September 18, 2021
De parte de Kurdistan America Latina
156 puntos de vista


Masivas movilizaciones, grafitis, resistencia activa política y cultural. Desde que los talibanes volvieron al poder en Afganistán, las mujeres han mantenido sus organizaciones en las calles. Ya lo venían haciendo. Creada en 1977, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA, por su sigla en inglés) denunció la ocupación de Estados Unidos y anticipó que le entregaría el poder a los talibanes. Lejos de la mirada victimizante o de la solidaridad entendida como “práctica unidireccional que activistas privilegiadas pueden hacer”, existen lazos estrechos entre las afganas y el Movimiento de Mujeres de Kurdistán, que mantiene la organización confederal revolucionaria de mujeres en Rojava, en el norte y este de Siria. Las separan unos 3700 kilómetros, pero las unen las luchas. “Hay una historia de conexión, por motivos históricos, y hoy vemos posibilidades como nunca antes de crear un tercer camino en esta área”, cuenta Alessia Dro, activista responsable continental del Movimiento de Mujeres de Kurdistán en América Latina. “Hay un vínculo muy estrecho de solidaridad, antes de la ocupación de la ciudad de Kobane, en 2014, cuando el mundo ni sabía de la presencia del Estado Islámico en esta área, fueron las compañeras de Afganistán quienes salieron a la calle, a denunciar que la OTAN estaba financiando en ese mismo momento la invasión de Kobane en el norte y este de siria”.

Dro conversó la semana pasada con Las12 en un vivo de Instagram. “El 7 de julio, la organización confederal revolucionaria de mujeres en Rojava, cuando vio que las mujeres iban a la protesta, antes de la toma del poder oficial entregada por Estados Unidos a los talibanes, porque durante los meses anteriores a la entrega de Kabul, las mujeres han estado en la calle y en ese entonces, también las compañeras desde Rojava han envidado solidaridad. Yo creo que estos vínculos son muy potentes porque no olvidamos la resistencia común que hay en esta área”, sigue Dro. El sábado 25 de septiembre, la RAWA -junto a organizaciones internacionales- convoca a una jornada de lucha y movilización planetaria contra el régimen talibán, como se puede leer en su página de Facebook.

Para la activista kurda, que vivió en Rojava en el momento de la liberación, “es importante también tener el contexto de los puntos en común para tejer puentes, no según un pensamiento hegemónico, neutral, sino más bien partiendo de nuestras diferencias, de las diferentes experiencias, porque nos componen, nos enriquecen y al mismo tiempo nos llevan a encontrar conexiones desde las prioridades de lucha”. Están trazando un internacionalismo en la acción. “Nosotras pensamos que los cambios verdaderos no llegan de cambios coyunturales, no llegan de los cambios de gobierno o de quién toma el poder. Los cambios verdaderos sabemos que los vamos a desarrollar según nuestra conciencia de esta interconexión de las luchas. Cuanto más desarrollamos esta conciencia profunda como mujeres y pueblos en lucha en todo el mundo, tanto más vamos a crecer esta solidaridad internacionalista fundamental, que significa para nosotras no sólo denunciar, no solo visibilizar, significa también hacer un acompañamiento amoroso, sanar, liberarnos juntas, significa construir juntas, por eso, para decir que para nosotras la solidaridad con las compañeras en lucha en Afganistán ahora, y las mujeres y las disidencias en todo el mundo, significa en este contexto de cerco mediático, más allá de un horizonte victimista, salir a decir qué están pidiendo al mundo las mujeres afganas, romper con las reacciones mediáticas victimizantes y salir a la calle también, a denunciar la guerra en Afganistán, para involucrarnos desde una solidaridad activa, desde la escucha profunda”.

-¿Es compatible una mirada antiimperialista con la solidaridad feminista con las afganas?

-Es compatible, pensamos que es fundamental. Pero también es esencial tener una mirada más crítica, descolonizar también el imperialismo, que a veces se caracteriza más desde el nacionalismo. Cuando nos nutrimos solo de una visión geopolítica que pone en el centro a los estados, los gobiernos, y sus relaciones en términos de real politik, estamos ignorando las luchas de los pueblos, de las mujeres que se están levantando y que van definiendo sus necesidades políticas, realizándolas también. Cuando vemos la relación de los pueblos y de las mujeres en resistencia, estamos siempre al frente de la generación de nuevas alianzas y procesos de socialización entre luchas más allá de las fronteras. Ahí estamos las mujeres al centro de cada lucha. Yo creo que es importante esta visión antiimperialista desde la base desde las luchas.

