April 5, 2021
De parte de La Haine
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La vi por primera vez en unos sem谩foros de una avenida, all铆 donde se demoran los autos que quieren entrar a la autopista. Era una mujer que pocos a帽os atr谩s debi贸 parecerse a Scarlett Johansson cuando hizo Vicky Cristina Barcelona. Doce a帽os despu茅s, Scarlett Johansson todav铆a luce muy joven, m谩s joven que antes, y la Scarlett del Town Center Parkway, con menos a帽os, parece una anciana. 

Su rostro estaba curtido por el sol de Florida, con esa piel que los surfistas y los motoqueros exhiben como un trofeo, como los arist贸cratas en la Edad Media exhib铆an cicatrices falsas de batallas en las que nunca hab铆an estado. M谩s que por el sol, su rostro estaba curtido por el hambre, por alguna adicci贸n, por su profesi贸n y, sobre todo, por esos insondables sufrimientos que estrujan el alma y que nadie se merece.

Trabaja de homeless, de mendiga. Durante horas, cada d铆a sostiene un pedazo de cart贸n que dice 鈥I鈥檓 homeless. I am hungry. God bless you鈥. Parece m谩s vieja a煤n porque su frente, sus ojos, todo su rostro se arruga con un dolor que duele a quien la ve. 

Nadie se molesta en bajar el vidrio de sus autos para dejarle un par de d贸lares. Abrir la ventana significa que el aire acondicionado se escape. Para muchos, no es el aire lo que importa: los pobres se queman el dinero de las limosnas en drogas y alcohol. No darles nada es hacerles un favor. Otros, como yo, tienen excusas menos conservadoras: el problema de los pobres no se arregla con limosnas.

A pesar de un argumento tan s贸lido, no resist铆 la tentaci贸n de dejarle unos miserables d贸lares para que ese rostro compungido se relaje por un minuto y yo me sienta un poco mejor conmigo mismo. Semejante terapia por tres o cuatro d贸lares es una verdadera ganga. Adem谩s, pens茅, si es verdad que la Scarlett del Town Center se toma una copa por la noche, como yo, al menos no morir谩 de indiferencia鈥

Esta tarde la vi por segunda vez. Iba a su puesto de trabajo en el cantero central de la avenida, del bulevar o como se llame. En su camino se hab铆a cruzado con otra mujer que tambi茅n llevaba un cartelito de cart贸n con el anuncio de Homeless en una mano. La otra mujer se parec铆a m谩s a Brooke Shields, m谩s o menos como la actriz de La laguna azul luce ahora pero, probablemente, con veinte o treinta a帽os menos.

Las dos mujeres se cruzaron. No s茅 qu茅 se dijeron, pero vi que sonre铆an y se saludaban como lo hacen mis colegas. Como si fuesen felices. En seguida, la Scarlett del Town Center subi贸 a su cantero y cambi贸 de cara. Como otra gran actriz que se sube al escenario para ser otra persona, volvi贸 a fruncir la frente, los ojos, todo su rostro. 

Por un instante pens茅 lo que, by default, la gente decente piensa. Aquel rostro dolorido que hab铆a visto la semana anterior era s贸lo una m谩scara. Record茅 al panadero Carlucho, al doctor Dom铆nguez y a un tal M铆ster Johnson que, cada uno en su momento y en sus diversos pa铆ses, me explicaron el odio que algunos sienten por esta raza de humanos, a los cuales consideraban perfectos par谩sitos de una sociedad productiva, fingiendo miseria, victimiz谩ndose en lugar de decidirse a lanzarse al 茅xito como lo hace un clavadista ol铆mpico. 

Esta vez, esta tarde, ocult茅 mi confusi贸n detr谩s de la luz verde que acababa de cambiar y continu茅 mi camino sin dejarle a la pobre Scarlett, la m谩s triste Scarlett del mundo, la miserable limosna que le hab铆a dejado la semana anterior. Mientras aceleraba para entrar al v茅rtigo de la I-295 sin accidentes, la Scarlett del Town Center me segu铆a a poca distancia.

驴Por qu茅 esperamos dolor verdadero de los pobres para creerles? 驴Acaso no es eso mismo lo que hacemos todos, fingir sentimientos, enmascararnos para hacer correctamente nuestro trabajo? 

驴No miento yo cada vez que me enfrento a una clase y finjo que todo est谩 bien, cuando en realidad quisiera irme a una isla en medio del Pac铆fico? 

驴No miente la camarera del LongHorn cuando siempre nos ofrece su mejor sonrisa, siempre y sin excepciones, como si nunca tuviese problemas con sus padres, con su novio, con sus estudios o con el resto de su vida? 驴Acaso no le pagamos, y hasta le dejamos el veinte porciento de propina para que nos traiga unas quesadillas, unas fajitas y una O鈥橠oul鈥檚 con una sonrisa m谩s amplia que la de Julia Roberts? 

驴No miente el joven ingeniero que en la entrevista de trabajo finge felicidad, esp铆ritu de equipo y humildad para conseguir ese puesto de Inspector en la prestigiosa Condones Recauchutados Corporation?

驴Por qu茅, entonces, le exigimos m谩s a una pobre mujer que act煤a su propia miseria, que al resto de los mentirosos oficiales, mentirosos leg铆timos, mentirosos necesarios que act煤an sus ambiciones ajenas? 驴Acaso no conoce ella muy bien su oficio y ofrece el producto que mejor se vende, es decir, el dolor ajeno y la bondad propia?

Est谩 bien mentir en cada anuncio de televisi贸n, mostrando j贸venes felices y saludables mientras fuman o comen una McDonald鈥檚 grasienta con doce cucharadas de az煤car que algunos llaman Coca-Cola. 

Est谩 bien vender autos mostrando una mujer muy sensual y con una sonrisa universal, como si fuese ella, no el auto, lo que est谩 en venta. 

Est谩 bien ganar elecciones mintiendo descaradamente y sonriendo, abrazando a los pobres que todav铆a sue帽an con cuentos de hadas y nunca paran de vivir la realidad que los despierta cada d铆a. 

Pero no est谩 bien cuando una pobre mujer hace lo mismo por una limosna y, adem谩s, lo hace mal, no sabe actuar abajo del escenario como se debe, y sonr铆e, como si se estuviese burlando de sus futuros donantes. 

Porque los miserables somos nosotros. No aceptamos que nos mientan mal. En nuestra cultura pornogr谩fica, no perdonamos a los malos actores. Mucho menos a las malas actrices. 

Cuando los del medio mienten, s贸lo est谩n vendiendo honestamente su producto o su trabajo. 

Cuando los de arriba mienten, s贸lo nos est谩n protegiendo del siempre inminente Apocalipsis de los de abajo. 

El gran sistema de mentiras se sostiene de una verdad fundacional: no es la Ley de la oferta y la demanda; es la Ley del gallinero. Los traductores profesionales me han dicho que en ingl茅s no existe equivalente para este dicho tan popular en espa帽ol. Se equivocan: es Trickle-Down Theory, o la Teor铆a del Derrame. Pero, por si esta ley no fuese suficientemente cruel, siempre va acompa帽ada de un inevitable corolario: cuanto m谩s abajo, m谩s dif铆cil resulta mirar hacia arriba.

Por razones obvias.

JM, marzo 2021

audio en https://majfud.org/2021/04/02/vendo-unos-ojos-tristes/




Fuente: Lahaine.org