November 22, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
212 puntos de vista


Juan Hdez. Vigueras

Los EEUU gastaron m谩s de 2,2 billones (trillion) de d贸lares en la guerra de Afganist谩n y la mayor parte de esa cuant铆a regres贸 a los propios bolsillos estadounidenses por la v铆a de las empresas privadas contratistas, cuyas acciones cotizan en Wall Street. De modo que si Vd. invirti贸 10,000 d贸lares en acciones de los cinco principales contratistas de defensa de Estados Unidos en 2021, el d铆a en que comenz贸 la guerra en Afganist谩n; y reinvirti贸 fielmente todos los dividendos, ahora su cartera valdr铆a casi 100.000 d贸lares.

El escritor estadounidense de origen liban茅s, Nassim Nicholas Taleb, autor de Black Swan, recientemente describ铆a esa guerra de Afganist谩n como 鈥渆n gran parte una transferencia de riqueza de los contribuyentes estadounidenses a los contratistas militares鈥, seg煤n recordaba Newsweek el 11/9/2021. Y el comentario se sumaba a los de otros observadores que se han concentrado en el papel de los contratistas militares. Saqib Qureshi, profesor visitante de la London School of Economics, escribi贸 un reciente art铆culo de opini贸n en Newsweek titulado 鈥淟os talibanes no ganaron en Afganist谩n, sino los contratistas de defensa鈥. Y en Twitter, muchos respondieron a la publicaci贸n de Taleb se帽alando que el fundador de Wikileaks, Julian Assange, afirm贸 hace a帽os que el objetivo en Afganist谩n 鈥渆s tener una guerra sin fin, no una guerra exitosa鈥, con el fin establecer 鈥渦n centro de lavado de dinero sucio para las bases impositivas tanto de Estados Unidos como de Europa y para canalizar este lucro inmundo a lo que llam贸 la 鈥溍﹍ite de seguridad transnacional鈥.

Los costes de la guerra y los suministros de EEUU a Afganist谩n.

Seg煤n las agencias gubernamentales estadounidenses directamente involucradas en la guerra de Afganist谩n, incluido el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el Departamento de Estado, USAID/ La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y entidades similares, se han gastado aproximadamente 887.000 millones de d贸lares en el pa铆s; sin embargo, con los gastos indirectos agregados, se estima que el costo total de la guerra en Afganist谩n ser谩 de m谩s de 2.26 billones de d贸lares. (Afghanistan war made US militarycontractors wealthy). Sin embargo, otras informaciones elevan la cifra hasta acercarse a los 3 billones (trillion) de d贸lares, dependiendo de los elementos incluidos y el periodo de c贸mputo considerado.

Lo cierto es que las tropas estadounidenses derribaron un gobierno de talibanes apenas armado en 2001; y en 2021 han dejado en el poder un gobierno de talibanes con un ej茅rcito pertrechado de armamento moderno suministrado por los EEUU. Con la retirada de las tropas extranjeras, los talibanes se han apoderado de las armas estadounidenses que quedaron abandonadas en Afganist谩n por valor de miles de millones, posiblemente incluidos 600.000 rifles de asalto, unos 2.000 veh铆culos blindados y 40 aviones de combate, incluidos los helic贸pteros de combate Black Hawks, seg煤n los informes oficiales recogidos por la prensa estadounidense.

Entre 2002 y 2017 Estados Unidos entreg贸 al ej茅rcito afgano unos 28000 millones de d贸lares en armamento, incluidos siete helic贸pteros nuevos entregados a Kabul en julio 2021. Estos 煤ltimos suministros de guerra incluyen tambi茅n al menos 600.000 armas de infanter铆a, incluidos rifles de asalto M16, as铆 como 162.000 piezas de equipo de comunicaci贸n y 16.000 gafas de visi贸n nocturna.

En solo dos a帽os, de 2017 a 2019, EEUU entreg贸 7.035 ametralladoras, 4.702 veh铆culos multiprop贸sito 4脳4 Humvees, 20.040 granadas de mano, 2.520 bombas y 1.394 lanzagranadas, citando un informe de 2020 de la Inspecci贸n General Especial para la Reconstrucci贸n de Afganist谩n (SIGAR).

Durante los veinte a帽os, los suministros de producci贸n estadounidense para la guerra y 鈥渞econstrucci贸n鈥 de Afganist谩n incluyeron no solo armamento, uniformes y pertrechos para el supuesto nuevo ej茅rcito afgano sino elementos de log铆stica, materiales e instalaciones para la construcci贸n de bases militares. Todas esas operaciones ten铆an lugar con la autorizada e imprescindible colaboraci贸n de las empresas privadas contratadas, especializadas en los suministros para el Departamento de Defensa.

