April 16, 2021
De parte de Arrezafe
339 puntos de vista


 

Capitulo extra铆do del
libro “M谩s patriotas que nadie” (2004), de Michael
Parenti
.

Apoyar a nuestras
tropas (recortar sus prestaciones)

Siendo tan superpatriotas
como son, los plut贸cratas equiparan el servicio militar con el
verdadero patriotismo. Pero mientras colman de alabanzas a quienes
“sirven a su pa铆s”, ellos mismos raramente se alistan. Los
hombres y mujeres que s铆 lo hacen proceden en su mayor铆a de
familias de clase media y baja. A menudo son j贸venes que tienen
problemas para encontrar trabajo o no pueden acceder a la educaci贸n
superior. Los graduados de Yale, Harvard y Princeton raramente se
alistan en los marines. Van a la escuela de leyes, a Wall Street, a
los negocios familiares o a su diversi贸n favorita. Corno ejemplos
significativos tenemos a los halcones-gallina, denominaci贸n
que se aplica a los l铆deres privilegiados que pregonan con
virulencia la guerra
, pero que se evaden tenazmente del servicio
militar.

En lo alto de la lista de
los
halcones-gallina est谩 el presidente George W. Bush. En su
juventud consigui贸 el ingreso en la Universidad de Yale, m谩s por su
familia que por sus calificaciones. M谩s tarde, intentando evadirse
del reclutamiento, fue admitido en la Guardia Nacional A茅rea de
Texas, a pesar de sus bajos resultados en la prueba de aptitud para
piloto. Como 茅l mismo explic贸 sin 谩nimo apolog茅tico:
“No
estaba preparado para que una bomba me perforara un t铆mpano y as铆
obtener una pr贸rroga. Ni tampoco quer铆a ir a Canad谩. As铆 que
decid铆 que lo mejor para m铆 era aprender a pilotar aviones”
.[1]

Bush fue aceptado en la
Guardia Nacional por encima de cientos de otros solicitantes que
esperaban turno para librarse de Vietnam. Su unidad, el 147掳 Grupo de
Combate, era conocido con el mote de “Unidad Champagne” por
estar formada por tantos hijos de familias privilegiadas de Texas.
C贸mo salt贸 hasta la cabeza de esa lista es toda una historia en s铆
misma. Un rico hombre de negocios de Houston y viejo amigo de la
familia Bush contact贸 con Ben Barnes, por entonces portavoz de la
Casa de Texas, y le pidi贸 que ayudara a George W a entrar en la
Guardia Nacional. S贸lo cuando se le pregunt贸 bajo juramento, Barnes
admiti贸 que hab铆a hablado con la Guardia Nacional A茅rea de Texas
en favor de Bush.[2]

Los informes de n贸mina
de Bush muestran que dej贸 de cumplir su deber entre mayo de 1972 y
mayo de 1973. No se present贸 a un examen f铆sico obligatorio para
volar en 1972 y por tanto fue suspendido para hacerlo, una acci贸n
que deber铆a haber estado sujeta a alguna investigaci贸n, pero que no
lo estuvo. En febrero de 2004 la Casa Blanca liber贸 algunos
documentos que supon铆an la prueba de que Bush hab铆a destacado por
cumplir su deber en 1972 con el 187潞 Grupo de Combate de Alabama (al
cual fue transferido para poder trabajar en una campa帽a pol铆tica).
Pero los funcionarios de la Casa Blanca no supieron decir qu茅 deber
hab铆a cumplido (ni tampoco Bush) y nadie del 187潞 recordaba haber
estado con 茅l. Sus jefes dijeron que no apareci贸 en las bases de
Texas y Alabama donde hab铆a sido asignado durante ese per铆odo de
1972-73.[3]

En vez de ser perseguido
por desertor, Bush fue recompensado con una licencia con honores ocho
meses antes de lo previsto para poder asistir a la Escuela de
Negocios de Harvard. Los archivos militares de Bush deber铆an haber
contenido documentos que explicaran por qu茅 se le hab铆a permitido
marchar antes de que terminara su plazo de alistamiento, pero no se
dio ninguna explicaci贸n al respecto. Parece que el superpatriota
presidencial recibi贸 trato de favor para entrar en la Guardia
Nacional y volvi贸 a recibirlo para salir de ella.