-A veces se toma en cuenta solamente la variable antiimperialista para mirar a Medio Oriente.

-Hay que tener mucho cuidado cuando hablamos de antiimperialismo porque también hay necesidad de historizar. Afganistán ha sido tratado históricamente como un tablero de ajedrez en las luchas de poder, sobre todo entre las potencias hegemónicas que han estado gobernando durante los últimos 150 años esta área. Entonces, primero que todo fue una zona de amortiguamiento de la Guerra Fría, y antes de eso estuvo contendida entre el imperio británico y el imperio ruso. Esto es algo que tiene que ver mucho con la historia de Kurdistán, que antes estaba entre el imperio otomano y el imperio persa, ha sido el escenario también para Afganistán, de guerra de poderes siempre en su territorio. En 1979 hubo un enfrentamiento muy fuerte entre las fuerzas armadas soviéticas y los muyahidines, quienes tuvieron el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudita, Pakistán. Esto es muy importante de subrayar porque también en la lucha antiimperialista, muchas veces se va a apoyar a Turquía como ejemplo de lucha antioccidental, antiimperialista, pero en la misma forma de Afganistán, también Kurdistán tuvo un problema histórico colonial en su territorio debido al uso de Turquía en clave antisoviética. La cuestión kurda inicia también con la fundación de la república turca con un baño de sangre, con genocidios. Entonces yo creo que hay una necesidad de historizar y también de sacarnos una mirada eurocéntrica.

-La ocupación de Estados Unidos en 2001 significó otra etapa geopolítica…

-Quiero tomar un momento para contextualizar. Porque en 2004, cuando Estados Unidos entró a Medio Oriente, publicó su gran plan, The Great Middle East Project, que se puede encontrar en internet. Y en este proyecto habla de su intento colonial. Pero su proyecto era poder integrar los países definidos como rebeldes, como Siria o Libia, y consolidar su hegemonía global. Un proyecto que no logró llevar adelante, pero pensamos que sí ha sido creado un vacío de poder en esta área en la que, al mismo tiempo de la invasión, la resistencia generaba otro modelo de autonomía. En el norte y este de Siria, por ejemplo, frente a estas amenazas de invasiones también de los grupos paramilitares organizados por Estados Unidos, como es Estado Islámico (ISIS), se organizó la carta del contrato social de los pueblos en una administración autónoma de Rojava, más allá del estado nación, con la lucha de las mujeres al frente, la despatriarcalización de la sociedad en cada ámbito de la vida. Esto tiene que ser analizado muy bien, porque yo creo que las herramientas del pensamiento sociológico occidental no llegan a pensar más allá de la configuración del estado nación y ahora el punto crucial que estamos viviendo es una dimensión concreta de entender cómo vivir y cómo nos organizamos en estructuras políticas y en instituciones que se pongan en lugar del estado y más allá de eso. Entonces, esto es el concreto desafío, la puesta en juego que estamos viviendo con formas muy creativas y con logros en el norte y este de Siria y pensamos que puede ser una solución también para Afganistán.

-Mencionaste al Estado Islámico, que tiene una expresión también en Afganistán. ¿Cuál es su rol?

