January 20, 2021
De parte de Acracia
193 puntos de vista


El uso de la violencia para transformar la sociedad ha dado lugar a numerosos y apasionados debates en el seno de los movimientos revolucionarios. Para los libertarios, esta cuesti贸n ha sido siempre de una gran importancia. No s贸lo por las posibles derivas de la violencia en terror, en terrorismo, sino porque el recurso a ella pone en causa la necesaria consecuencia entre medios y fines que siempre nos ha parecido fundamental. No obstante, la perpetuaci贸n de la dominaci贸n y la explotaci贸n y circunstancias coyunturales muy particulares nos han obligado a recurrir a ella. Lo que no quiere decir que el dilema 茅tico haya dejado de interpelarnos, y no siempre a posteriori.

Por estas y otras razones, ligadas a su permanente actualidad, la cuesti贸n de la violencia seguir谩 siendo objeto de debate en nuestros medios. Considero pues oportuno comenzar por lo que ya dije en los a帽os ochenta sobre el 芦terrorismo禄 en la EHSS (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales) de Par铆s. Aclaro que, en 1979, yo estaba asignado a residencia en Francia, y que decid铆, con la intenci贸n de sortear esta medida administrativa que me imped铆a salir al extranjero, matricularme en la EHSS para hacer un doctorado en Cine e Historia. Y fue as铆 que, tras  obtener el diploma y al finalizar los cursos de DEA, los profesores del seminario sobre 芦Terror y terrorismo: desde la Revoluci贸n francesa hasta hoy禄 me pidieron un texto de introducci贸n para el debate, sobre 芦Terrorismo e ideolog铆as revolucionarias禄, que deb铆a clausurar dichos cursos en 1983. Empiezo, pues, como empec茅 entonces, recordando que 芦el fen贸meno del terror, el terrorismo, lo encontramos permanentemente en la historia, de la misma manera que las ideolog铆as revolucionarias 鈥揷omo expresi贸n del deseo profundo del hombre a la justicia y a la libertad鈥 han estado tambi茅n presentes y, sin duda, lo seguir谩n estando en la vida pol铆tica y social禄.

El problema, porque problema hay, es que en muchas ocasiones 鈥撀emasiadas ya!鈥 la ideolog铆a revolucionaria ha servido para legitimar el terror, empa帽ando el significado de la idea misma de Revoluci贸n. Es por ello que insist铆 e insisto en que 芦se puede y se debe hacer un an谩lisis menos maniqueo del terrorismo que el que generalmente se hace, por razones pol铆ticas, inclusive en los medios acad茅micos. Y, por supuesto, del que hacen los medios de comunicaci贸n, ya sea por intereses partidarios o comerciales禄. Es, pues, esencial 芦tomar en consideraci贸n la gran complejidad del fen贸meno terrorista y utilizar elementos de an谩lisis m谩s precisos para abrir la investigaci贸n y la reflexi贸n hist贸rica a perspectivas menos reductoras que las desarrolladas hasta nuestros d铆as禄. Desgraciadamente, la falta de rigor anal铆tico y de objetividad al analizarlo es muy frecuente. Pocos son los que se esfuerzan en definir los conceptos y los criterios de especificidad aplicables a este fen贸meno extremando el rigor epistemol贸gico. Ni siquiera para precisar el sentido 茅tico de la objetividad: de d贸nde se habla. Lo reconozcamos o no, la subjetividad no es siempre involuntaria.

Pues bien, estas puntualizaciones 鈥搎ue entonces iban dirigidas a un auditorio de estudiantes y de profesionales de la historia鈥 me parecen tambi茅n v谩lidas para abordar en nuestros medios la cuesti贸n de la violencia y la transformaci贸n social. Es evidente que la significaci贸n de los hechos no es siempre la misma para todos. Nosotros debemos tambi茅n reconocerlo y abordar esta cuesti贸n sin anteojeras ideol贸gicas: no s贸lo por honestidad intelectual, sino tambi茅n para ser consecuentes con nuestro ideal de justicia y libertad para todos los seres humanos.

Es, pues, necesario tomar en consideraci贸n todos los factores, subjetivos o no, que contribuyen a que los hechos sean lo que son, como tambi茅n la intencionalidad y los objetivos perseguidos por los protagonistas de estos hechos. Es decir: evadirnos del caos terminol贸gico creado por el lenguaje orweliano de todos los que tienen inter茅s en vaciar las palabras de su carga 茅tica y su sentido ontol贸gico. No hay que ser maniqueos con las palabras ni con los hechos, ni calificar de terrorismo s贸lo la violencia de los otros. En otras palabras: debemos ser extremadamente escrupulosos en el uso de ciertos t茅rminos y conceptos que el Poder (del color que sea) ha cargado de una connotaci贸n peyorativa muy particular. Sobre todo en estos momentos, cuando vemos a las grandes potencias que gobiernan los destinos del planeta convirtiendo el Terrorismo en el Gran lobo del hombre鈥 occidental, por supuesto. Aunque sin olvidar que, como siempre, todos los Estados descubren o inventan su particular enemigo.

