January 27, 2022
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El pasado diciembre, Fernández Mañueco, presidente de la Junta de Castilla y León, rompía su gobierno de coalición con Ciudadanos, anticipando las elecciones autonómicas, previstas para 2023,  para el 13 de febrero de este mismo año. Las intenciones de Mañueco se vislumbraban desde hace meses, dada su creciente debilidad parlamentaria tras la moción de censura presentada contra su gobierno en marzo de 2021. Sin embargo, este movimiento no puede ser entendido unicamente en clave autonómica. Forma parte de una estrategia nacional para acabar de enterrar a Ciudadanos, sin honores por los servicios prestados al Partido Popular, y despejar el camino de Pablo Casado hacia La Moncloa, de la mano de la formación ultraderechista Vox. Así, el Partido Popular pretende llegar a las elecciones generales de 2023 con solo dos partidos en el espacio político de la derecha y con el impulso otorgado por recientes victorias en Madrid, Castilla y León y Andalucía.

La precampaña ya ha comenzado, con la difusión intencionada de bulos por parte de Mañueco o sus defensas del concepto ayusiano de libertad, unido a la no implantación de ninguna medida para intentar suavizar el avance de la sexta ola del Covid. Resulta curioso que el presidente que mantuvo durante semanas un toque de queda a las ocho de la tarde, declarado inconstitucional por el Tribunal Supremo, se dedique a emular ahora a la presidenta madrileña, denostando una clara falta de perfil político propio.

Pero más allá de las ocurrencias grandilocuentes del señor Mañueco, la situación económica y social en Castilla y León no ha mejorado en absoluto en estos dos años de legislatura, sumándose así a los treinta y dos años de desgobierno del Partido Popular.   La situación demográfica de la comunidad es dramática, con varias de nuestras provincias encabezando los rankings nacionales de pérdida de población. Los años de desgobierno e inoperancia del Partido Popular tambien nos han otorgado el privilegio de liderar el ranking nacional de saldo vegetativo negativo (diferencia entre nacimientos y defunciones) y de ser la comunidad con mayor porcentaje de jóvenes autóctonos que se ven obligados a vivir fuera de Castilla y León, ante la falta de oportunidades laborales.  Como marca propia, este gobierno ha incrementado sus ataques contra la sanidad pública rural, pretendiendo el cierre de consultorios médicos bajo la falaz argumentación de la rentabilidad económica.

Ante esta situación, se hace más evidente que nunca la necesidad de articular un proyecto alternativo de comunidad desde la izquierda transformadora. Sin embargo, la situación se antoja complicada. A la histórica debilidad del espacio político transformador en Castilla y León, como puede observarse en los resultados electorales obtenidos por PCE-IU/ Podemos que se visualizan el Gráfico 1, se une el auge considerable de la desafección política y la desmovilización, cada vez más evidente, de los votantes progresistas[1].

Gráfico 1. Número de procuradores obtenidos por la izquierda transformadora.

Fuente: Junta de Castilla y León.

Sin embargo, hay algunas razones que nos permiten mantener un cierto optimismo. La primera de ellas es que, por primera vez desde el año 2015, unicamente se presentará una candidatura en el espacio de la izquierda transformadora. Esto implica una reducción de los efectos perniciosos, psicológicos y mecánicos, del sistema electoral a nuestro espacio político. Dejando de lado los efectos psicológicos, es relevante destacar que, en el año 2019, Podemos obtuvo dos escaños, por León y por Burgos, quedándose a escasos 3.000 votos de obtener el escaño por Valladolid, donde obtuvo cerca de 14.000 votos. Izquierda Unida, por su parte, perdió su representación parlamentaria, y obtuvo casi 12.000 votos en esta provincia. Esta situación debería hacernos reflexionar sobre la importancia de la unidad pues, aun suponiendo una penalización de un sector de votantes descontentos con la coalición, es verosímil pensar que una candidatura conjunta hubiese obtenido los tres diputados y, con un 5% de voto regional, grupo parlamentario propio en las Cortes.

Otra razón para el combate del desánimo es la creciente visibilidad de nuestro espacio político nacional, encarnado en la figura de Yolanda Díaz. Su labor y solvencia al frente del Ministerio de Trabajo, realizando políticas en favor de la mayoría social como la reforma laboral, aportan empuje a nuestro espacio. Conviene recordar que los mejores resultados obtenidos por la izquierda transformadora en Castilla y León provienen de la influencia del clima político estatal: en 1995 bajo la dirección de Julio Anguita y en 2015 con la ruptura del sistema de partidos. Resulta evidente que estas elecciones son excesivamente prematuras para el proyecto transformador encarnado en Yolanda Díaz; sin embargo, su alta valoración social, fruto de su trabajo político al frente del Ministerio de Trabajo, debe hacernos reflexionar sobre las demandas de la ciudadanía progresista.