Una guerra privatizada con subcontratas

En estos 煤ltimos a帽os, ya hab铆a ido creciendo cada vez m谩s el debate sobre la privatizaci贸n de la guerra en Afganist谩n; e incluso los congresistas dem贸cratas se comprometieron a poner fin a las llamadas 鈥済uerras para siempre鈥. En 2016, uno de cada cuatro empleados estadounidenses en Irak y Afganist谩n era un contratista privado. Esto significaba que la guerra ya estaba siendo subcontratada, pero los acad茅micos, los medios de comunicaci贸n y el p煤blico en general no sab铆an casi nada al respecto. Debido a que los contratistas operan en las sombras, sin una supervisi贸n p煤blica efectiva, permiten que los legisladores disfruten de su ignorancia sobre la realidad de las operaciones militares subcontratadas. Asimismo, la simple verdad es que desde los comienzos el p煤blico dispuso de pocos datos fiables sobre este sector. Lo cierto es ni en los medios de informaci贸n ni en las Universidades se plantearon las preguntas m谩s b谩sicas sobre si el empleo de contratistas privados funcionaba mejor que el personal militar o las fuerzas locales, o si realmente funcionaban.

Citemos, no obstante, que un grupo de soci贸logos investigaron la privatizaci贸n de la seguridad y sus implicaciones en Afganist谩n, cuyo resultado fue publicado en la revista trimestral Armed Forces and Society, de la Universidad de Texas (6/12/2019), revelando por primera vez algunos de los aspectos de esta fuerza laboral y empresarial en gran parte invisible.

Seg煤n nos cuentan, un gran obst谩culo para esta investigaci贸n fueron las lagunas en los datos. En primer lugar, les result贸 dif铆cil obtener datos sobre contratistas militares privados, principalmente debido a los secretos comerciales patentados. Porque, a pesar de que esas empresas act煤an como representantes del Estado, legalmente no est谩n obligadas a compartir informaci贸n con el p煤blico sobre sus actuaciones, organizaci贸n o su fuerza laboral.

De modo que la informaci贸n publicada ha sido muy limitada. No hay una relaci贸n detallada de las pr谩cticas, la fuerza laboral, las malas conductas o los contratos de la industria militar privada. Siete a帽os despu茅s de iniciada la guerra en Afganist谩n, en 2008, el Congreso cre贸 una nueva agencia estatal, la Oficina del Inspector General Especial para la Reconstrucci贸n de Afganist谩n (SIGAR) con sede en Virginia y oficina en Kabul, con la finalidad de llevar a cabo una supervisi贸n independiente y objetiva de los proyectos y actividades de la denominada 鈥渞econstrucci贸n鈥 de Afganist谩n, promoviendo la eficiencia y efectividad de los programas de reconstrucci贸n y detectar y prevenir el desperdicio, el fraude y abuso, seg煤n se afirma en la web oficial.

Pero nada indica que lo informes trimestrales de SIGAR al Congreso tuvieran mucho eco p煤blico, aunque en los mismos haya quedado constancia de las frecuentes irregularidades y malversaci贸n del dinero del contribuyente estadounidense en Afganist谩n. Un informe de 2018 revel贸 que hab铆an desaparecido unos 11.000 millones de d贸lares en despilfarro, fraude y mal uso de fondos p煤blicos. En videos de tv extranjeras podemos contemplar al ej茅rcito afgano con uniformes de camuflaje para terrenos boscosos que les proporcionaron los estadounidenses, aunque este pa铆s de Asia Central, des茅rtico y monta帽oso, los bosques solamente suponen un 2 por ciento del territorio. Otro ejemplo lo expone en dicha web una nota de prensa del Departamento de Justicia (18//2018) que relata el caso de un ex contratista del gobierno que fue declarado culpable por su intervenci贸n en un plan para transformar ilegalmente en propiedad privada, bienes del gobierno de EEUU de la base a茅rea militar de Kandahar, Afganist谩n; bienes que enviaba para su reventa a su domicilio en Arizona.

La importancia de los contratistas militares queda de manifiesto en el hecho de que en mayo de 2021, meses antes de la desordenada retirada de las tropas estadounidenses, informaciones solventes constataban que las autoridades planteaban la posibilidad de que los contratistas se mantuvieran sobre el territorio afgano con posterioridad a la retirada de las tropas. E incluso, los contratistas que conformaban la fuerza m谩s grande de EEUU en Afganist谩n estaban reforzando su presencia justo a tiempo para tapar el vac铆o que podr铆a quedar tras la retirada de las tropas estadounidenses. Por supuesto los hechos desmintieron tales previsiones.