Despu茅s est谩 el
vicepresidente Dick Cheney, que explic贸 por qu茅 no sirvi贸 en el
ej茅rcito durante la guerra de Vietnam:
“Ten铆a otras
prioridades durante los a帽os 60 antes que el servicio militar”
.
Cheney obtuvo pr贸rrogas como estudiante. Despu茅s de graduarse evit贸
el reclutamiento cas谩ndose. Pero en 1964 el gobierno anunci贸 que
los hombres casados tambi茅n ser铆an alistados, a menos que fueran
padres. Nueve meses y dos d铆as despu茅s de ese anuncio, en un acto
de planificaci贸n soberbio, los Cheney ten铆an su primer hijo.

Otros superpatriotas de
alto rango de la administraci贸n Bush que evitaron el reclutamiento
son Karl Rove, Richard Perle, Paul Wolfowitz, John Ashcroft, Elliot
Abrams John Bolton, Douglas Feith y Andrew Card, as铆 como los
l铆deres republicanos del Congreso Trent Lott, Dennis Hastert, Dick
Armey y Tom DeLay, y no debemos olvidar a los halcones de derechas de
los medios como George Hill, William Bristol y Rush Limbaugh.[4]
DeLay supuestamente dijo que se hubiera alistado, pero que todos los
puestos de reclutamiento de su 谩rea estaban copados por negros. Y
Limbaugh. el reaccionario rabioso de los medios obtuvo una pr贸rroga
m茅dica a causa de su “fistula anal”, una dolencia que
normalmente responde al tratamiento, pero que demostr贸 ser incurable
durante toda la duraci贸n de la guerra de Vietnam.

A nadie se le pide haber
servido en el ej茅rcito para poder desarrollar la pol铆tica
gubernamental. Ciertamente, el principio civil est谩 por encima del
militar en nuestra Constituci贸n. Lo que es censurable respecto a los
halcones-gallina superpatriotas no es su carencia de
experiencia de combate como tal, sino la disparidad hip贸crita entre
su patriotera defensa de la guerra y su tenaz forma de evitar el
reclutamiento. Defienden las guerras con el coraz贸n y la mente, pero
no con el cuerpo. Escapan al reclutamiento por medio de pr贸rrogas,
informes m茅dicos dudosos e influencias familiares.

A帽os despu茅s de
Vietnam, ahora ocupando cargos p煤blicos prominentes, estos mismos
halcones-gallina surgen de nuevo pidiendo sangre, esta vez
teniendo como objetivo lraq. Una vez m谩s est谩n dispuestos a enviar
a los hijos de otras familias al combate, pero no a los suyos.
Equiparan el militarismo con el patriotismo y piden sacrificio y
devoci贸n a la bandera. Sin embargo, su 煤nico sacrificio consiste en
llevar una insignia con la bandera de los Estados Unidos en la solapa
de su chaqueta.

Si el patriotismo
significa apoyar a nuestras tropas, nadie es menos patriota que la
plutocracia dirigente. En 2003-2004 cientos de soldados americanos
que hab铆an sido heridos en lraq fueron depositados durante meses en
lugares como Fort Stewart, Georgia, en unos barracones sucios y
abarrotados en espera de tratamiento m茅dico. Ten铆an que arrastrarse
por la arena para usar el cuarto de ba帽o y pagar por su papel
higi茅nico. S贸lo despu茅s de las protestas del Senado la Casa Blanca
dej贸 de cobrar a los soldados heridos 8,10 d贸lares diarios por su
comida en el hospital.[5]

Muchos malheridos dijeron
que hab铆an visto su paga y sus beneficios sanitarios severamente
reducidos ahora que ya no pod铆an prestar servicio activo. M谩s de
200.000 veteranos de guerras anteriores tuvieron que esperar seis
meses o m谩s para pasar a la Administraci贸n de Veteranos. Miles de
ellos hab铆an esperado incluso a帽os para obtener una plaza en los
hospitales abarrotados y recibir asistencia a su discapacidad, a
menudo siendo incapaces de pagar sus propios gastos de subsistencia
en la vida civil.[6] No es sorprendente que una gran proporci贸n de
las personas sin hogar sean veteranos de guerras pasadas, algunos con
enfermedades mentales y f铆sicas sin tratar.

