, evidentemente), se sigue encontrando con momentos en su vida que, sin saberse claramente por qu茅 raz贸n, le llenan a uno el coraz贸n de alegr铆a y de estremecimiento.

Lo que parece de todas formas claro es que este estado de satisfacci贸n personal por conseguir un buen puesto de trabajo o de poder ir de vacaciones a un lugar muy promocionado por la industria tur铆stica o de sentirse plenamente realizado en las aspiraciones personales tiene mucho que ver con la aceptaci贸n y el estar de acuerdo con c贸mo son las cosas, con c贸mo es la realidad establecida. La idea, tal y como esgrime la publicidad, es siempre pensar en positivo (y si te rodeas de individuos positivos mejor todav铆a, pues con tanta positividad embriagadora uno no correr谩 el riesgo de tener que embriagarse de alcohol para ahogar sus penas).

A煤n as铆, la gente no siempre es tan simple como les gustar铆a a los gestores de la publicidad y desconf铆a bastante de estas recetas para ser feliz supuestamente aprobadas por la ciencia: de hecho, para nadie es un secreto que el trabajo asalariado, el pilar fundamental de la existencia que nos impone el Capital, no hace feliz ni aporta sentido ninguno a una gran cantidad de la gente. Pero mientras m谩s evidente se hace esta mentira, m谩s empe帽o se hace en sostenerla (hasta que se vuelva insostenible y haya que dar el cambiazo para seguir igual). Si uno, en cambio, est谩 descontento o muy descontento con esta realidad, si siente que lo aplasta y no le deja vivir, es decir, si no le seducen las zanahorias que le ofrece la publicidad, es muy dif铆cil que este estado de satisfacci贸n sea algo habitual en 茅l y, por tanto, se hace tambi茅n m谩s dif铆cil que acepte esta idea de felicidad individual y aislada que difunde la propaganda comercial.

Mientras algunos de nosotros tenemos estas muy inc贸modas dudas (y un gran descontento ante lo que se nos impone como 鈥榚sto es la realidad y no hay m谩s, hijo鈥), los promotores de esta sociedad parecen no tener duda ninguna: a las primeras de cambio te van a soltar su 鈥榮茅 feliz鈥 y hasta mostrarte el camino de c贸mo llegar hasta ello: por ejemplo, comprando este 煤ltimo modelo de autom贸vil o yendo al estadio a ver a tu equipo favorito de f煤tbol o regal谩ndole algo especial a tu pareja cada 8 de marzo (para hacerla feliz a ella, hombre, 隆no seas tan exageradamente ego铆sta pensando solo en tu felicidad!). Hasta tal punto ha llegado la tecnificaci贸n de nuestra vida que incluso eso de ser feliz podr铆a pronto reducirse (si nos descuidamos) a la aplicaci贸n de unas cuantas t茅cnicas cient铆ficamente probadas: pensar en positivo, relajarse, dejarlo ir, hacer lo que a uno le gusta, comprar cosas que a uno le gustan, etc. Todo es cuesti贸n de t茅cnica. Y como corresponde a una sociedad altamente tecnificada, tiene que en ella haber expertos en el manejo de estas t茅cnicas: los expertos en felicidad que te indicar谩n las t茅cnicas apropiadas si no para estar feliz, al menos para estar contento con la vida, saber disfrutar de peque帽as cosas y pensar en positivo.

Se pretende, de esta manera, hacernos creer que eso que llamamos vagamente 鈥榝elicidad鈥 es compatible con la c谩rcel que es este Mundo y, si se descuida mucho, uno mismo (en el que ese Mundo crece y se desarrolla). Para los promotores de la positividad, la felicidad no tiene nada que ver con algo vago e indefinido que se pierde entre lo infinito de la vida y que cuando aparece siempre resulta dif铆cil de ubicar con cierta exactitud. Como buenos constructores de proyectos que son, se creen estar en capacidad de crear proyectos de felicidad personal en masa, eso s铆, personalizados para cada tipo de gustos y preferencias. La felicidad se traduce entonces en la capacidad de comprar y despilfarrar los seductores productos (entre los que est谩n tambi茅n los variopintos estilos de vida, modos de ser y modas identitarias)  que nos suministra el Mercado para endulzar nuestros moldeables paladares: ya desde bien peque帽os los ni帽os no hacen m谩s que pedir a sus padres que compren este u otro chisme que ven por la tele y, cuando ya lo tienen en sus manos, se llenan de esa satisfacci贸n de la que habl谩bamos antes. Tanto ellos mismos, como sus padres, que se enternecen mucho al ver a sus ni帽os tan felices y contentos entreteni茅ndose con su nueva PlayStation N.潞 X.


[1] Si uno mira, aunque sea muy por encima, a lo que nos cuenta la Historia sobre los recorridos que han hecho las gentes de por all谩 y de por ac谩 se dar谩 r谩pidamente cuenta de que, efectivamente, parece ser que la gran parte de ellas ha estado marcada por la condici贸n de sufrir una u otra forma de dominaci贸n. Esta dominaci贸n siempre muestra distintos rostros, pero todos ellos est谩n apuntando a reducir las posibilidades de vida de la gente y a su sometimiento. Las formas actuales del Poder son las que m谩s eficacia parecen presentar, en lo que a la reducci贸n de esas posibilidades se refiere, precisamente gracias al proceso de ensanchamiento de los l铆mites de la vida subyugada o de la muerte administrada (Garc铆a Calvo): as铆, el tener el derecho a escoger una de las tantas formas de someterse (que rara vez se presentan hoy como expresi贸n de la sumisi贸n y la docilidad, sino como expresi贸n de la libertad de elecci贸n y la voluntad personal) crea la ilusi贸n de que aqu铆 y ahora, en este estadio del Desarrollo, el individuo por fin disfruta de unas cuotas de libertad m谩s que notables (el hecho de que hasta ahora se sigue hablando de ir ganando mayores cuotas de libertad, algo que es, como el amor, inmensurable, muestra a las claras que sigue imperando la mentalidad progresista que se cree escalando poco a poco hacia mundos cada vez m谩s perfectos, al menos en potencia). Claro est谩: esto se refiere sobre todo a los pa铆ses democr谩ticos avanzados, donde los niveles del bienestar alcanzados se consideran relativamente altos, pues en los pa铆ses en v铆as de Desarrollo, el llamado por los expertos Tercer Mundo, todav铆a se tiene que trabajar con mucho esfuerzo y muchos sacrificios para alcanzar el mismo nivel de bienestar y libertad.


[1] Resaltado en negrita m铆o.

[2] Accesible en https://postcron.com/es/blog/como-ser-feliz/.




Fuente: Ovejanegrarevista.wordpress.com