December 29, 2021
De parte de Cultura Y Anarquismo
219 puntos de vista

«Corea del Norte prohíbe reírse y contar chistes», 17 diciembre 2021

«Pedro Sánchez impondrá la mascarilla obligatoria
en exteriores»,  22 diciembre 2021

Hace unos días los medios informaban del nuevo decreto aprobado en Corea
del Norte: durante once días, sus ciudadanos tendrán prohibido reír,
contar chistes, beber alcohol, realizar festejos u otros actos de ocio,
en señal de duelo por el décimo aniversario de la muerte de Kim Jong-il,
padre del actual líder del país.

Muchas
personas se escandalizarán porque parezca que pretendemos comparar el
absurdo y la arbitrariedad de la tiranía norcoreana con la gestión de la
pandemia de la covid-19. Eso es exactamente lo que vamos a hacer*.

Desde
que en marzo de 2020 se decretó la pandemia, un país tras otro impuso
severas medidas. Primero el motivo era no saturar ni colapsar el sistema
sanitario; después, evitar el mayor número de muertes; más adelante,
prevenir ingresos en UCI y hospitalizaciones; por último, impedir los
contagios a toda costa.

España
se puso a la cabeza de las restricciones más duras, empezando por un
confinamiento estricto que, durante mes y medio, privó a la población de
salir de sus casas salvo para trabajar o realizar «compras esenciales»
(quedando así la infancia encarcelada sin remedio). Después la sucesión
de medidas ha sido imparable: mascarillas en interior y exterior,
cierres de hostelería, confinamientos perimetrales, requisito de test –y
más tarde vacunación- para entrar o salir del país, límites en el
número de personas con las que reunirse o conversar tanto al aire libre
como en domicilios privados…

Algunos
juristas dudaban de la legalidad de buena parte de esas medidas, como
así han refrendado distintos tribunales. Otros consideraban que
colisionaban gravemente con derechos y libertades fundamentales. Pero,
además, su eficacia médico-científica es, según el caso, entre muy
dudosa y nula. No son pocas las personas que desde la ciencia y la
medicina han cuestionado que los confinamientos o cierres perimetrales
funcionen, que la mascarilla (sobre todo en exteriores) prevenga el
contagio, o que los test y PCR a discreción sean el modo adecuado de
determinar la gravedad de la crisis sanitaria.

En mayo de 2021, publicamos Covid-19. La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo,
escrito por la jurista Paz Francés, el médico José R. Loayssa y el
historiador Ariel Petruccelli. Remitimos a sus más de 400 páginas para
un análisis detallado del primer año de pandemia.

Desde
la primavera de este año hemos venido presenciando cómo se iniciaba una
campaña de vacunación masiva, al tiempo que desaparecían o se relajaban
muchas restricciones. Sin embargo, y ante la reticencia a vacunarse de
algunos individuos, muchos países los han ido acorralando con la
aprobación de los llamados «certificados covid». Según el lugar, este
documento es requerido para entrar en bares, desplazarse en trenes y
autobuses, asistir a teatros, gimnasios, cines, conciertos, o incluso
para trabajar o acceder a hospitales, como ya sucede en Italia.

Se
trata de una medida extremadamente autoritaria, que hasta la gran
mayoría de sus expertos considera completamente ineficaz, y que aun así
también se está adoptando por casi toda la geografía española, con el
solo fin de obligar a la gente a vacunarse cueste lo que cueste.

Pero,
si como aseguran, las vacunas funcionan y evitan contagios, muertes y
hospitalizaciones; si, en definitiva, protegen a las personas
vulnerables y a todos aquellos que quieren sentirse más tranquilos, ¿qué
riesgo corren ante quien decide no vacunarse? Como alguien ha
sintetizado, ¿los no vacunados deben vacunarse para proteger a los
vacunados, porque los vacunados no están protegidos con la vacuna que
tienen que ponerse los no vacunados para proteger a los vacunados?

Se
nos replicará que la vacunación y los certificados covid sirven
asimismo para evitar la saturación de los hospitales. Consideramos muy
grave e irresponsable escudarse en esto cuando son los propios gobiernos
los que mantienen en la más absoluta precariedad el sistema sanitario,
tanto en lo material como lo referente al personal. Y, por otro lado,
¿acaso no es función de los hospitales el acoger, cuidar y curar a los
enfermos? ¿No colapsaba la gripe buena parte de las urgencias y las UCI
en inviernos no muy lejanos?

Como decía con mucho tino el filósofo italiano Giorgio Agamben, se ha pasado del derecho a la salud a la obligación de estar sanos.

Ahora
vemos cómo la pandemia del pánico suma un nuevo capítulo con la
obligatoriedad, una vez más, de la mascarilla al aire libre, y el
probable regreso de otras medidas represivas como toques de queda,
límites del derecho de reunión, imposición del certificado covid para el
acceso a todo tipo de espacios (¡hasta en las terrazas de los bares!),
etc.

Como
afirmaba alguien con humor, la pandemia acabará cuando nos pongamos la
165º dosis y cerquemos y fusilemos a los no vacunados. Por desgracia,
este futuro distópico no va muy desencaminado: Israel ha aprobado ya la
cuarta dosis de la vacuna, países como Austria o Alemania anuncian que
impondrán la vacunación obligatoria so pena de multas y cárcel, Corea
del Sur (sí, «del Sur») usará más de diez mil cámaras con reconocimiento
facial para rastrear infectados…

¿Queda ya claro que todo esto no trata de un virus? Desde Ediciones El Salmón hacemos
un llamamiento a la desobediencia, así como a la organización, para
plantar cara y luchar contra esta dictadura erigida sobre excusas
sanitarias.

22 de diciembre de 2021

* «El mismo año de la liberación de París frente a la ocupación nazi, Jean-Paul Sartre escribía un artículo para Lettres Françaises,
titulado “La república del silencio”, que comenzaba así: “Jamás fuimos
tan libres como bajo la ocupación alemana. Habíamos perdido todos
nuestros derechos y, ante todo, el de hablar; diariamente nos insultaban
a la cara y debíamos callar […] como una policía todopoderosa procuraba
constreñirnos al silencio, cada palabra se volvía preciosa como una
declaración de principios; como nos perseguían, cada uno de nuestros
gestos tenía el peso de un compromiso […]”. Habrá quien se escandalice
porque piense que estoy tratando de comparar la gestión política de la
actual pandemia con la ocupación nazi. Y eso es precisamente lo que voy a
hacer». Tomamos del magnífico artículo de Juanma Agulles «Jamás fuimos tan libres como durante la pandemia», publicado en Hincapié, ese recurso retórico.

Extraído de https://www.edicioneselsalmon.com/




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com