Y es necesario proceder as铆 porque ha quedado suficientemente probado que las v铆ctimas y los verdugos pueden intercambiar papeles y puestos. Adem谩s de que, con demasiada frecuencia, los protagonistas de las luchas sociales esconden sus verdaderas intenciones. De ah铆 que sea tan necesario aplicar nuestras definiciones a los unos y a los otros en funci贸n de lo que hacen y no s贸lo en funci贸n de lo que dicen o dijeron querer hacer鈥 Los criterios, las definiciones, no deben variar seg煤n a quienes se apliquen. No se puede aceptar un galimat铆as sem谩ntico. La coherencia debe ser conceptual, 茅tica: 隆al pan, pan, y al vino, vino, aqu铆 y en China!

Por supuesto, hay que considerar la especificidad, el contexto y, en muchos casos, matizar鈥 Pero eso no debe servir para adaptar el an谩lisis y el debate a la conveniencia o a la ideolog铆a personal. Por lo tanto, lo primero es ponerse de acuerdo sobre la significaci贸n, la funci贸n y el alcance de ciertos conceptos y t茅rminos. S贸lo esta actitud 茅tica y esta coherencia conceptual y sem谩ntica nos permitir谩n ir m谩s all谩 de las diferencias ideol贸gicas y pol铆ticas, para hacer, a pesar de ellas, una reflexi贸n realmente productiva sobre la violencia y la transformaci贸n social.

Violencia leg铆tima y violencia ileg铆tima

Planteada en el seno de una pol茅mica partidista, esta cuesti贸n suscitar谩 鈥搉o cabe la menor duda鈥 las mismas discusiones que suscita el definir cu谩ndo una acci贸n es o no es terrorista. De ah铆 la frecuente tentaci贸n de pensar en la imposibilidad de llegar, para hablar de la violencia y del terrorismo, a una definici贸n aceptada por todos. Sin embargo, cuando lo hacemos, todos partimos de conceptos que hemos elaborado o que hemos asumido previamente.

Recuerdo, a prop贸sito de esa 芦imposibilidad禄, que ya en 1983 hice esta observaci贸n a los historiadores presentes en la conferencia, a quienes record茅, adem谩s, que incluso hab铆an elaborado una tipolog铆a sobre el terrorismo. Una tipolog铆a en la que se encontraba toda una serie de variantes de lo que para ellos recubr铆a la violencia terrorista: desde el 芦terror禄 de la Revoluci贸n francesa, hasta los simples actos de revuelta individual, pasando por el 芦activismo禄 de la Resistencia, de la OAS, de los nacionalistas, de la extrema izquierda y de la extrema derecha, las guerras de descolonizaci贸n, las luchas de 芦liberaci贸n nacional禄, las guerrillas, etc. Yo no s茅 si eran o no conscientes de la contradicci贸n; pero lo que s铆 s茅 es que la tipolog铆a se hizo y no se cuestion贸, a pesar de seguir sosteniendo la imposibilidad de llegar a una definici贸n general del terrorismo.

El verdadero problema es que, respecto a la violencia y al terrorismo, hay generalmente posiciones a priori, de tipo 茅tico y pol铆tico, que impiden el acuerdo. Adem谩s de una especie de miedo fantasmag贸rico a definirnos, porque ello implica poner en causa nuestros propios comportamientos. Como ocurre tambi茅n con todas las palabras que nos implican personalmente: justicia, verdad, amor, etc. Sin embargo, yo creo que, con un poco de buena voluntad y 鈥揷laro est谩鈥 con mucha honestidad intelectual, el acuerdo es posible. No es un problema que requiera muchos conocimientos, una gran especializaci贸n para pronunciarse, basta con situarnos sucesivamente en la posici贸n del que ejerce la violencia o el terrorismo y en la del que soporta sus consecuencias. Si hacemos esto, enseguida veremos que la legitimidad o ilegitimidad de la violencia se nos aparece evidente, y que depende exclusivamente de lo que la motiva. Es decir: del objetivo perseguido con ella.

