September 4, 2021
De parte de ANRed
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No pareciera que los resultados cambien nada sustancial, mientras que la crisis plantea incertidumbres para el día después. Por Eduardo Lucita.


El clima preelectoral no es el mejor. No es solo por la pandemia y los temores al contagio. La apatía y el desinterés dominan el escenario como reflejo de una campaña carente de ideas y de debate político serio. «Argentina es una sociedad que se agita en la superficie, pero poco altera sus placas más profundas», nos dice la politóloga Liliana de Riz.

Todo es relativo. Si miramos desde la perspectiva del poder real, más allá de los vaivenes del poder político de turno, lo que vemos es que el bloque de las clases dominantes es el mismo que se constituyó durante el menemismo, lo que se modificó en cada momento o período es el comando de ese bloque. Por el contrario si miramos desde la estructura social vemos cambios sustantivos, como la emergencia de una pobreza estructural que ha crecido período tras período mientras la riqueza se concentra. Ergo: desigualdad social en aumento.

Si aplicáramos el concepto al actual proceso electoral veríamos en la superficie muchos fuegos de artificio, denuncias cruzadas y hasta agravios de todo tipo en una campaña vaciada de contenidos. Pero al mismo tiempo los resultados esperados no alterarían demasiado la relación de fuerzas parlamentarias Es que ni el oficialista (FdT), ni la principal oposición derechista (JxC) lograrían los objetivos planteados. Para unos se trata de ganar 10 nuevas bancas en diputados, para lograr quórum y mayoría propia. Para los otros simplemente impedir esos objetivos, con el argumento de «Estamos a 7 bancas de ser Venezuela». Mientras que en senadores a priori no pareciera peligre la mayoría oficialista.

Hartazgo, desinterés, descontento…

Las recientes elecciones en Corrientes confirmaron, con un 35% de ausentismo y 13% de votos blancos, la tendencia ya anunciada en elecciones anteriores para intendente en Río Cuarto, Salta y Misiones. Se supone que la participación nacional caerá en promedio no menos de un 10%.

Más allá de distintos indicadores utilizados, lo que resalta es una suerte de desconexión de la ciudadanía con la política y los políticos por un lado y, por el otro, la actitud negativa ante la falta de un debate serio sobre los problemas concretos del país. La falta de involucramiento de la juventud (7 millones de electores tienen entre 16 y 25 años), contrariamente a hace una década atrás, completa el cuadro. Tal es lo que surge de los análisis cuantitativos (encuestas) -resistencia a ser entrevistados (pasaron del 10 al 25%)- y cualitativos (focus group) -enojo y bronca por la falta de soluciones (inflación, empleo, seguridad).

La economía está repuntando pero no tracciona ni el empleo ni los salarios, JxC no tiene mucho para cuestionar en este punto después de su fracasada gestión económica, mientras que la campaña de vacunación luego de los primeros tropiezos está avanzando rápidamente y ha salido del radar electoral.

En una campaña tan anodina como vacía, el pasado (quién endeudó más o si fue correcto la extensa cuarentena original) se discute más que el futuro (propuestas para salir de la crisis o que proyecto de país pospandémico). Mientras que el Vacunatorio VIP, el Olivosgate y la docente «militante» son los entretenimientos del presente que lesionan al FdT.

Cambios de tácticas electorales

Las dos principales coaliciones políticas se han visto obligadas a modificar sus estrategias electorales. El derrumbe de la imagen presidencial de Alberto Fernández (producto de la acumulación de errores no forzados) llevó al FdT a endurecer sus intervenciones de campaña, dejando de lado la orientación al centro señalada por Cristina Fernández, mientras que la emergencia de una derecha ultraliberal con rasgos facistoides trajo a escena nuevamente a Mauricio Macril y debilitó la estrategia no confrontacionista de H. Larreta y M. E. Vidal. En ambos casos buscan fortalecer sus núcleos duros para evitar fuga de votos, sea por desilusión ante una gestión oficialista que no los conforma o a favor de una derecha más a derecha que la propia oposición.

A pesar de ser una elección legislativa, las futuras presidenciales están presentes. ¿Quién resultará ganador en la suma total de votos? Si lo es el FdT se fortalecerá Alberto Fernández y su posible reelección; por el contrario, si resulta perdidoso, se avecinan cambios ministeriales con fuerte presencia kirchnerista y la posibilidad de una segunda vuelta (de incierto resultado) se perfila en el horizonte 2023.

Espacios para la izquierda

En estos años la izquierda anticapitalista en sus diversas vertientes, pero particularmente el FIT-U, ha ganado visibilidad pública y presencia nacional. Estas elecciones de medio camino le permiten intervenir en la crisis política actual con autoridad propositiva.

La deuda, que el gobierno ha denunciado como fraudulenta pero la legitimará con el acuerdo que firmará con el FMI y que será una hipoteca para esta y las próximas generaciones, es el tema central. La izquierda siempre ha levantado el carácter ilegítimo y odioso de la misma y tiene la autoridad de haber bregado por el no pago o la suspensión y su investigación. Adicionalmente el tema de la reprivatización de la vía navegable (hidrovía) facilita un frente de acción común con diversos sectores opuestos a la misma. La izquierda es coherente aquí, con la carga de la deuda y la reprivatización del Paraná no habrá soberanía de ningún tipo.

La profundidad de la crisis favorece una intervención crítica del sistema, mostrando cómo la lógica de la acumulación es la que impide resolver los problemas que el propio capital provoca. Frente a la pobreza, la desocupación y la exclusión social, las propuestas de la izquierda de recomposición de los salarios e ingresos populares, de reducción de la jornada y reparto del trabajo existente y de un salario universal que satisfaga las necesidades de los más necesitados son perfectamente comprensibles.

Más allá de lo electoral será en las calles y con la movilización popular, hoy mayoritariamente subordinada a las necesidades del gobierno, que será posible hacer realidad estas reivindicaciones inmediatas. De ahí las importancia de complementarlas reforzando un bancada de izquierda anticapitalista en el parlamento.

Para este columnista un voto a izquierda en esta coyuntura puede ser un avance en una perspectiva de futuro diferente de la mediocridad actual.

Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).





Fuente: Anred.org