En febrero de 2002. al
mismo tiempo que se estaban enviando miles de soldados a luchar en
Afganist谩n, Bush hijo propuso triplicar el precio de las medicinas a
los veteranos necesitados. En 2003 su administraci贸n anunci贸 que
cortaba el acceso al sistema de atenci贸n sanitaria aproximadamente a
164.000 veteranos, reduciendo el fondo militar para ayudas sanitarias
y de vivienda en l.500 millones de d贸lares. Tambi茅n en 2003,
mientras colmaba de alabanzas a los hombres y mujeres que hac铆an el
servicio militar, Bush rechaz贸 una petici贸n relativamente modesta
del Congreso de 275 millones de d贸lares para cubrir las necesidades
sanitarias de los veteranos. En su presupuesto para 2004 redujo en
2.000 millones los fondos ya insuficientes para los veteranos. La
administraci贸n Bush incluso orden贸 a los funcionarios que dejaran
de hacer publicidad sobre los beneficios disponibles para los
veteranos. Mientras alababa a la Guardia Nacional y a los reservistas
por servir en Iraq, Bush se opuso a permitirles el acceso al sistema
sanitario del Pent谩gono. Su administraci贸n tambi茅n anunci贸 su
plan para reducir las primas mensuales de peligrosidad (de 225 a 150
d贸lares) y las primas por separaci贸n de la familia (de 250 a 100) a
las tropas estacionadas en las zonas de combate.[7]

Hay otras formas extra帽as
con las que la plutocracia apoya a nuestras tropas. Con prop贸sitos
experimentales el gobierno ha expuesto repetidamente a personal
militar a sustancias t贸xicas peligrosas. De 1962 a 1973 el Pent谩gono
utiliz贸 agentes qu铆micos y biol贸gicos potencialmente da帽inos en
cincuenta pruebas secretas en las que estaban envueltos miles de
soldados inconscientes del hecho, algo que no se conoci贸 hasta
2002.[8] Adem谩s miles de soldados ”conejillos de indias”
estuvieron sujetos a pruebas at贸micas despu茅s de la Segunda Guerra
Mundial, decenas de miles fueron expuestos al Agente Naranja durante
la Guerra de Vietnam y muchos m谩s contaminados con uranio
empobrecido (DU) durante la Guerra del Golfo en 1991. El Pent谩gono
nunca avis贸 a las tropas sobre el DU y durante a帽os los
funcionarios negaron que existiera ese problema. Unos 183.000
veteranos del Golfo padecieron enfermedades y desarreglos, quej谩ndose
de dolor de articulaciones, problemas de memoria, n谩useas, etc. Casi
10.000 han muerto prematuramente. Muchos miembros de sus familias
tambi茅n han enfermado y un n煤mero desproporcionado de hijos de
veteranos del Golfo han nacido con defectos de nacimiento.

Las poblaciones de
Indochina, Yugoslavia, Iraq, Colombia y otros lugares que han sido
expuestos al DU, al Agente Naranja o a otras sustancias t贸xicas, han
sufrido sus efectos en n煤meros superiores a los del personal militar
americano, pero esos extranjeros no entran en la ecuaci贸n del
superpatriotismo, excepto como objetivos indefensos.

Una de las cosas de la
guerra que les gusta a los plut贸cratas es su elevado coste
financiero. Cuanto m谩s dinero se gasta de los ciudadanos que pagan
impuestos en contratos de guerra, m谩s grandes son los beneficios.
Muchos suministros y servicios, incluidos los relativos a la comida y
al albergue, que tradicionalmente prestaban los soldados, se han
entregado en manos de contratistas privados tales como Kellogg Brown
y Root, una subsidiaria de Halliburton. El resultado es que las
tropas estadounidenses en Iraq soportaron meses de condiciones pobres
de alojamiento, de comida imposible de digerir y de equipamiento de
baja calidad. Algunos de los contratistas privados han fallado
incluso en presentarse a causa de los peligros que representaba la
resistencia armada iraqu铆.[9]

En 2003, un informe de la
Oficina de Presupuestos del Congreso revel贸 que s贸lo unos 2.500
millones de d贸lares de los 4.000 millones de gasto mensual en la
Guerra de Iraq pod铆an ser contabilizados por el Pent谩gono. Mientras
tanto el Pent谩gono elimin贸 a las compa帽铆as francesas, alemanas y
rusas para poder competir en los multimillonarios contratos para la
reconstrucci贸n de Iraq. Toda esa reconstrucci贸n, as铆 como el
negocio de la extracci贸n de petr贸leo se le dio a Halliburton,
Bechtel y otras setenta firmas americanas, generalmente a precios
nada competitivos fijados por ellas mismas.[10]

