March 9, 2023
De parte de Todo Por Hacer
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Me est谩 costando controlar mi sed de sangre鈥 鈥 George W. Bush en 2001, tras el 11-S, ante l铆deres religiosos.

El 12 de septiembre de 2001, no hab铆an transcurrido ni 24 horas de los atentados del 11-S cuando el Subsecretario de Defensa de EEUU, Paul Wolfowitz, llam贸 al agente de la CIA Gary Greco. Wolfowitz solicit贸 que le mandara un informe escrito sobre las conexiones entre Saddam Hussein 鈥 el entonces presidente/dictador de Irak 鈥 y el terrorismo islamista desde el final de la Guerra del Golfo. La petici贸n extra帽贸 a Greco, pues a esas alturas ya se conoc铆a la identidad de los pilotos que estrellaron los aviones 鈥 eran saud铆es 鈥 y era sabido por todas las organizaciones de inteligencia del mundo que la organizaci贸n a la que pertenec铆an, Al Qaeda, estaba compuesta por fan谩ticos religiosos que operaban en Afganist谩n y Pakist谩n y que no ten铆an ninguna conexi贸n con el secular r茅gimen iraqu铆. 鈥En ese momento supe que se estaba intentando justificar una invasi贸n futura de Irak鈥, cont贸 Greco al medio estadounidense Slate en 2021.

Y as铆 fue. El 20 de marzo de 2003, soldados estadounidenses, brit谩nicos, australianos y polacos, acompa帽ados de pershmergas kurdos y apoyados por efectivos de Espa帽a, Holanda, Italia y Dinamarca, invadieron Irak. La operaci贸n 鈥Iraqi Freedom鈥 comenz贸 con una campa帽a de bombardeos que buscaban provocar 鈥conmoci贸n y asombro鈥 en el enemigo 鈥 suponemos que decir 鈥渕atar y devastar鈥 queda menos est茅tico 鈥 y fue seguida de una entrada por tierra que en cuesti贸n de d铆as ocup贸 todo el territorio. El 1 de mayo de ese a帽o, subido a un portaaviones, el presidente Bush pronunci贸 su famoso discurso de 鈥渕isi贸n cumplida鈥.

Sin embargo, sus esperanzas de que por arte de magia surgir铆a una democracia liberal occidental amigable a los invasores que hab铆an bombardeado sus infraestructuras resultaron infructuosas y el ej茅rcito yanki permaneci贸 en Iraq hasta el a帽o 2011 鈥 con una presencia de hasta medio mill贸n de soldados norteamericanos y 45.000 brit谩nicos 鈥. En 2014, tras el surgimiento del Estado Isl谩mico, el ej茅rcito de EEUU se volvi贸 a desplegar en la regi贸n para hacerle frente. A d铆a de hoy, unos 2.500 soldados estadounidenses permanecen en Irak.

Es dif铆cil calcular el coste humano de esta brutal guerra. Las fuentes m谩s conservadoras cifran el total de muertes de iraqu铆es en 151.000, de los cuales al menos 34.000 ser铆an soldados de Saddam y el resto civiles; otros c谩lculos cuantifican en 1.033.000 los iraqu铆es muertos por la guerra 鈥 tanto por acciones violentas, como enfermedades y otras consecuencias colaterales 鈥. Por su parte, las muertes en las filas de los soldados de la coalici贸n invasora ascienden a 25.071, de los cuales 17.690 ser铆an de las fuerzas iraqu铆es que permanecieron bajo control estadounidense tras la invasi贸n y 4.614 ser铆an soldados americanos.

Saddam, Al Qaeda y las armas de destrucci贸n masiva

En los d铆as siguientes al 11-S, la Administraci贸n Bush se esforz贸 por conseguir que la CIA declarase que el ataque hab铆a sido organizado por Saddam Hussein, pero no tuvo 茅xito[1]. El Gobierno renunci贸 a invadir Irak y se tuvo que contentar con hacer lo propio en Afganist谩n 鈥 dado que el r茅gimen talib谩n hab铆a proporcionado cobijo a Al Qaeda 鈥, un pa铆s pobre, rural y con baja densidad de poblaci贸n. En octubre de 2001 EEUU invadi贸 Afganist谩n e inici贸 una de sus primeras guerras eternas 鈥 se acab贸 retirando del pa铆s en 2021, sin haber conseguido absolutamente nada 鈥 que se saldar铆a con la muerte de unos 10.000 civiles.