Los contratistas constitu铆an, pues, una fuerza relevante de la que depend铆an los

gobiernos de Estados Unidos y Afganist谩n, y los contratos en el propio pa铆s fueron un gran negocio para Estados Unidos, seg煤n estas informaciones. El Departamento de Defensa empleaba en esas fechas tard铆as a m谩s de 16.000 contratistas en Afganist谩n, de los cuales 6.147 eran ciudadanos estadounidenses, m谩s del doble de las tropas estadounidenses restantes.

Al igual que el personal de la CIA, a los contratistas privados resulta casi imposible seguirles la pista y, por principio, no se cuentan mientras prestan apoyo a los militares con funciones log铆sticas como el transporte. Por ejemplo se cita a la Base A茅rea de Bagram, un monstruoso basti贸n estadounidense que en alg煤n momento lleg贸 a albergar 40.000 militares y contratistas civiles; y en el punto 谩lgido de la guerra, se estim贸 que m谩s de 12.000 afganos trabajaban en esa Base militar, la m谩s importante; pero sin mayores precisiones respecto a los contratistas. En algunos otros casos, la raz贸n estaba clara porque estos ten铆an papeles m谩s turbios en el sombr铆o mundo de las operaciones encubiertas y de los mercenarios. Otros ayudaban a operar con los mil millones de d贸lares en equipos y armamento pesado estadounidenses dentro del ej茅rcito afgano: los contratistas prestaban todo el mantenimiento de los helic贸pteros Black Hawk y los aviones de carga C-130 de la Fuerza A茅rea afgana fabricados en EEUU. Los controladores de tr谩fico a茅reo en los aeropuertos del pa铆s eran contratistas internacionales, sin que se dispusiera de un grupo de mano de obra local afgana capacitada para tales tareas.

Esa demanda podr铆a ser satisfecha por la industria de miles de millones de d贸lares de contratistas militares privados, ya que no computaban como 鈥渂otas sobre el terreno鈥, pero ofrec铆an el mismo nivel y variedad de habilidades, lo que supon铆a un coste pol铆tico mucho menor y con una dosis de secreto. Las l铆neas que diferencian a estos contratistas de los mercenarios son borrosas. Mientras los contratistas militares privados se consideran legales, los mercenarios est谩n prohibidos por la legislaci贸n internacional y estadounidense, algo que le caus贸 problemas al m谩ximo ejecutivo de Blackwater cuando se descubri贸 que estaba entrenando y constituyendo ej茅rcitos privados en Irak y Libia y que ten铆a planes de privatizar en mayor grado la guerra en Afganist谩n.

La respetada ONG estadounidense The Center for Public Integrity compil贸 los principales contratistas de defensa que se beneficiaron de los conflictos en Afganist谩n y en Irak. (Top 100 Contractors in Irak y Afghanistan) .Y elabor贸 una lista a partir de datos sobre las transacciones contractuales ejecutadas en los a帽os 2004, 2005 y 2006, que ten铆an como lugar de ejecuci贸n Irak o Afganist谩n; los datos disponibles en el Sistema de Datos de Adquisiciones Federales de la Administraci贸n de Servicios Generales, se limitan a los 100 proveedores que reciben los fondos m谩s comprometidos durante este per铆odo de tres a帽os. Este listado fue publicado primero en 2007 y posteriormente actualizado para 2014 con datos del nuevo proceso de contrataci贸n establecido, que era ya m谩s transparente. Sobre esos datos de los contratos registrados, los expertos del Centro identificaron las empresas matrices de las distintas divisiones y filiales contratantes, utilizando fuentes oficiales. Entre los 100 principales contratistas de la Defensa figuran nombres muy conocidos como Blackwater USA; Lockheed Martin; Odebrecht-Austin Joint Venture; ITT Corporation; General Dynamics; o Boeing Company; junto a otros menos conocidos. Todos estos grupos empresariales est谩n presentes en las Bolsas de Nueva York, donde cotizan sus acciones.

La alta rentabilidad de las acciones de los contratistas.

La guerra de Afganist谩n ha sido un escandaloso fracaso para los EEUU pero no para las cinco grandes empresas contratistas y sus accionistas, seg煤n el an谩lisis de la revista cr铆tica e independiente the Intercept. (Jon Schwarz, Afghanistan War Has Been Hugely Profitable)

Si Vd. invirti贸 10,000 d贸lares en acciones repartidos equitativamente entre los cinco principales contratistas de defensa de Estados Unidos el 18 de septiembre de 2001, el d铆a en que el presidente George W. Bush firm贸 la Autorizaci贸n para el uso de la fuerza militar en respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre, y reinvirti贸 fielmente todos los dividendos, ahora su paquete de acciones valdr铆a 97,295 d贸lares, casi 100.000 d贸lares.

