June 28, 2021
De parte de La Haine
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Enarbola sin reparos el supremasismo racial contra ind铆genas y migrantes por igual. Desprecia el inconformismo plebeyo al que califica de 鈥渉ordas salvajes鈥

Todas las cosas envejecen: los organismos vivos, las personas y las ideas. Es la dureza de la segunda ley de la termodin谩mica. Pero hay maneras dignas de hacerlo, manteni茅ndose leales a los principios con los que se alcanz贸 el cenit de la existencia, consciente de los errores y sin arrepentimientos ni transformismos de 煤ltima hora. Pero hay existencias que se corrompen por elecci贸n, que se degeneran por decisi贸n. Son los seres que se revuelcan en la putrefacci贸n del alma arrastrando tras de s铆 las pestilencias de un destino extraviado.

Este es el pat茅tico devenir del pol铆tico Vargas Llosa de hoy; no de aquel genio literario que hizo m茅ritos propios para entrar en la estanter铆a de las letras universales con 鈥La ciudad y los perros鈥 o 鈥Conversaci贸n en la catedral鈥. Su actual prosa pol铆tica viene chabacana, llena de monstruosidades ideol贸gicas que mancillan la pulcritud de los ideales conservadores que alg煤n d铆a profes贸. Es como si hubiera un empe帽o deliberado por envilecer a la persona que obtuvo el Premio Nobel y dejar en pie a un decadente pol铆tico atribulado por pasiones b谩rbaras.

Vargas Llosa se traga sus otrora enjundiosas convicciones democr谩ticas para apoyar sin decoro a la heredera y encubridora del r茅gimen fujimorista que cerr贸 el Congreso de la Republica, suspendi贸 al poder judicial, orden贸 el asalto militar de medios de comunicaci贸n del Per煤 y promovi贸 escuadrones de la muerte con decenas de masacres en su haber. Eso habla de un pervertido drama en el que un reposado liberal muta a un ardiente neofascista. 

Y no es un tema de temperamento d茅bil o convicciones ef铆meras que quiz谩, en este caso, hayan ayudado a la elegancia de su prosa. En realidad, Vargas Llosa es un ejemplo, letrado de un desplazamiento emocional de la 茅poca.

Respalda groseras maniobras de la derrotada Keiko Fujimori que denuncia 鈥渇raude鈥 electoral y anula miles de votos de comunidades ind铆genas y mantiene un curioso silencio frente al manifiesto de ex jerarcas militares para que las Fuerzas Armadas desconozcan la victoria de Pedro Castillo. As铆 se emparenta ideol贸gicamente con Trump que instig贸 a sus seguidores a tomar violentamente el Congreso de Estados Unidos en enero del 2021; o con el candidato presidencial Carlos Mesa que, al conocer su derrota en noviembre del 2019 contra Evo Morales, convoc贸 a los suyos a incendiar los tribunales electorales bolivianos, incluidos los votos de los ciudadanos. Se trata de actitudes no muy diferentes a la de Bolsonaro que reprocha a las dictaduras brasile帽as (1964-1985) el solo haber torturado en vez de haber matado a los izquierdistas; o a la indignidad de Pi帽era arrugando su peque帽a bandera nacional, para mostrarle a Trump que sus colores y estrella cabr铆an en una esquina de la bandera norteamericana.

Son s铆ntomas del ocaso de un liberalismo pol铆tico que, en su rechazo a asumir con aplomo el crep煤sculo de sus luces, prefiere desnudar sus miserias en la retirada. Antes pod铆a jactarse de su filiaci贸n democr谩tica, su tolerancia cultural y conmiseraci贸n por los pobres, porque, con independencia del partido pol铆tico victorioso, los ricos siempre triunfaban en el mundo en el que las alternativas de 鈥渕undos posibles鈥 estaban dise帽ados a su medida.

Ahora el planeta se ha sumergido en una incertidumbre de destino. Las 茅lites dominantes divergen sobre c贸mo salir del atolladero econ贸mico y medioambiental que han provocado, los pobres ya no se culpabilizan de su pobreza, la utop铆a neoliberal se desvanece y los sacerdotes del libre mercado ya no tienen a sus pies a feligreses a quienes embaucar con redenciones futuras a cambio de complacencias actuales.