El tercer e inesperado motivo que nos permite mantener cierto optimismo ha sido la oportunidad de la izquierda transformadora para situarse en el centro del tablero con la polémica de las macrogranjas. La difusión del bulo contra Alberto Garzón por parte de Fernández Mañueco y la posición tibia y cómplice del Partido Socialista ha otorgado a Unidas Podemos iniciativa y perfil propio, contraponiéndose al modelo de Comunidad del Partido Popular. Si bien esta polémica previsiblemente pasará, ha servido para empezar la precampaña visibilizando la propuesta transformadora para Castilla y León.

Un proyecto para Castilla y León

Intentar aportar ideas para vertebrar una estrategia, de cara a las elecciones autonómicas, que visibilice nuestra propuesta para Castilla y León no resulta sencillo. Las líneas que siguen no pretenden constituirse como un corpus robusto y exhaustivo, sino simplemente aportar algunas claves que deberían ser tenidas en cuenta, al menos en el debate de ideas.

La primera cuestión, aunque pueda ser acusada de obvia, es la necesidad de conocer la realidad de Castilla y León y su heterogeneidad social y económica, que poco se parece a cómo se la retrata en el debate político reciente. Prueba icónica de este desnortamiento se observa en cómo se engalanan los señoritos de Vox para visitar capitales de provincia que poco tienen que ver con el mundo rural que creen estar visitando. Así, aunque los debates en las televisiones nacionales parezcan centrarse en las problemáticas, evidentemente relevantes, del mundo rural, no hay que olvidar que la población castellanoleonesa es eminentemente urbana, residente en las capitales de provincia, u otras ciudades, y en municipios aglutinados alrededor de estas[2]. En este sentido, conviene recordar que el grueso electoral del espacio de Unidas Podemos se encuentra en las áreas urbanas de la comunidad: capitales de provincia y municipios aledaños y ciudades como Aranda de Duero, Miranda de Ebro o Ponferrada, entre otras. Concretamente, en los barrios de tradición obrera, como Gamonal en Burgos, Palomera en León o Delicias en Valladolid.

Por ello, conviene huir de generalizaciones y retratos de una comunidad que no existe. Castilla y León es una comunidad diversa; ni siquiera una problemática tan común a toda la comunidad, como la pérdida de población, se presenta del mismo modo. No es igual la pérdida de población joven que sufren algunas capitales de provincia, dada la incapacidad de absorción del mercado laboral, que la que sufren comarcas castellanas fruto del proceso de desagrarización iniciado hace más de un siglo, que la que sufren en las comarcas mineras de León, fruto del reciente cierre de la minería. Lo que tienen en común es la centralidad del trabajo en la problemática, eje sobre el que la izquierda transformadora debería vertebrar su propuesta política. Un apunte importante antes de seguir es que, en estas elecciones, es probable que veamos un resurgir del leonesismo político, no vinculado a las plataformas de la España Vaciada, como respuesta al proceso de desindustrialización que lleva azotando a la provincia de León en las últimas décadas.

En definitiva, el proyecto transformador debería huir de generalizaciones analíticas y respuestas políticas basadas en la grandilocuencia como el típico cambio por el cambio. Los mensajes deben bajarse a la realidad concreta, estudiada en profundidad, y girar en torno a las preocupaciones reales y cotidianas de la ciudadanía castellanoleonesa. Esto no quiere decir que el mensaje deba ser una concatenación de propuestas pues, de hecho, hay elementos que permiten construir una línea discursiva en base a las preocupaciones de la ciudadanía progresista de Castilla y León. En el Gráfico 2 se pueden observar una recodificación del principal problema de la comunidad para la ciudadanía progresista.

Gráfico 2. Principal problema de los ciudadanos de izquierdas en CyL.

Fuente: Barómetro SOCYL. 2020.

El principal problema de Castilla y León para las personas situadas en la izquierda es el mercado laboral y la precariedad, seguido de la preocupación por la situación demográfica. Estos elementos deben constituirse como los ejes sobre los que pivote el discurso político de la izquierda transformadora para Castilla y León junto a la defensa de los servicios públicos como las infraestructuras, la sanidad o la educación pública.  Este discurso debe construirse de tal manera que no sea concebible que se hable de un eje independiente de los otros dos ejes, pues no se pueden entender los unos sin los otros. Precisamente ahí radica la diferencia del proyecto de futuro que se propone desde la izquierda transformadora con la propuesta de las plataformas de la España Vaciada. Hablar de la situación demográfica aislándola de la situación del mercado de trabajo y de la necesidad de su transformación, en el que las instituciones públicas deben jugar un papel destacado, no es más que vender humo. Esto explica que los profesionales de esta materia, huyendo de un barco que se hunde, hayan copado las listas de estas plataformas.