Sin embargo, Bush y su vicepresidente Cheney no abandonaron su obsesi贸n de invadir Irak (una decisi贸n motivada por su af谩n de controlar sus ricos pozos de petr贸leo e imponer una Pax Americana en Oriente Medio). La decisi贸n estaba tomada[2], pero les faltaba el pretexto. Y 茅ste les llegar铆a el mismo mes de octubre en que se invadi贸 Irak, cuando varios paquetes conteniendo 谩ntrax y cartas con mensajes como 鈥muerte a EEUU e Israel鈥, 鈥Al谩 es grande鈥 y 鈥cuidado, toma penincilina鈥 fueron enviados a oficinas de senadores y medios de comunicaci贸n. Cinco personas murieron y otras 17 resultaron heridas. El aparato de propaganda gubernamental no tard贸 en ponerse en marcha: culparon a Al Qaeda de los ataques y empezaron a insinuar que no ten铆a laboratorios para producirlo y que se lo ten铆a que haber suministrado Saddam. En su famoso discurso del estado de la naci贸n de enero de 2002 en el que acu帽贸 el t茅rmino de 鈥eje del mal鈥, George Bush aprovech贸 el p谩nico social generado por los ataques para acusar a Irak de no haber abandonado su programa de armas biol贸gicas[3] y acusarle de producir 谩ntrax y otras armas de destrucci贸n masiva, incluso nucleares. La semilla del miedo fue plantada.

Sin embargo, el an谩lisis de las esporas revel贸 que el tipo de 谩ntrax enviado en octubre de 2001 no ten铆a nada que ver con el desarrollado por Iraq en los 90, del cual se ten铆an muestras extra铆das de laboratorios desmantelados durante la Guerra del Golfo 鈥 adem谩s se conoc铆a perfectamente qu茅 谩ntrax ten铆a el r茅gimen iraqu铆 porque se lo hab铆a vendido una empresa estadounidense en 1985 鈥 y que solo pod铆a provenir de algunos laboratorios yankis. A帽os despu茅s, la investigaci贸n del FBI concluy贸 que los paquetes con 谩ntrax no hab铆an sido enviados por Al Qaeda ni Irak, sino por un microbi贸logo estadounidense llamado Bruce Ivins. Estaba especializado en 谩ntrax, opinaba que no se le prestaba la suficiente atenci贸n a su peligrosidad por parte de las autoridades y habr铆a enviado las cartas para conseguir 鈥 con 茅xito 鈥 m谩s inversi贸n p煤blica en sus investigaciones. Cuando concluy贸 la investigaci贸n Irak ya hab铆a sido invadida. Ivins se suicid贸 al poco de recibir una citaci贸n judicial para declarar por estos hechos.

A lo largo de todo el a帽o 2002 la Administraci贸n Bush se dedic贸 a promover la narrativa de que el r茅gimen iraqu铆 estaba desarrollando armas de destrucci贸n masiva[4] y a desarrollar un mundo dividido entre buenos y malos. 鈥O est谩s con nosotros o con los terroristas鈥, dec铆a. Los miembros m谩s destacados de su Gobierno empezaron a popularizar en todas las televisiones la frase de 鈥no queremos que la confirmaci贸n sea una nube con forma de seta鈥, resucitando todos los miedos de la Guerra Fr铆a a un ataque nuclear. Y en el aniversario de la invasi贸n de Afganist谩n, el presidente acus贸 en p煤blico a Irak de estar vinculado con Al-Qaeda en un discurso en Cincinnati, alertando que un ataque podr铆a ser inminente. Esta estrategia de manipulaci贸n 鈥 que ser铆a repetida en infinidad de ocasiones durante los siguientes meses 鈥 dio sus frutos: una encuesta del Washington Post realizada en 2003 revelar铆a que un 82% de los estadounidenses pensaban que Saddam Hussein hab铆a proporcionado ayuda a Osama Bin Laden en la preparaci贸n del ataque contra las torres.

En octubre de 2002, el Congreso y el Senado de EEUU autorizaron al presidente Bush a invadir Irak. Un 96% de republicanos y un 40% de dem贸cratas votaron a favor. Como ocurri贸 un a帽o antes con la Guerra de Afganist谩n, varios pol铆ticos progresistas se unieron al fervor belicista durante los a帽os de psicosis colectiva que siguieron al 11-S.

