October 10, 2021
De parte de Nodo50
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Juan Torres L贸pez, Consejo Cient铆fico de Attac. Publicado originalmente en P煤blico.

Cuando comenz贸 a extenderse la covid-19 advert铆 (por ejemplo, aqu铆) que la pandemia producir铆a una doble crisis o una sola, si se prefiere, con dos manifestaciones separadas y muy diferentes. Por un lado, una de demanda, como consecuencia de la ca铆da de los ingresos provocada por los cierres de empresas y la gran disminuci贸n de la actividad durante el confinamiento. Esta, dije desde el principio, ten铆a un tratamiento muy costoso pero bastante f谩cil de aplicar, la garant铆a gubernamental, total o parcial, de los ingresos perdidos por empresas y familias. Un tratamiento que conocemos desde hace tiempo cuando, por alguna raz贸n, deja de haber dinero en los bolsillos y la falta de consumo paraliza la vida econ贸mica. No hay otro remedio, entonces, que crear dinero y repartirlo aunque sea, como gr谩ficamente dec铆a el liberal Milton Friedman, tirando billetes desde un helic贸ptero.

Se trata de una soluci贸n conocida y de relativamente f谩cil pues basta, como hemos visto, con que los bancos centrales creen medios de pago o los gobiernos se endeuden. Aunque eso no quiere decir que resuelva todos los problemas, ni que salga gratis.

No resuelve todos los problemas porque nunca estar谩 garantizado que el dinero que sale de los bancos centrales llegue finalmente a las empresas y consumidores que lo gastan. E, incluso si llega, tampoco es seguro que se dedique al consumo o la inversi贸n. Unas veces, porque los bancos se quedan con el incremento de dinero para sanear sus balances o realizar inversiones financieras, sin utilizarlo para conceder cr茅dito a la actividad productiva. Otras, porque los gobiernos, las empresas o los hogares solo dedican el nuevo flujo monetario a amortizar deuda anterior.

En esta 煤ltima crisis de demanda provocada por la covid-19 los bancos centrales (creando dinero nuevo) y los gobiernos (endeud谩ndose) no dudaron ni por un momento, a diferencia de lo que ocurri贸 en la de 2008, y han suministrado una dosis nunca antes vista de financiaci贸n extraordinaria a las econom铆as. As铆 han salvado la crisis, aunque l贸gicamente a cambio de un incremento no menos gigantesco de la deuda: se estima que a finales de 2020 ya hab铆a crecido en 32 billones de d贸lares en todo el mundo. Y, aunque todav铆a no se ha comenzado a sentir el esfuerzo dur铆simo que habr谩 que hacer para pagarla, el Fondo Monetario Internacional ya ha advertido que unos 100 pa铆ses han tenido que empezar a hacer recortes en gasto social y de bienestar para hacerle frente. Lo mismo que ocurrir谩 en todos los dem谩s, a medida que vaya pasando el tiempo, si no se adoptan pronto medidas de reestructuraci贸n, quitas ordenadas y procedimientos de financiaci贸n que no impliquen nuevas oleadas de recesi贸n y miseria en much铆simos pa铆ses.

En cualquier caso, como he dicho al principio, esta ha sido la parte f谩cil de la crisis provocada por la Covid-19. La prueba es que, aunque con el coste futuro que acabo de se帽alar, all铆 donde se han aplicado inyecciones financieras adecuadas se ha conseguido recobrar la actividad y el empleo.

Pero, tal y como se帽al茅 al principio, la pandemia iba a traer consigo inevitablemente otra crisis mucho m谩s peligrosa porque se iba a producir por el lado de la oferta. Y eso es lo que ya est谩 ocurriendo.

Dicho de la manera m谩s f谩cil posible para que todo el mundo me entienda lo que sucede es que no hay suficiente disponibilidad de bienes y servicios para satisfacer la demanda de las empresas y los hogares.

