May 20, 2022
De parte de Nodo50
154 puntos de vista

鈥淓n las sociedades an茅micas, d茅biles, no se vive con la realidad; se puede poner la mano en todo menos en los s铆mbolos y en las formas. As铆, los reyes y los conquistadores se han llegado a re铆r de lo humano y de lo divino; pero han tenido que respetar las ceremonias y los ritos鈥. P铆o Baroja escrib铆a esto en Ayer y hoy, sus memorias del exilio durante la Guerra Civil. La tragedia que empuj贸 al escritor a una precaria estancia en Par铆s y Suiza y sus no menos tr谩gicas secuelas se cerraron en teor铆a en 1978 con una Restauraci贸n de la monarqu铆a a la que, dentro de la operaci贸n de imagen, llamamos Transici贸n a la democracia. Quiz谩 aquel respeto formal a las ceremonias y a los ritos exist铆a en la 茅poca de Baroja o al comienzo de la Transici贸n, pero no ahora. No solo ya los reyes o los conquistadores, sino buena parte de las autoridades vigentes consideran que aquellas reglas lit煤rgicas no rigen para ellos.

Es cierto que Juan Carlos de Borb贸n puede entrar o salir a su libre albedr铆o de territorio espa帽ol, pero que no haya causas pendientes 鈥揺n este pa铆s鈥 no solo no limpia su imagen, sino que empa帽a la de la justicia, entre las de otras instancias, del Reino de Espa帽a. Su eterna impunidad / inviolabilidad no le convierte en un veraneante honorable, ni en un jubilado que fleta 鈥撀棵﹍? 鈥 un Gulfstream G450 para ver a la familia. Juan Carlos de Borb贸n sigue siendo el autor de una docena de delitos por los que no ha sido juzgado debido a esa inviolabilidad, ins贸lita en nuestro entorno geopol铆tico, que seg煤n interpretan los actuales jueces le otorg贸 la Constituci贸n. Sus relaciones trapaceras con la Hacienda p煤blica se han podido cubrir con una excepcional manga ancha administrativa y con dinero proveniente de esos u otros delitos impunes. Y yendo a lo pr谩ctico, los centenares de agentes de polic铆a y guardia civil que est谩n dedicando sus afanes a su protecci贸n y no a conducirlo ante un juez se est谩n pagando con fondos p煤blicos. Sin embargo, el que la Polic铆a Nacional tomase la filiaci贸n a dos j贸venes a su llegada al aeropuerto no se sabe si obedeci贸 a los desvelos de los propios agentes, o a 贸rdenes superiores. El ministro Marlaska deber铆a comunicar a quien corresponda que mostrar p煤blicamente un desacuerdo, como har谩n los convocantes de una manifestaci贸n este s谩bado 21 de mayo, no es delito.

En cuanto al papel de destacados l铆deres de opini贸n en todo este circo solo cabe decir que las cortes reales siempre se han rodeado de bufones

La anemia y la debilidad de la sociedad espa帽ola y de sus instituciones se evidencian en esos peque帽os detalles y en la reacci贸n vergonzante del Gobierno y de la Casa Real ante la desfachatez del em茅rito (por cierto, 驴qu茅 t铆tulo es ese?) desembarcando en Sanxenxo como si fuese la Isla de la Tortuga donde recalaban libremente los bucaneros en el siglo XVII, o una especie de Estoril intraterritorial. Que personas que tuvieron un papel relevante en el actual gabinete hayan callado en su d铆a y exterioricen ahora su repulsa mediante chistes en las redes sociales hace todav铆a m谩s patente la libertad de re铆rse de todo que tienen reyes y conquistadores. En cuanto al papel de destacados l铆deres de opini贸n en todo este circo, y al peloteo sumiso de muchos medios de comunicaci贸n, incluidos los p煤blicos, solo cabe decir que las cortes reales siempre se han rodeado de bufones. 

Que haya actuado de portavoz de la Casa Em茅rita el alcalde de Sanxenxo, Telmo Mart铆n, no es extra帽o. Sus empresas inmobiliarias han sido condenadas repetidas veces por delitos como edificar en playas, o cobrar un sobrecoste en negro a compradores de viviendas protegidas. As铆 que comparte con su invitado una relaci贸n de alegre camarader铆a con los l铆mites de la legalidad. Pero que el reci茅n aterrizado presidente de la Xunta, abogado y exsecretario en ayuntamientos vecinos a Sanxenxo profiera la vulgaridad de que la visita del fugado 鈥減one a Galicia en el mapa鈥, como si no hubiesen peregrinado desde el siglo IX reyes de verdad, es un error de primero de vasallaje. A los mon谩rquicos y Cierra Espa帽a habr铆a que recordarles que Eduardo VIII, duque de Windsor, despu茅s de abdicar, tard贸 tres d茅cadas en poder volver a pisar suelo brit谩nico. Eran otros tiempos, pero su 煤nico delito hab铆a consistido en casarse con una mujer divorciada.

A la espera de que el electorado asuma esa norma b谩sica en las democracias, la clase pol铆tica de este pa铆s, de derecha, centro o izquierda, deber铆a ser consciente de una vez de que ni los votos ni los cargos heredados de dictadores deber铆an servir para absolver delitos, y que las faltas a la 茅tica no se lavan siempre con absoluciones en los tribunales 鈥搚 menos cuando es por prescripci贸n鈥. Porque todos sabemos que el regatista no solo ha hecho las que ha querido y cuando ha querido, sino que las seguir谩 haciendo mientras a la mayor铆a de los s煤bditos del Reino se nos siguen aplicando las leyes vigentes. Como dec铆a Jean Cocteau, formarse no es nada f谩cil, pero reformarse lo es menos a煤n. 

鈥淓n las sociedades an茅micas, d茅biles, no se vive con la realidad; se puede poner la mano en todo menos en los s铆mbolos y en las formas. As铆, los reyes y los conquistadores se han llegado a re铆r de lo humano y de lo divino; pero han tenido que respetar las ceremonias y los ritos鈥. P铆o Baroja escrib铆a esto en…

Este art铆culo es exclusivo para las personas suscritas a CTXT. Puedes suscribirte aqu铆



Fuente: Ctxt.es