Todas las acciones humanas, inclusive las consideradas puramente fisiol贸gicas, tienen un origen, una causa, pero tambi茅n una motivaci贸n, un objetivo. Las 芦puramente禄 fisiol贸gicas sacan su legitimidad de la causa, pues el objetivo est谩 impl铆cito en ella; puesto que, salvo en los casos de violencia patol贸gica, el 芦objetivo禄 es exclusivamente responder a lo que provoca la reacci贸n violenta. Cualquiera de nosotros sabe esto y juzga en consecuencia: no es lo mismo utilizar la violencia para comer, porque se tiene hambre, que utilizarla para hartarse sin tener ya hambre, 煤nicamente para que no pueda comer otro que s铆 la tiene. Aqu铆 ya hay otra motivaci贸n que la de satisfacer una necesidad vital, leg铆tima, de todo ser humano. Hay una intencionalidad que nada tiene que ver con una necesidad vital personal, sino la de impedir que otro ser humano pueda satisfacerla. En un caso as铆 es suficiente con verificar si tal es la intenci贸n para calificarla de ileg铆tima: 隆aqu铆 y en China! A condici贸n, claro est谩, de que se parta del principio de que todo ser humano, por el simple hecho de serlo, tiene el derecho de existir y de realizar plenamente su humanidad.

隆S铆, el derecho de todo ser humano, de todos los seres humanos!

驴Acaso no es este principio el que fundamenta nuestra 茅tica y la de la civilizaci贸n en la que vivimos? Entonces, 驴por qu茅 no considerarlo como referencia moral incuestionable para valorar y calificar de leg铆timas o de ileg铆timas las acciones humanas, individuales o colectivas? Cuando estas acciones trascienden lo biol贸gico y se sit煤an dentro de la esfera de la convivencia tienen, necesariamente, una dimensi贸n 茅tica, y por ello hay que juzgarlas por su intencionalidad 鈥揳unque la intenci贸n, el objetivo, no sea siempre evidente. De ah铆 la necesidad, antes de juzgar la acci贸n, de descubrir su objetivo, de cernirlo y valorarlo a la luz de los principios 茅ticos que todos reconocemos como derechos humanos. Un reconocimiento que, incuestionablemente, es universal aunque muchas veces s贸lo sea formal.

Me parece, pues, muy razonable el tomar en consideraci贸n la dimensi贸n 茅tica de la acci贸n humana para diferenciar bien lo que es violencia terrorista de la que no lo es. No es lo mismo luchar por la libertad y la dignidad del hombre, de todos los hombres, que neg谩rselas para dominarlos y explotarlos. Y eso a pesar de que la historia nos ha mostrado que muy frecuentemente las v铆ctimas se transforman en verdugos, y que tambi茅n muy a menudo el discurso de la rebeli贸n disimula su verdadera intenci贸n. Los libertarios sabemos esto y que el Poder es, en toda circunstancia, la dominaci贸n del hombre por el hombre, incluso el 芦poder revolucionario禄. Como sabemos tambi茅n muy bien que, si el Poder no puede imponer su dominaci贸n por medios 芦pac铆ficos禄, no tiene ning煤n escr煤pulo en recurrir a la violencia, al terror para imponerla. Es por esto que rechazamos el Poder y lo combatimos en todas sus formas.

Mi experiencia: la resistencia libertaria al franquismo

Todos sabemos lo que fue el franquismo y c贸mo se mantuvo durante tantos a帽os. Los libertarios luchamos, como pudimos, contra la dictadura. La resistencia libertaria al franquismo comenz贸 el mismo d铆a que termin贸 la guerra y no par贸 hasta que el pueblo espa帽ol recuper贸 las libertades llamadas democr谩ticas. Los nombres de miles de libertarios represaliados, presos o fusilados, y los numerosos comit茅s 鈥渃onfederales鈥 (anarcosindicalistas de la CNT) o 鈥渆spec铆ficos鈥 (anarquistas de la FAI) desmantelados por las fuerzas represivas franquistas lo atestiguan. La lucha se inici贸 y se prosigui贸 en la medida de nuestros medios, que no eran muchos, intentando oponer a la violencia represiva, incalculablemente superior en hombres y armamento, nuestra violencia resistencial, en muchas ocasiones puramente testimonial.

驴Se pueden equiparar las dos violencias? 驴Respond铆an a las mismas motivaciones? 驴Ten铆an la misma intencionalidad, el mismo sentido y objetivo 茅tico? Yo creo que no, y no s贸lo por la desproporci贸n entre las dos, sino precisamente por su objetivo. No, no es lo mismo utilizar la violencia para aterrorizar a un pueblo y mantenerlo sometido, que utilizarla para que ese pueblo pueda recuperar la libertad de expresi贸n, de reuni贸n y de organizaci贸n.

