May 24, 2022
De parte de La Peste
220 puntos de vista

Desde el momento en que el anarquismo se defini贸 por primera vez como un movimiento radical distinto, se asoci贸 con la izquierda, una asociaci贸n que siempre ha sido dif铆cil. Los izquierdistas en posiciones de autoridad (incluidos los que se llamaban a s铆 mismos anarquistas, como los l铆deres de la CNT y la FAI en Espa帽a en 1936-37) siempre consideraron los fines anarquistas, por ejemplo los de la transformaci贸n total de la vida o el consiguiente principio de que los fines deben existir ya en los medios, como obst谩culos para la realizaci贸n de sus programas pol铆ticos. La verdadera insurrecci贸n siempre estalla lejos y m谩s all谩 de cualquier programa pol铆tico, y los anarquistas m谩s consecuentes han visto la realizaci贸n de sus sue帽os precisamente en ese lugar desconocido m谩s all谩 de la pol铆tica. Sin embargo, una y otra vez, cuando el fuego de la insurrecci贸n se enfriaba (e incluso a veces, como en Espa帽a en 1936-37, mientras a煤n ard铆a), los l铆deres anarquistas retomaban su papel de 芦conciencia de la izquierda禄. Pero si la expansividad de los sue帽os anarquistas y los principios que implica siempre han sido un obst谩culo para los acuerdos pol铆ticos de la izquierda, estos acuerdos tambi茅n han sido siempre una carga mucho m谩s pesada en la espalda del movimiento anarquista, doblando sus rodillas con 芦realismo禄, impidi茅ndole so帽ar.

Para la izquierda, la lucha social contra la explotaci贸n y la opresi贸n es esencialmente un programa pol铆tico que debe alcanzarse por cualquier medio que sea conveniente. Tal concepci贸n requiere obviamente una metodolog铆a pol铆tica de lucha, y tal metodolog铆a est谩 necesariamente destinada a contradecir algunos principios anarquistas b谩sicos.

En primer lugar, la pol铆tica como categor铆a distinta de la existencia social es la separaci贸n de las decisiones que determinan nuestras vidas de la ejecuci贸n de esas decisiones. Esta separaci贸n radica en las instituciones que toman estas decisiones y las imponen. Por muy democr谩ticas o consensuadas que sean estas instituciones, la separaci贸n e institucionalizaci贸n inherente a la pol铆tica es siempre una imposici贸n, sencillamente porque exige que las decisiones se tomen antes de que se den las circunstancias a las que se aplican. Para ello es necesario establecer normas generales que deben aplicarse siempre, independientemente de las circunstancias concretas. Aqu铆 se siembran las semillas del pensamiento ideol贸gico, en el que las ideas gobiernan las actividades de los individuos en lugar de servirles en el desarrollo de sus propios proyectos, pero volver茅 sobre ello m谩s adelante.

De igual importancia para las perspectivas anarquistas es el hecho de que el poder reside necesariamente en esta toma de decisiones y en sus instituciones de aplicaci贸n. Y la concepci贸n izquierdista de la lucha social consiste precisamente en influir, reapropiarse o crear versiones alternativas de estas instituciones. En otras palabras, es una lucha para cambiar, no para destruir, las relaciones de poder institucionalizadas.

Esta concepci贸n de la lucha, con su base program谩tica, requiere una organizaci贸n como medio para librar esta lucha. La organizaci贸n representa la lucha, porque es la expresi贸n concreta de su programa. Si los que participan en ella definen este programa como revolucionario y anarquista, entonces la funci贸n de la organizaci贸n ser谩 representar la revoluci贸n y la anarqu铆a, y la fuerza de la organizaci贸n se equiparar谩 con la fuerza de las luchas revolucionarias y anarquistas.