Este es un rendimiento mucho mayor que el disponible en el mercado de valores en general durante el mismo per铆odo. Los 10,000 d贸lares invertidos en una cartera del 铆ndice burs谩til S&P 500 el 18 de septiembre de 2001, ahora valdr铆an 61,613 d贸lares. Es decir, las acciones de defensa superaron al mercado de valores en general en un 58 por ciento durante la guerra de Afganist谩n.

Adem谩s, dado que los cinco principales contratistas de defensa m谩s importantes (Boeing, Raytheon, Lockheed Martin, Northrop Grumman y General Dynamics) son, por supuesto, parte del 脥ndice burs谩til S&P 500, las empresas restantes obtuvieron retornos m谩s bajos que los retornos generales del 铆ndice S&P referido.

Estas cifras sugieren que es incorrecto concluir que la toma inmediata de Afganist谩n por los talibanes tras la salida de Estados Unidos significa que la guerra de Afganist谩n haya sido fracaso. Por el contrario, desde la perspectiva de algunas de las personas m谩s poderosas de Estados Unidos, puede haber sido un 茅xito extraordinario. En particular, para los consejos de administraci贸n de los cinco contratistas de defensa citados que incluyen oficiales militares jubilados de alto nivel, seg煤n la referida revista, que presenta los resultados espec铆ficos de esos principales contractors Y destaca que todos, a excepci贸n de Boeing, reciben gran parte de sus ingresos de gobierno estadounidense.

La simbiosis de gobernantes y la industria militar y financiera

M谩s all谩 de los datos concretos, estos resultados de la guerra de Afganist谩n solamente se entienden desde la situaci贸n de simbiosis de la industria b茅lica, como una realidad sociol贸gica y econ贸mica a la que en los c铆rculos cr铆ticos estadounidenses se ha venido haciendo referencia con la expresi贸n 鈥渢he Military-Industrial Complex鈥, que significa la relaci贸n c贸moda entre las partes que gestionan las guerras de los EEUU (las fuerzas armadas, la administraci贸n presidencial y el Congreso) m谩s las compa帽铆as fabricantes de armas y equipos de utilidad b茅lica, seg煤n se analiz贸 en un estudio del Institute for Policy Studies Para decirlo de modo sencillo, se refiere a la relaci贸n extremadamente fluida y amistosa entre empresas contratistas y gobernantes, en la que ambos lados est谩n asociados para el logro de 茅xitos para los planificadores de las guerras y de beneficios financieros para aquellos que integran los consejos de administraci贸n de las grandes corporaciones. Algo que podr铆a ser la versi贸n actualizada de la teor铆a de 鈥渓a guerra por el beneficio鈥.

A este respecto, conviene recordar que la expresi贸n Military-Industrial Complex qued贸 consagrada con el discurso de despedida (Farewell Address to the Nation) del Presidente Eisenhower, que hab铆a sido un laureado general durante la segunda guerra mundial que contribuy贸 a la derrota militar del nazismo en Europa. En su discurso del 17 de enero de 1961 denunci贸 ese entramado pol铆tico-industrial, advirtiendo al pueblo americano de la amenaza que supon铆a ese conglomerado para la acci贸n del gobierno democr谩tico:

鈥淓n las sesiones del gobierno, debemos guardarnos contra la adquisici贸n de una injustificada influencia, buscada o no, del complejo militar industrial. Existe y persistir谩 el potencial para la ascensi贸n desastrosa de un poder inapropiado. No debemos nunca permitir que el peso de este conglomerado haga peligrar nuestras libertades o los procesos democr谩ticos. No demos nada por descontado. 脷nicamente una ciudadan铆a informada y alerta podr谩 imponer el apropiado entramado de la enorme maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros objetivos y m茅todos pac铆ficos, de modo que la libertad y la seguridad prosperen juntas鈥.

Este conglomerado industrial y militar sobrevivi贸 al Presidente, que tras sus 茅xitos en la segunda guerra mundial hab铆a sido escogido por el partido republicano como candidato. Y este complejo de organizaciones y personajes estadounidenses creci贸 en su dimensi贸n econ贸mica, hasta el extremo que nos dice Joseph Stiglizt que 鈥渆n el 煤ltimo medio siglo ese complejo se ha extendido: los grupos de presi贸n que determinan las finanzas, la industria farmac茅utica, el petr贸leo y el di贸xido de carbono鈥, como ya analizamos en mi libro El casino que nos gobierna.

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Tomado de: https://asturbulla.org/wall-street-…




Fuente: Grupotortuga.com