El 5 de febrero de 2003, el Secretario de Estado Collin Powell 鈥 la figura m谩s respetada de la Casa Blanca de Bush 鈥 se dirigi贸 al Consejo de Seguridad de la ONU para exponer las presuntas pruebas de que Irak estaba desarrollando armas nucleares[5]. Habiendo encontrado, por fin, un casus belli para una guerra que llevaba a帽os planeada, el 16 de marzo se reunieron en las Azores Bush, Tony Blair (UK), Jos茅 Mar铆a Aznar (Espa帽a) y Jos茅 Manuel Dur茫o Barroso (Portugal), desde donde dieron un ultim谩tum a Saddam para que se desarmara. El 20 de marzo comenzar铆a la Operaci贸n Libertad Iraqu铆.

El papel de los medios de comunicaci贸n

Es evidente que las causas de la Guerra de Irak responden a una tremenda campa帽a de manipulaci贸n y desinformaci贸n coordinada por el Ejecutivo de Bush y Cheney. Pero 茅sta no habr铆a sido posible sin la colaboraci贸n de una prensa corrupta que, en vez de cuestionar al poder y tratar de averiguar la verdad, se dedic贸 a seguirle la corriente a cambio de avances en sus carreras personales: entrevistas en exclusiva, alabanzas p煤blicas de altos cargos del Gobierno, filtraciones jugosas, etc. Al igual que los Lannister, los Bush siempre pagaban sus deudas.

El papel de medios de la ultraderecha como Fox News a favor de derramar la sangre de los enemigos de la naci贸n os lo pod茅is imaginar. M谩s llamativo fue el de la progres铆a medi谩tica encarnada en el New York Times[6]y en particular por parte de su reportera Judith Miller. Los reportajes de Miller, hasta entonces una periodista de buena reputaci贸n, otorgaron una enorme credibilidad a la idea de que exist铆a un programa iraqu铆 de desarrollo de armas de destrucci贸n masiva y allanaron el camino a que la opini贸n p煤blica anti-Bush apoyara su guerra imperialista[7]. Meses despu茅s de la invasi贸n se desvelar铆a que Miller se limitaba a publicar de forma acr铆tica las informaciones que le suministraba la Casa Blanca y que las fuentes confidenciales que citaba eran inventadas.

As铆 es, en definitiva, c贸mo se propici贸 esta terrible guerra. El Gobierno exprimi贸 el dolor y miedo que causaron los atentados, difundi贸 pruebas falsas que conectaban al r茅gimen de Saddam con el desarrollo de armas de destrucci贸n masiva y con el 11-S y la prensa, lejos de hacer su trabajo, presa de la misma sed de venganza irracional, promovi贸 el derramamiento de sangre.


[1] El consenso dentro de la CIA era que Saddam Hussein consideraba a Al Qaeda una amenaza para su r茅gimen secular de corrupci贸n y enriquecimiento personal y familiar y que jam谩s apoyar铆a a una organizaci贸n as铆.

[2] De hecho, ahora se sabe que en diciembre de 2001 Bush orden贸 al general Tommy Franks que fuera planificando la invasi贸n de Irak.

[3] La Guerra del Golfo finaliz贸 con un acuerdo entre Saddam Hussein y Naciones Unidas por el cual Irak pondr铆a fin a su programa de armas de destrucci贸n masiva a cambio de que EEUU renunciara a deponerle. En 1995 los inspectores de la ONU supervisaron el desmantelamiento de los 煤ltimos laboratorios.

[4] Si bien hab铆a consenso en la CIA de que Irak no estaba detr谩s del 11-S, s铆 exist铆a una cierta divisi贸n acerca de la posibilidad de que Saddam estuviese desarrollando armas nucleares. El Gobierno decidi贸 omitir las informaciones que lo pon铆an en tela de juicio y solo hac铆an caso a los analistas que confirmaban sus teor铆as.

[5] Dos a帽os despu茅s Powell manifestar铆a haber sido enga帽ado, reconoci贸 que las pruebas eran falsas y dec铆a sentirse profundamente avergonzado.

[6] En EEUU la l铆nea editorial del NYT se percibe como de centroizquierda, si bien en Europa ser铆a considerada de centroderecha.

[7] En id茅ntico sentido hay que reconocer el papel del periodista brit谩nico trotskista, Cristopher Hitchens, a la hora de promover el argumentario a favor de la Guerra. Hitchens se uni贸 a los halcones neoc贸n y defendi贸 la invasi贸n como una lucha entre el bien y el mal.

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Fuente: Todoporhacer.org