La revoluci贸n espa帽ola nos proporciona un claro ejemplo, la direcci贸n de la CNT, despu茅s de haber empujado a los obreros y campesinos de Catalu帽a a expropiar los medios de producci贸n (por ejemplo, los de las armas con las que formaban sus milicias), no disolvi贸 la organizaci贸n para permitir a los trabajadores explorar la recreaci贸n de la vida social en sus propios t茅rminos, prefiriendo asumir la direcci贸n y gesti贸n de la producci贸n. Esta confusi贸n entre la gesti贸n del sindicato y la autogesti贸n de los trabajadores tuvo resultados que pueden ser estudiados por quienes est茅n dispuestos a mirar cr铆ticamente estos acontecimientos.

Cuando la lucha contra el orden existente se separa as铆 de los individuos que la libran y se pone en manos de la organizaci贸n, deja de ser el proyecto autodeterminado de estos individuos para convertirse en una causa externa a la que simplemente se adhieren. Como esta causa se equipara con la organizaci贸n, la actividad principal de los individuos que se adhieren a ella es el mantenimiento y la expansi贸n de la organizaci贸n.

De hecho, la organizaci贸n de la izquierda es el medio por el que la izquierda pretende transformar las relaciones de poder institucionalizadas. Poco importa si esto se hace apelando a la direcci贸n actual y ejerciendo el derecho democr谩tico, mediante la conquista electoral o violenta del poder del Estado, mediante la expropiaci贸n institucional de los medios de producci贸n o mediante una combinaci贸n de todos estos medios a la vez.

Para conseguirlo, la organizaci贸n intenta transformarse en un poder alternativo o en un contrapoder. Por eso tiene que abrazar la ideolog铆a actual del poder gobernante, es decir, la democracia.

La democracia es ese sistema de toma de decisiones separado e institucionalizado que requiere la creaci贸n de un consenso social. Aunque el poder siempre reside en la coacci贸n y la restricci贸n, en la estructura democr谩tica se justifica sobre todo por el consentimiento que puede obtener. Por eso es necesario que la izquierda reclute el mayor n煤mero posible de adeptos, n煤meros que se correspondan con el apoyo a sus programas. As铆, en su abrazo a la democracia, la izquierda debe abrazar la ilusi贸n cuantitativa.

El deseo de ganar adeptos exige bajar al m铆nimo com煤n denominador. As铆, en lugar de perseverar en una exploraci贸n te贸rica vital, la izquierda desarrollar谩 un conjunto de doctrinas simplistas y maniqueas, basadas en la demonizaci贸n y la letan铆a, con la esperanza de provocar una adhesi贸n masiva a sus programas. Cualquier cuestionamiento o exploraci贸n fuera de esta estructura ideol贸gica se condena con vehemencia, e incluso puede parecer incomprensible. La incapacidad de explorar seriamente la teor铆a es el precio de aceptar la ilusi贸n cuantitativa de que el n煤mero de adherentes, independientemente de su pasividad e ignorancia, es un reflejo de un movimiento fuerte, independientemente de la calidad y coherencia de las ideas y pr谩cticas.

La necesidad pol铆tica de apelar 芦a las masas禄 tambi茅n empuja a la izquierda a utilizar el m茅todo, poco a poco, de pedir a los l铆deres en su lugar. Este m茅todo es totalmente compatible con el proyecto de transformaci贸n de las relaciones de poder, precisamente porque no desaf铆a estas relaciones en sus ra铆ces.

De hecho, al reclamar a los que est谩n en el poder, da a entender que los simples ajustes (aunque a veces extremos) de las relaciones actuales son suficientes para la realizaci贸n de los programas de la izquierda. Lo que no se cuestiona en este m茅todo es el propio orden imperante, porque esto amenazar铆a la estructura pol铆tica de la izquierda.

Este enfoque desarticulado del cambio lleva impl铆cita la doctrina progresista. De hecho, es una de las etiquetas m谩s populares entre los izquierdistas de hoy en d铆a, que preferir铆an despedirse de las otras etiquetas, en su mayor铆a manchadas.