Este desacoplamiento es muy peligroso por dos razones principales. Por un lado, porque produce subidas de precios como consecuencia del exceso de demanda coincidente con la escasez de oferta. Por otro, porque la respuesta convencional que los bancos centrales dan a esa tensi贸n inflacionaria (subir los tipos de inter茅s) deprimir铆a a煤n m谩s la oferta. Si act煤an como se supone que deben hacerlo lo que provocar谩n ser谩 que las empresas disminuyan a煤n m谩s producci贸n y el empleo, sin que los precios finalmente se reduzcan.

Hasta ahora, sin embargo, los bancos centrales vienen manteniendo que esta situaci贸n es un simple efecto del confinamiento, de la incertidumbre y de los cambios acontecidos en todo este tiempo, la situaci贸n no deber铆a producir demasiada preocupaci贸n. Concluyen, por tanto, que nos encontramos ante una especie de cuello de botella temporal que ciertamente produce escasez y, en consecuencia, tensiones al alza en los precios, pero solo de car谩cter temporal pues que no hay otra raz贸n que impida que los mercados recobren pronto la normalidad. De ah铆 que no hayan tomado pr谩cticamente ninguna medida ante este desajuste.

Yo creo, sin embargo, que se est谩n equivocando porque la situaci贸n va a ser m谩s grave y duradera por una sencilla raz贸n: los desajustes en los mercados internaciones de bienes y servicios no se han producido solamente a causa de las perturbaciones l贸gicamente provocadas por la pandemia sino que ven铆an de antes.

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El problema que se est谩 planteando con crudeza en toda la econom铆a internacional es que la pandemia ha acelerado y agravado la desarticulaci贸n de un sistema global de producci贸n y log铆stica globales que ya estaba en crisis con anterioridad. El sistema no sufre una mera perturbaci贸n coyuntural sino que est谩 registrando una fuerte tensi贸n estructural.

Lo que se est谩 produciendo ante nuestros ojos es la muerte por 茅xito del capitalismo neoliberal. Ha logrado que se produzca una concentraci贸n extraordinaria de capitales y de rentas y riqueza; el dominio casi absoluto de los mercados que han alcanzado las grandes empresas les ha permitido disfrutar de cuentas de resultados con beneficios desorbitados y nunca antes vistos; cifras de negocios gigantescas que vienen de la mano de la rentabilidad mucho m谩s que extraordinaria que su exagerada liquidez les proporciona en los mercados financieros en continua expansi贸n; y una influencia social y pol铆tica que hace poco resultaba sencillamente inimaginable. Pero todo eso ha provocado tambi茅n la fragmentaci贸n de los mercados, una desarticulaci贸n productiva tampoco antes vista y una p茅rdida progresiva de rentabilidad, por p茅rdida de mercado o endeudamiento creciente, de franjas cada vez m谩s anchas de la actividad empresarial. Lo mismo que el resto de la gente se aleja cada d铆a m谩s de la minor铆a todopoderosa que lo gana todo, tambi茅n se excluye del reparto de la tarta a una proporci贸n creciente del peque帽o y mediano capital. Y as铆, el capitalismo renuncia a la capacidad de alimentarse alimentando a los dem谩s que lo ha mantenido exitoso durante tanto tiempo.

Esa y no la pandemia es la verdadera causa de la crisis de oferta que se est谩 empezando a manifestar con gran crudeza: cientos de barcos se mantienen a la espera en los puertos donde se nutren las exportaciones mundiales; los precios del transporte mar铆timo se multiplican hasta por diez en algunas rutas;  cientos de megafactor铆as est谩n pr谩cticamente inactivas por falta de suministros, lo que se traduce en la paralizaci贸n sucesiva de los procesos de producci贸n que hasta ahora estaban encadenados.