Es el tiempo del ocaso del consenso globalista. Ni los de arriba tienen criterios compartidos de hacia d贸nde ir; ni los de abajo conf铆an en el viejo curso que los de arriba les se帽alaban. Todos viven un estado de estupor colectivo, de ausencia de futuro factible que desencadena, entre los humillados globales, estallidos de angustia, malestar, enojo y sublevaci贸n. Occupy Wall Street, el Movimiento de los Indignados en Espa帽a, los 鈥渃halecos amarillos鈥 de Francia, los levantamientos populares de Chile, Per煤 y Colombia, las oleadas de progresismos latinoamericanos, son los s铆ntomas de una convulsa de 茅poca de ansiedades desatadas que apenas comienza.

Nadie de los inconformes sabe con certeza hacia d贸nde ir, aunque saben con claridad plebeya y callejera lo que ya no pueden soportar. Es la 茅poca de un presente que desfallece y de un futuro que no llega ni anuncia su existencia y las viejas creencias dominantes se fisuran, se repliegan para dar paso a la incredulidad radical primero, y luego, a la b煤squeda de alguna nueva certidumbre donde enraizar las esperanzas.

Se trata de un caos creador que erosiona las viejas tolerancias morales entre los de 鈥渁rriba鈥 y los de 鈥渁bajo鈥 y que, con ello, empuja al consenso neoliberal que agrup贸 a la sociedad a replegarse. La calle y el voto, ya no los medios de comunicaci贸n ni los gobiernos, son ahora los espacios de la gram谩tica donde se escribir谩 el nuevo estado de animo popular. La democracia se revitaliza desde abajo, pero parad贸jicamente por ello, se ha convertido en un medio peligroso para los ide贸logos neoliberales que fueron dem贸cratas en tanto el voto no pusiera en riesgo el consenso privatizador y de libre mercado. Pero, ahora que la calle y el voto impugnan la validez de este 煤nico destino, la democracia se presenta como un estorbo y hasta un peligro para la vigencia del neoliberalismo crepuscular.

Las denuncias de fraude que se extiende por las Am茅ricas, y que seguramente se har谩n presentes en Europa, no son s贸lo el aullido de guerra de los derrotados. Son la desesperada consigna de las ahora minor铆as neoliberales, para atacar sistem谩ticamente la institucionalidad democr谩tica y la legitimidad del voto como modo de elecci贸n de gobernantes. El golpe de Estado tiende a instalarse como una opci贸n factible en el repertorio pol铆tico conservador. Y todo ello lo hace cabalgando un lenguaje enfurecido que aplasta en su galope cualquier respeto por la tolerancia y el pluralismo.

Enarbolan sin reparos el supremasismo racial contra ind铆genas y migrantes por igual. Desprecian el inconformismo plebeyo al que califican de expresiones de 鈥渉ordas salvajes鈥, 鈥渋gnorantes鈥 鈥渁lien铆genas鈥 o 鈥渢erroristas鈥. Y en un anacronismo risible, desempolvan la fraseolog铆a 鈥渁nticomunista鈥 para encubrir con miedos at谩vicos el disciplinamiento violento de los pobres, las mujeres y los izquierdistas. El neoliberalismo va degenerando en un acomplejado neo fascismo.

Estamos ante la descomposici贸n del neoliberalismo pol铆tico que, en su fase de ocaso y perdida de hegemon铆a, exacerba toda su carga violenta y est谩 dispuesto a pactar con el diablo, con todos las fuerzas tenebrosas, racistas y antidemocr谩ticas, para defender un proyecto ya malogrado. El consenso universalista del que se jactaba el neoliberalismo en los a帽os 90s, ha dado lugar al odio enfeudado de una ideolog铆a de outlet. Y, como lo demuestra el 煤ltimo Vargas Llosa, la narraci贸n de esta putrefacci贸n cultural es un bodrio literario carente de la 茅pica de las derrotas dignas.

El DiarioAR




Fuente: Lahaine.org