April 26, 2021
De parte de La Haine
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La clase dominante, que no se ensucia las manos trabajando, tampoco quiere ensuciarlas con la violencia institucional y paga mercenarios para que repriman en su nombre

Este texto es producto del intercambio de ideas en la 鈥淐oordinadora Oeste contra toda la LUC鈥 y en la Mesa de Radio Activa. No existe mejor inspiraci贸n que los colectivos de compa帽eres.

En memoria de Ra煤l Sendic (1925-16 de marzo-2021)

Estado, orden jur铆dico y poder pol铆tico鈥iferentes t茅rminos que se usan en ciencia pol铆tica y filosof铆a del derecho, pero que, en realidad, describen el mismo fen贸meno: el dominio de una clase social sobre las otras. Una clase que coacciona y reprime, en diferentes formas, a miles de familias confinadas en los campos de concentraci贸n de la periferia urbana; una clase que, para multiplicar su capital, impone su ley y su orden a las centenas de miles que ven esfumarse el poder adquisitivo de sus ingresos. Lo brutal de esa forma de vida vuelve muy necesaria la lucha para ponerle fin, es el fondo ideol贸gico de cada conflicto concreto, la urgencia por liberarse del espanto.

La clase dominante, que no se ensucia las manos trabajando, tampoco quiere ensuciarlas con la violencia institucional y paga mercenarios para que repriman y coaccionen en su nombre. Les pagan para que disparen 鈥渕unici贸n no letal鈥 (隆vaya eufemismo!) a manifestaciones pac铆ficas, al estilo carabineros de Chile. Para que fabriquen 鈥渇alsos positivos鈥 todos los d铆as, imitando a vuestros colegas colombianos. Para que desalojen familias que no tienen otra salida que ocupar terrenos para vivir en casillas miserables. Son la fuerza de tareas de los due帽os de todo. En la disyuntiva 鈥渃on el pueblo o contra el pueblo鈥, se colocan fuera de la ley natural, esa que garantiza el derecho a la rebeli贸n contra las tiran铆as, inclusive la del capital.

Si quieren ser abrazados por el movimiento popular, los mercenarios deber谩n pronunciarse por Verdad y Justicia y repudiar expl铆citamente los cr铆menes y los criminales de terrorismo de Estado. Deber谩n asumir el compromiso de aportar informaci贸n sobre los desaparecidos, asesinados y torturados por la polic铆a entre 1969 y 1985. Es m谩s, le deben al pueblo explicaciones sobre los asesinatos en 鈥渄emocracia鈥 de Guillermo Machado (1989), Fernando Morroni y Roberto Facal en Jacinto Vera (1994). Si quieren pertenecer al pueblo deber谩n saldar la deuda moral que contrajeron al ser miembros del aparato represivo. En definitiva, deben definirse de qu茅 lado est谩n.

No parece que la mejor ayuda haya sido consentirlos como a ni帽os mimosos y facilitarles gratuitamente el orgullo de integrar el PITCNT, donde participan los trabajadores que ustedes reprimen. Al no exigirles respuestas trascendentales, el movimiento sindical se hizo eco de la aventura ideol贸gica de 鈥渂lanqueo鈥 de la polic铆a, del olvido y perd贸n a su participaci贸n en el terrorismo de Estado (1968-1985). Los mismos c谩nticos de sirena que se entonaron en febrero de 1973 y, atenuados, sonaron luego de la Masacre de Jacinto Vera (1994).

Un buen comienzo para ese necesario proceso de definiciones ha sido la suspensi贸n del sindicato policial por la Mesa Representativa. El esc谩ndalo que se arm贸 en el mundillo partidario y los medios de comunicaci贸n est谩 obligando a tomar posici贸n. Todas y todos, uniformados o sin uniforme, sienten necesidad de pensar sobre el rol de la polic铆a en una sociedad de clases.

Los mercenarios tienen todo el derecho del mundo a organizarse en sindicatos para acordar con el Estado mejores salarios y condiciones de 鈥渢rabajo鈥. Hasta pueden formar sus propias centrales amarillas con soldados y bomberos. En cambio, los sindicatos clasistas no tienen por qu茅 convivir con el brazo armado de la clase dominante. La Convenci贸n fue creada en los 鈥60 para luchar por un mundo sin explotados ni explotadores y鈥β÷÷in Estado!!! Para integrar las filas del PITCNT, los mercenarios deben definir el lado del que est谩n.

Obedecer sin pensar es la consigna de los mercenarios. No parece que posean condiciones para cuestionarse por s铆 solos las implicancias de asumir el papel de represor en la sociedad de clases. Por el contrario, lo m谩s probable es que, por inercia, comodidad o pereza, contin煤en haciendo lo que siempre hicieron, saben hacer y volver谩n a hacerlo. La disciplina de los mercenarios es con sus mandos, no responden al movimiento obrero organizado en la Convenci贸n. Hasta es posible que operen como una quinta columna que esp铆a y pasa informaci贸n en democracia.

La historia muestra que las situaciones traum谩ticas, sin salida, estimulan las neuronas de los mercenarios鈥 驴ser谩 preciso encerrarlos con un corral de pueblo indignado e insumiso, movilizado, pac铆ficamente o no, que les exija apuntar las armas hacia la cumbre de la pir谩mide? La compulsi贸n popular organizada parece ser el 煤nico modo de aclarar el entendimiento de los mercenarios. La presi贸n desde abajo los ayuda a cobrar consciencia y a librarse de la sodom铆a a que se dejan someter cada d铆a.

La creaci贸n de la CNT fue enriquecida con el modo de pensar del inolvidable H茅ctor Rodr铆guez. Sosten铆a que la unidad del movimiento obrero permitir铆a superar las formas de lucha por centro o por rama de trabajo. Avanzar como un todo y no en parcialidades separadas. Sent铆a que la unidad era estrat茅gica para luchar por la transformaci贸n revolucionaria de la sociedad de clases, que iba m谩s all谩, mucho m谩s all谩, de las peque帽as batallitas. Culminar el plan de lucha en una huelga general por tiempo indeterminado, dec铆a H茅ctor, es la forma de cuestionar la dominaci贸n de los due帽os del Uruguay.

Es el legado que se recibe de la Tendencia Sindical de los 鈥60, el que, con diferencias de enfoque, pero con el acuerdo en la intenci贸n revolucionaria, reanimaron los sectores que propiciaron la suspensi贸n de la quinta columna mercenaria. La tendencia combativa, liderada por H茅ctor, Le贸n Duarte, Eduardo Gallo y otros grandes dirigentes, debi贸 hacer frente a otra corriente de pensamiento, la que postulaba eludir la confrontaci贸n directa y global con patronales y gobierno, para encontrar una 鈥渟alida pol铆tica鈥 a la grave situaci贸n creada por el pachecato. El prop贸sito era salir del conflicto de clases mediante un pacto social y pol铆tico.

En las elecciones de 1971, la gambeta ideol贸gica a la inevitable confrontaci贸n se tradujo como opci贸n por la lucha parlamentaria para los cambios, estrategia que puso un freno al per铆odo de ascenso de la lucha popular que se hab铆a iniciado en 1968 y que, sin dudas, impuls贸 el levantamiento antes de tiempo de la Huelga General de 1973. Al parecer, sus herederos siguen apostando al parlamentarismo y a desincentivar el esp铆ritu rebelde y combativo, seguros de que la conciliaci贸n con el capital es la alternativa.

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Fuente: Lahaine.org