El sistema log铆stico internacional est谩 al borde del colapso y no es solo como consecuencia de la pandemia. Esta ha provocado ciertamente un gran cuello de botella, al poder recuperarse la demanda con l贸gica mayor rapidez que la oferta. Pero el colapso proviene de un sistema de redes globales que no responde a l贸gicas de suministro racionales sino a la volatilidad de la especulaci贸n financiera y que son incapaces de autoalimentarse generando fuentes de ingresos descentralizados en los diversos mercados donde act煤an. Al rev茅s, el capital transnacional act煤a como una especie de bomba que absorbe y seca todo a su alrededor y por completo.

Lo que est谩 empezando a ocurrir en el mundo es que se est谩 resquebrajando el sistema de provisi贸n inherente a la globalizaci贸n de las 煤ltimas d茅cadas y que hab铆a sido la base del predominio del capital transnacional que dise帽贸 al neoliberalismo como estrategia civilizatoria. Se ha centralizado y concentrado tanto que ahora resulta incapaz de proporcionar la provisi贸n m谩s o menos generalizada, puntual y universalmente rentable y la aceleraci贸n que, mientras m谩s o menos las hab铆a ido garantizando, hacian de la globalizaci贸n el t贸tem sagrado de nuestro tiempo.

Y ese proceso de desarticulaci贸n se ha agudizado por los efectos que el capitalismo intensivista ha venido provocando sobre el clima y el medio ambiente y que han eclosionado en una crisis de recursos energ茅ticos que tiene, a su vez, consecuencias fatales sobre el propio capitalismo porque es incapaz de gobernarlos. Comenzaremos a ver la proximidad y aut茅ntica magnitud y gravedad de este proceso a partir del pr贸ximo invierno y por supuesto que no solo en China.

Los retrasos que se est谩n acumulando en la provisi贸n de materias primas y bienes intermedios no son, por tanto, coyunturales. Creer que el remedio es esperar a que escampe es una irresponsabilidad. Subidas de precios como las de los alimentos, las m谩s altas desde los a帽os setenta del siglo pasado, o las que se est谩n dando en otros bienes y servicios no pueden ser un simple desajuste moment谩neo.

En realidad, no creo que crean realmente que lo que se est谩 avecinando no sea grave y que dejarlo pasar sea la mejor respuesta. M谩s bien pienso que los bancos centrales carecen de instrumentos para hacer frente a corto plazo a la coincidencia de una presi贸n de la demanda con una restricci贸n de oferta y prefieren considerar que los s铆ntomas (la inflaci贸n y el frenazo de la actividad) son la enfermedad.

En los a帽os sesenta y setenta del siglo pasado, el capital se enfrentaba a una situaci贸n de agotamiento parecida y con manifestaciones semejantes pero era a consecuencia de la fortaleza que hab铆an adquirido los movimientos sociales, los sindicatos, los movimientos de liberaci贸n y el llamado 鈥渃ampo socialista鈥, a pesar de sus m煤ltiples defectos. Por tanto, ten铆a clara la estrategia que deb铆a adoptar para salir adelante: combatirlos y vencerlos para hacer que la balanza del reparto de la riqueza y del poder girase hacia el otro lado.

Ahora, la paradoja es que el enemigo del capitalismo es el capital sometido a la l贸gica financiera y especulativa que se ha quedado con todo pero que ha terminado destruyendo la base global sobre la que 茅l mismo hab铆a asentado la industria, desarticulando las redes de producci贸n y las cadenas de valor, y que ha generado una explosi贸n de deuda incontrolable e insostenible, una tensi贸n social creciente como consecuencia de la desigualdad y un poder al margen de las instituciones que materialmente amenaza con impedir el gobierno y la resoluci贸n m谩s o menos consensuada de los conflictos.

Esa es la raz贸n de por qu茅 no hacen nada cuando la escasez de suministros y el encarecimiento de la energ铆a est谩n empezando a paralizar a las econom铆as. Tienen un conflicto con ellos mismos y no saben ni est谩n dispuestos a transformarse. El resultado seguro ser谩 un gran desorden, el m谩s peligroso.

ATTAC no se identifica necesariamente con las opiniones expresadas en los art铆culos, que son responsabilidad de los autores de los mismos.




Fuente: Attac.es