-Esto es muy importante, porque ahí también, entre la desinformación mediática sobre las disputas internas entre los grupos que tienen el mismo origen de financiación, muchas veces se pierde una contextualización más general, y esto es fundamental. El Estado Islámico, el fundamentalismo islámico en general, quiere crear un califato en Asia, en Medio Oriente y hasta en el norte de África, ha sido construido en base a la Sharía y también tiene muchas muchas organizaciones yahidistas dentro de su mismo mando ideológico, pero también tiene motivadores y financiadores que son bien presentes y responsables de sus acciones en el mundo, y entonces sé que hemos escuchado en estos días el nacimiento del ISIS de Khorasan en Afganistán, y esto no es diferente de la disputa que nació entre el Estado Islámico en Siria con Al Qaeda, también los talibanes tienen esta facción interna del ISIS, que es más radical. Estos son intentos de las potencias de dividir y crear conflictos territoriales desde una voluntad de controlar esas áreas. Uno de los principales motivadores del Estado Islámico en Irak, en el Levante (Siria), que los combatientes han derrotado en el área de Rojava, es financiado por Turquía por el presidente Erdogan. Entonces, es muy importante hablar de eso porque ahora con los talibanes se está hablando de vuelta del Estado Islámico, pero en el silencio de los medios occidentales han estado retomando asesinatos y ejecuciones en el desierto de Siria, en la misma área de Rojava y también en Irak. En este escenario, Turquía tiene un rol clave, imagínense que después que los talibanes llegaron silenciosamente sin ningún tipo de lucha a tomar Kabul porque había estado entregada antes a través de la corrupción de los políticos dirigentes del gobierno anterior por Estados Unidos, entonces en Kabul lo primero que se hace es fundar una base militar de Turquía en esta ciudad. Entonces, Turquía tiene un rol muy importante, peligroso también, es garante de las migraciones hacia Europa. Entonces, es responsable de todas las muertes que están ocurriendo ahora en el Mediterráneo, y Turquía usa el hecho de la migración como un chantaje. Esto es lo que está pasando con la creación del ISIS como parte de un proyecto estadounidense.

-Hay distintos grupos de resistencia al régimen talibán. ¿Qué rol crees que tomarán las mujeres en ese movimiento?

-Hace pocos días, en todas las ciudades del país, a nivel nacional, las mujeres están saliendo a las calles y están haciendo resistencia a través de métodos creativos. Cuando se decidió cerrar la orquesta y todo grupo de música nacional, ahí se vio la forma hermosa de pintar de Shamsia Hassani, que circuló en todas las redes, de una mujer con una guitarra y mirando al horizonte con esperanza y con fuerza. Cuando los talibanes tomaron el poder, las mujeres fueron a grafitar en los muros consignas anti-talibanes. Esto es lo que está pasando, cada día hay manifestaciones masivas. Yo creo que es muy claro lo que ha pasado en Afganistán, las armas han sido dejadas por muchísimos dólares a los talibanes, para que pudieran reorganizarse, mientras los estadounidenses se iban. Pero durante los años que pasaron desde la caída de las Torres Gemelas hemos desenmascarado el juego del poder en Medio Oriente. Entonces, yo creo que esta victoria tiene un gran enemigo en este momento en las fuerzas de las mujeres que se están organizando contra los talibanes y la invasión de Estados Unidos al mismo tiempo.

-Al principio hablaste de la posibilidad de crear un tercer camino. ¿Crees posible que las afganas también puedan generar su propio gobierno revolucionario?

-Hay mucha esperanza, más allá de toda la narración mediática. Yo creo que, por ejemplo, la organización de Rawa es una de las organizaciones más antiguas del país, nunca pararon de luchar para la democracia, para la libertad, para la justicia social, siempre se involucraron y en este momento, con sus actividades de resistencia van encontrando nuevas estrategias de poder solucionar el impasse que vivió el país por decisión de Estados Unidos. Entonces, ellas tienen muy claro que gobiernos de todo tipo, han siempre intentado poner su hegemonía en Afganistán, pero también ven que la fuerza y la conciencia de las mujeres es capaz de crear otro tipo de realidad. Creo que hay diferentes medios y ellas lo están buscando, para detener este crecimiento de hegemonía en su país y para obtener un crecimiento también de unión y de conciencia entre los diferentes movimientos sociales que componen Afganistán. Yo creo que hay que tener en cuenta que movimientos como los talibanes son antipopulares por naturaleza. Son deshumanizantes. Especialmente, en la guerra que hacen contra las mujeres, pero sabemos que Estados Unidos también invadió Afganistán con el pretexto de los derechos de las mujeres, y la Rawa lo dice bien: lo que han visto las mujeres en los últimos 18 años es violencia, son asesinatos, violencia sexual, suicidios, han sido estas las cosas exportadas por Estados Unidos. Yo creo que, al alimentar también Estados Unidos a los talibanes, lo que se va a generar es una disidencia aún más grande y una resistencia muy fuerte que las mujeres ya están haciendo.

FUENTE: Sonia Tessa / Las12

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Fuente: Kurdistanamericalatina.org