March 6, 2021
De parte de Reflexiones Desde Anarres
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Costa-Gavras es un director cinematogr├ífico que, incluso en sus pel├şculas m├ís discretas, resulta interesante en las tem├íticas que escoge y encomiable en su af├ín de denuncia. Uno de sus ├║ltimos films es El capital, adaptaci├│n de la novela hom├│nima de St├ęphane Osmont, que a su vez toma prestado el t├ştulo del m├ís famoso libro de Marx. El propio realizador ha declarado que el origen de la pel├şcula, adem├ís de en la obra de Osmont, estaba en un trabajo de un asesor financiero de algunas de las mayores compa├▒├şas europeas (y por eso lleg├│ a publicar bajo seud├│nimo), estaba tambi├ęn en otro libro llamado Capitalismo total, tambi├ęn escrito por un banquero europeo; es por eso que el film est├í construido desde el conocimiento de personas que trabajan en los intestinos del sistema capitalista, no resulta ninguna f├íbula izquierdista.

El cineasta griego, casi octogenario, es un superviviente del cine pol├ştico de la d├ęcada de los 70; tal vez el mundo ha cambiado demasiado desde los a├▒os de Z o Estado de sitio, cuando el mal, el capitalismo, es m├ís poderoso que nunca y, como sostiene c├şnicamente el protagonista del film, es este implacable sistema econ├│mico el que ha cumplido algunos de los ideales internacionalistas de anta├▒o: la producci├│n, el trabajo y el dinero no tienen ya fronteras. Es ├ęsa la secuencia m├ís expl├şcita y cristalina, de una pel├şcula protagonizada por un feroz y despiadado hijo de perra circunstancialmente al frente de un poderoso grupo bancario; solo una persona entre muchos de sus parientes, un viejo izquierdista, es capaz de espetarle la verdad a la cara a este siniestro personaje, cuando le recuerda que ellos, los que manejan los hilos, son capaces de joder a la gente de tres maneras diferentes: como clientes hipotecados, como trabajadores y como ciudadanos. Ah├ş est├í el punto discursivo m├ís fuerte de un film, por otra parte algo saturado de secuencias estramb├│ticas y complejas, cuando se├▒ala como culpables a todos los integrantes del poder econ├│mico y pol├ştico sin dejar de mostrar un retrato feroz de la burgues├şa francesa progresista (algo no demasiado frecuente en el cine galo, protagonizado habitualmente por la clase acomodada) y de algunos elementos supuestamente bienintencionados.


El capital, adem├ís de ser ejemplarmente did├íctica en algunos de sus momentos respecto a c├│mo funcionan las cosas, no se muestra tibia en su mensaje final: el poder financiero y su ambici├│n sin l├şmites, la dictadura de los mercados, la pantomima de los estados democr├íticos y de las leyes sociales, en definitiva, un sistema que hace m├ís ricos a los ricos y empobrece a los m├ís indefensos. Es de agradecer la mirada de cineastas como Constantin Costa-Gavras, que ha denunciado siempre el totalitarismo en todas sus formas, y por supuesto tambi├ęn el de la econom├şa. La pel├şcula, que no ha recibido demasiadas buenas cr├şticas por parte de la prensa especializada, se ha definido adem├ís como comedia, despiste tal vez provocado porque su excelente protagonista, Gad Elmaleh, es un c├│mico franc├ęs; no definir├şa El capital, en absoluto, como una comedia y s├ş como un drama terrible de fondo, que deber├şa estimular conciencias y alarmar sobre la falta de compromiso ├ętico en el sistema imperante. 
Lo que s├ş tiene el film es un retrato grotesco de los poderosos y una devastadora iron├şa en algunos momentos, como es el caso de esa secuencia, una de las m├ís brillantes, en que el protagonista decide adoptar una estrategia populista, nada menos que inspirada en Mao, para defenestrar a una serie de personas dentro de su propia compa├▒├şa. No deja de tener su gracia que, en una feroz cr├ştica al capitalismo, se nos insin├║e que el consejo directivo de un banco pueda funcionar de manera similar al Partido Comunista chino; tiene su l├│gica, ya que en ambos casos se trata de afianzar el poder y deshacerse de los elementos molestos. No muestra este trabajo cinematogr├ífico, precisamente, un horizonte optimista ni salva los muebles para que algunos personas y algunos discursos dentro del sistema puedan parecer heroicos. Y es eso lo que m├ís necesitamos de cara a una transformaci├│n radical, retratos de la realidad que nos muestren las cosas tal y como son, sin manique├şsmos, subterfugios ni tibiezas; es el todopoderoso capitalismo, unido al poder pol├ştico en todas sus formas o someti├ęndole (y esa es una lectura que el an├ílisis libertario deber├şa tener en cuenta respecto a otras ├ępocas), el mal que lo impregna todo.



Fuente: Reflexionesdesdeanarres.blogspot.com