El progresismo es la idea de que el orden actual de las cosas es el resultado de un proceso (posiblemente 芦dial茅ctico禄) de mejora y que si nos lo proponemos (ya sea mediante el voto, las peticiones, los litigios, la desobediencia civil, la resistencia pasiva, la violencia pol铆tica o incluso la conquista del poder, de hecho: cualquier cosa que no sea su destrucci贸n), podr铆amos impulsar ese proceso a煤n m谩s. El concepto de progreso y el enfoque reivindicativo que es su expresi贸n pr谩ctica revelan otro aspecto cuantitativo de la concepci贸n izquierdista de la transformaci贸n social. Esta transformaci贸n es simplemente una cuesti贸n de grados, de posici贸n a lo largo de una trayectoria en movimiento. La soluci贸n es el ajuste adecuado. La reforma y la revoluci贸n son simplemente niveles diferentes de la misma actividad.

Tal es el sinsentido del izquierdismo, que sigue ciego ante la abrumadora evidencia de que la 煤nica trayectoria que llevamos, al menos desde los inicios del capitalismo y el industrialismo, es el creciente empobrecimiento de lo existente, y que esto no puede ser reformado.

El enfoque reformista y la necesidad pol铆tica de categorizar tambi茅n lleva a la izquierda a valorar a las personas en funci贸n de su pertenencia a diversos grupos espec铆ficos de oprimidos y explotados, como 芦trabajadores禄, 芦mujeres禄, 芦personas de color禄, 芦gays禄 y 芦lesbianas禄, etc. Esta categorizaci贸n es la base de la pol铆tica de identidad, y la pol铆tica de identidad es una forma de falsa oposici贸n por la que los oprimidos deciden identificarse con una categor铆a social concreta, reforzando su opresi贸n, pero fingiendo un supuesto acto de desaf铆o contra su opresi贸n. De hecho, la continua identificaci贸n con este papel social limita la capacidad de quienes practican la pol铆tica de la identidad para analizar en profundidad su situaci贸n en esa sociedad y actuar como individuos contra su opresi贸n. Garantiza as铆 la continuidad de las relaciones sociales que son la causa de su opresi贸n.

Cuando las personas se definen 煤nicamente como miembros de categor铆as oprimidas, se convierten en peones de las maniobras pol铆ticas de la izquierda, porque esas categor铆as sociales asumen el papel de grupos de presi贸n, de lobbies, y hacen el juego a la estructura democr谩tica.

La l贸gica pol铆tica de las izquierdas, con sus exigencias organizativas, su adhesi贸n a la democracia, la ilusi贸n cuantitativa y la valorizaci贸n de ciertas personas seg煤n su mera pertenencia a categor铆as sociales, es colectivista en s铆 misma, suprimiendo al individuo como tal.

Esto se expresa en el llamamiento a los individuos para que se sacrifiquen a diversas causas, programas y organizaciones de la izquierda. Detr谩s de estos llamamientos est谩n las ideolog铆as manipuladoras de la identidad colectiva, la responsabilidad colectiva y la culpa colectiva. Los individuos definidos como pertenecientes a un grupo 芦privilegiado禄 鈥 芦heterosexual禄, 芦blanco禄, 芦masculino禄, 芦occidental禄, 芦de clase media禄- son considerados responsables de toda la opresi贸n atribuida a ese grupo. Luego se les manipula para que exp铆en esos 芦cr铆menes禄, dando su apoyo acr铆tico a los movimientos de los m谩s oprimidos que ellos. Los individuos que se definen 煤nicamente como parte de un grupo oprimido son manipulados para que acepten una identidad colectiva, con su obligada 芦solidaridad禄: solidaridad femenina, nacionalismo negro, identidad queer, etc. Si rechazan o incluso critican profunda y radicalmente esta identidad de grupo, se entender谩 como una aceptaci贸n de la opresi贸n.