Castilla y León tiene muchos problemas tras décadas de mala gestión. Conviene combatir el desánimo y la resignación, y hacer ver que la situación es reversible. Para ello no vale el cambio por el cambio que propone el Partido Socialista, ni engañar a la ciudadanía. Los problemas arrastrados durante décadas no se solucionarían en una legislatura ni obteniendo la mayoría absoluta, pero la voluntad política es condición sine qua non.

La izquierda transformadora debe aportar soluciones concretas a los problemas de la comunidad. Desde dar respuesta a los problemas de la sanidad pública, como la intencionalidad de cierre de los consultorios rurales o que haya provincias sin servicio de radioterapia para pacientes oncológicos, hasta los problemas de acceso a los cajeros en amplias zonas de la región. Mención especial se merece el debate acerca de la movilidad en la comunidad autónoma más extensa de España. La penosa situación de parte de las carreteras autonómicas, unida a la mala comunicación del transporte público en diversas zonas, nos debe obligar a repensar cuál debe ser el modelo de movilidad en la región. Sin embargo, probablemente el reto más grande al que nos enfrentemos sea la transformación del modelo económico y laboral que posibilite el desarrollo de una vida plena dentro de Castilla y León, sin tener que emigrar a otras comunidades. Para esta transformación, el papel activo de las instituciones públicas será fundamental, avanzando hacia una política de reindustrialización de la comunidad que aporte empleo de calidad, de forma sostenible, y que no se guíe únicamente por la satisfacción de los intereses privados de los de siempre.

En definitiva, e independientemente de los resultados electorales, las elecciones en Castilla y León son una oportunidad para hacer ver la existencia de dos proyectos antagónicos para Castilla y León. De un lado, el modelo conservador y neoliberal que representa el Partido Popular, que lleva treinta años sin aportar soluciones a los problemas de la comunidad, condenando a la precariedad y la emigración a los jóvenes castellanoleoneses. Por otro lado, el modelo del espacio político transformador, encarnado en la marca de Unidas Podemos, que ha demostrado no solo voluntad política, sino tambien solvencia y capacidad de gestión en los municipios donde gobierna o cogobierna, como Zamora, Valladolid, Segovia o Astorga, entre muchos otros.

Durante la campaña, conviene remarcar las diferencias con el proyecto del Partido Socialista para intentar dinamitar la dinámica del voto útil que tanto daño nos ocasiona. Al fin y al cabo, no hay utilidad sin proyecto político y el Partido Socialista tristemente se ha escudado en un posicionamiento cobarde para no molestar a los grandes poderes económicos con intereses en Castilla y León. Prueba de ello, ha sido su tibio y cómplice posicionamiento respecto al bulo de las macrogranjas. Frente a la tibieza, la posición política de la izquierda transformadora siempre ha sido y será clara: defender los intereses de los trabajadores castellanoleoneses frente a los grandes poderes económicos a los que solo les importa engrosar sus beneficios, sean macrogranjas, constructoras o casas de apuestas, que hacen negocio con los problemas sociales que tienen nuestros barrios.

En suma, nuestro proyecto tiene que ver con construir una Castilla y León con futuro, en la que los jóvenes no nos veamos obligados a emigrar de nuestra región hacia otras zonas de España, o del extranjero, ante la falta de oportunidades laborales y vitales en la comunidad. En este sentido, no es casualidad que la juventud se haya constituido como el activo electoral más importante de nuestro espacio político.

Gráfico 3. Probabilidad predicha de voto a IU + Podemos en función de la edad.

Fuente: CIS. Barómetro autonómico preelectoral de 2019.

Pero más allá de la importancia de la juventud en la base electoral del espacio transformador, los jóvenes castellanoleoneses son (somos) el futuro de la comunidad. Sumarlos para construir una Castilla y León en la que podamos desarrollar nuestros proyectos vitales debe ser una prioridad. Debemos construir una Castilla y León para sus ciudadanos, en la que merezca la pena y se pueda vivir. No nos resignemos y perdamos el sueño de poder desarrollar nuestra vida en la comunidad. Trabajemos para transformar Castilla y León en una comunidad con futuro.

Trabajemos por el derecho a quedarnos; trabajemos por el derecho a volver.

Víctor Gago Rivas (@Victor_GR) es sociólogo por la Universidad de Salamanca, con máster en análisis político y electoral por la Universidad Carlos III de Madrid.

Notas

[1] Bayón, Eduardo. (21 de enero de 2022). Desmovilización en la izquierda en el nuevo ciclo electoral. Publico. Recuperado de: https://blogs.publico.es/otrasmiradas/55947/desmovilizacion-en-la-izquierda-en-el-nuevo-ciclo-electoral/

[2] Ojeda, Darío; Zuil, Maria y Márquez, Rocío. (15 de enero de 2022). Las dos caras de Castilla y León: mucho pueblo, pero una población más urbana que rural. El Confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/espana/2022-01-15/castilla-leon-poblacion-economia-agricultura-industria_3358317/

Fotografía de Dani Gago.




Fuente: La-u.org