En lo que concierne al franquismo, su intencionalidad era manifiesta, no daba lugar a dudas, estaba presente en todos sus discursos y actos: imponer su voluntad, mantener su dominaci贸n y permanecer en el Poder reprimiendo toda oposici贸n. En cuanto a la nuestra tampoco se pod铆a dudar: se recurr铆a a la violencia solamente para reclamar libertad y en ning煤n momento tuvo por objetivo el Poder. Y es en esto que la violencia antifranquista libertaria se diferenciaba de la franquista y de la ejercida por otros grupos antifranquistas, que tambi茅n reclamaban libertad pero que aspiraban al Poder. Por tanto, s贸lo por mala fe o por ignorancia se pueden equiparar esas violencias.

Los que aspiran al Poder quieren mandar e imponer sus ideas. Para conquistarlo no reparan en conseguirlo por la violencia, s贸lo depende de la relaci贸n de fuerzas. Lo importante, para ellos, es llegar al Poder y mantenerse el mayor tiempo posible en 茅l: por la represi贸n y el terror si es necesario. Aceptan la democracia cuando 茅sta les permite conseguir su objetivo o cuando no hay condiciones para alcanzar el Poder por medios violentos. Su violencia es siempre opresiva, negadora de la libertad del otro. Por eso, aunque se pretendan democr谩ticos, su intenci贸n es ser hegem贸nicos en todos los terrenos: en el ideol贸gico, en el pol铆tico, en el econ贸mico y hasta en el cultural. Nuestras divergencias con ellos son pues enormes, fundamentales. De ah铆 que me parezca leg铆timo introducir esta diferencia en el debate y exigir que sea tomada en consideraci贸n antes de equiparar todas las violencias.

Adem谩s, en lo que concierne a la violencia de los libertarios contra la dictadura franquista, puedo afirmar que siempre se vel贸 por mantener la m谩xima coherencia entre medios y fines. No s贸lo rechaz谩bamos organizarnos jer谩rquica y militarmente, sino que estaba totalmente excluida toda forma de funcionamiento que pudiese derivar en 芦profesionalizaci贸n禄. Los que participaban en la acci贸n lo hac铆an de forma voluntaria. No se sacrificaba el imperativo 茅tico, que conforma la ideolog铆a libertaria, a la 芦eficacia禄. Las acciones eran de autodefensa o testimoniales: para reaccionar frente al terror franquista y aportar nuestra solidaridad a los que sufr铆an la represi贸n por reclamar la libertad para todos los espa帽oles. Por ello la violencia en nuestras acciones era m谩s bien simb贸lica, estaba reducida a su m铆nima expresi贸n, pues no se quer铆a hacer v铆ctimas, salvo en la persona del dictador. No ten铆a por objetivo aterrorizar, sino denunciar la represi贸n de que el pueblo era v铆ctima, alentarlo a resistir para crear, con los dem谩s sectores antifranquistas, una din谩mica resistencial capaz de provocar la ca铆da de la dictadura.

Es posible que los hubiese que so帽aran con entrar victoriosos en Madrid e imponer la Revoluci贸n por las armas. Pero de lo que estoy seguro es que, para la mayor铆a de nosotros, hac铆a ya mucho tiempo que hab铆amos superado ese mesianismo. No nos consider谩bamos una vanguardia revolucionaria. Sab铆amos que la transformaci贸n social no se impone, que ella s贸lo se consigue con la afirmaci贸n y generalizaci贸n del deseo de justicia y libertad en el seno de las sociedades humanas. Tal era nuestro prop贸sito y sigue si茅ndolo.

La historia est谩 llena de ejemplos que demuestran c贸mo se pervierte el ideal revolucionario a trav茅s del ejercicio del Poder, c贸mo la violencia revolucionaria se ha vuelto terrorista y ha acabado engendrando monstruos totalitarios. Todas esas experiencias han terminado en fracasos estrepitosos, y en lugar de transformaci贸n social lo que ha habido al final es regresi贸n. Ninguna de esas experiencias ha producido el 芦hombre nuevo禄. Al contrario, los pueblos que las han vivido y sufrido han quedado desarmados, moral y socialmente, para hacer frente a las castas 芦revolucionarias禄 transformadas en mafias empresariales. Del capitalismo de Estado se ha vuelto al capitalismo m谩s salvaje, a la religi贸n y al nacionalismo m谩s patriotero. Contrariamente a lo que dec铆a buscar, el mesianismo revolucionario ha contribuido decisivamente a la consolidaci贸n de la explotaci贸n capitalista a la escala planetaria y al descr茅dito de la idea de transformaci贸n social.

Octavio Alberola

Extraido del libro electr贸nico La emancipaci贸n social, compilaci贸n de art铆culos de Octavio Alberola preparada por Ediciones Star1919 y accesible en versi贸n completa en https://drive.google.com/file/d/0B-zzn_UxcdsqbGZ2M25NZzAwbkU/edit.]




Fuente: Acracia.org