En 2003, la
administraci贸n Bush impidi贸 a un grupo de veteranos americanos 鈥搎ue
hab铆an sido torturados en las prisiones iraqu铆es durante la Guerra
del Golfo de 1991鈥 beneficiarse de una parte de los cientos de
millones de d贸lares en dep贸sitos iraqu铆es retenidos que un
tribunal federal les hab铆a adjudicado. Los abogados de la
administraci贸n argumentaron que esos dep贸sitos tendr铆an un destino
mejor en los contratos de reconstrucci贸n de Iraq. “No hay
dinero que realmente pueda recompensar el sufrimiento que
padecieron”, dijo un portavoz de la Casa Blanca.[11] Y por eso
no se les asign贸 dinero alguno.

Cuando las bajas
americanas empezaron a hacerse numerosas en lraq, el presidente Bush
se encogi贸 de hombros ante sus afligidas familias. Por primera vez
en la historia de los Estados Unidos los americanos muertos fueron
tra铆dos a casa en secreto. Bush no asisti贸 a sus funerales
militares o actos en su memoria como hab铆an hecho los presidentes
previos. El Pent谩gono notific贸 a todos los medios de noticias que
no se permitir铆a ninguna cobertura televisiva o fotogr谩fica de los
ata煤des volviendo a la base de la fuerza a茅rea de Dover. El mando
militar explic贸 que eso era para 鈥渞espetar la privacidad de las
familias”. Realmente, sin fotograf铆as de los ata煤des envueltos
en banderas la gente estaba menos predispuesta a pensar en ellos.
Incluso el t茅rmino “envoltorios de cuerpos” se dej贸 de
usar. Los finos artistas del Pent谩gono ahora se refer铆an a los
pl谩sticos que envolv铆an los cad谩veres de los soldados llam谩ndoles
“tubos de transporte”.

As铆 volvemos a la
cuesti贸n planteada en el cap铆tulo anterior: 驴Son patriotas
nuestros dirigentes plut贸cratas; Bien, s铆, lo son, pero s贸lo
cuando sirve a sus prop贸sitos y cuando a ellos no les cuesta nada.
Son patriotas en el sentido hueco y abstracto de la palabra, un
patriotismo vac铆o de contenido, un patriotismo de muestras
ostentosas y palabras, palabras, palabras. Puede que amen a su pa铆s,
pero no a la gente que vive en 茅l, no a los que pagan impuestos, no
a los votantes, y ciertamente no a los desgraciados que env铆an a
luchar en sus guerras.

NOTAS

1. Citado en
Nation, 14 de noviembre 2011).

2. New York
Times
. 15 de febrero 201H.

3. Los Angeles
Times
, 11 de febrero 2il1H; Boston Globe. 10 de
febrero 2004; New York Times, 13 de febrero 2004; tambi茅n
sobre los principios de la carrera de Bush, ver Joe Conason, Big
Lier
(Thomas Dunnd/St. Martin’s, 2003). Para una lista completa
de los halcones-gallina de la adminiqraci贸n Bush, ver www.
nhgazette.com/ chickenhawks.html.

4. Tim Harper,
“Pentagon Keeps Deael Out of Sight”. Toronto Star,
de noviembre 2003.

5. Washington
Post. 17 de enero 2003; UPI, 17 de octubre 2003; CR’i .’etus,
18 de enero 2003; CNN Report, 17 de Julio 2003.

6. San
Francisco Chronicle
, 12 de mayo 2003; Gannett News Service.
23 de octubre 2003; Washington Post, 17 de enero 2003; Army
Times
, 30 de junio 2003.

7. New York
Times
, 9 de octubre 2002 y Associated Press, 1 de julio
2003.

8. New York
Times Times,
11 de agosto 2003.

9. Associated
Press
. 19 de septiembre 2003 y NewYork Times, 1 O de
diciembre 2003.

10. New York
Times
, 10 de noviembre 2003.

11. Tim Harper,
”Pentagon Keeps Dcad Out of Sight”. Toronto Star, 5 de
noviembre 2003: New York Times, 9 de noviembre 2003.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com