De hecho, el individuo que act煤a solo (o s贸lo con aquellos con los que ha desarrollado una afinidad real) contra su opresi贸n y explotaci贸n tal y como la experimenta en su vida, es acusado de 芦individualismo burgu茅s禄, a pesar de que est谩 luchando precisamente contra la alienaci贸n, la separaci贸n y la atomizaci贸n que es el resultado inherente de la actividad social colectiva y alienante que el Estado y el capital -la llamada 芦sociedad burguesa禄- nos imponen.

Dado que el izquierdismo es la percepci贸n activa de la lucha social como programa pol铆tico, es ideol贸gico hasta la m茅dula. La lucha de las izquierdas no proviene de los deseos, necesidades y sue帽os de los individuos explotados, oprimidos, dominados y despose铆dos por esta sociedad. No es la actividad de las personas que se esfuerzan por reapropiarse de sus propias vidas y buscan las herramientas para hacerlo. Es un programa formulado en las mentes de los l铆deres de izquierda o en reuniones organizativas que existen por encima y por delante de las luchas individuales de la gente, y al que 茅stas deben subordinarse. Independientemente de las consignas del programa -socialismo, comunismo, anarquismo, solidaridad de las mujeres, pueblos africanos, derechos de los animales, liberaci贸n de la tierra, primitivismo, autogesti贸n de los trabajadores, etc., etc.- no proporciona a los individuos una herramienta para utilizar en sus propias luchas contra la dominaci贸n, sino que requiere que los individuos intercambien la dominaci贸n del orden dominante con la dominaci贸n del programa de izquierdas. En otras palabras, requiere que los individuos sigan renunciando a su capacidad de determinar su propia existencia.

En el mejor de los casos, el empe帽o anarquista ha sido siempre la transformaci贸n total de la existencia a partir de la reapropiaci贸n de la propia vida por parte de cada individuo, actuando en libre asociaci贸n con los de su elecci贸n. Esta visi贸n se encuentra en los escritos m谩s po茅ticos de casi todos los anarquistas conocidos, y es lo que ha hecho del anarquismo 芦la conciencia de la izquierda禄. Pero 驴de qu茅 sirve ser la conciencia de un movimiento que no quiere ni puede compartir la amplitud y la profundidad de nuestros sue帽os, si por el contrario queremos comprenderlos? En la historia del movimiento anarquista, aquellas perspectivas y pr谩cticas cercanas a la izquierda, como el anarcosindicalismo y el plateformismo, siempre han contenido menos sue帽os que programas.

Ahora que el izquierdismo ha dejado de ser una fuerza significativa separada del resto de la esfera pol铆tica, al menos en Occidente, no hay ninguna raz贸n para seguir llevando esta carga sobre nuestros hombros. La realizaci贸n de los sue帽os anarquistas, de los sue帽os de cada individuo todav铆a capaz de so帽ar y de desear independientemente ser los creadores aut贸nomos de sus propias existencias, requiere una ruptura consciente y rigurosa con la izquierda.

Podemos intentar establecer aqu铆 una base m铆nima para esta ruptura:

-I-

El rechazo de una percepci贸n pol铆tica de la lucha social; el reconocimiento de que la lucha revolucionaria no es un programa, que es la lucha por la reapropiaci贸n individual y social de la totalidad de la vida. Por lo tanto, es antipol铆tica en s铆 misma. En otras palabras, se opone a cualquier forma de organizaci贸n social -y a cualquier m茅todo de lucha- en la que las decisiones sobre c贸mo vivir y luchar est茅n separadas de la ejecuci贸n de esas decisiones, por muy democr谩tico y participativo que sea ese proceso de decisi贸n separado.

-II-

El rechazo a la organizaci贸n, es decir, el rechazo a la idea de que cualquier organizaci贸n pueda representar a los individuos explotados, a los grupos, a la lucha social, a la revoluci贸n o a la anarqu铆a. Tambi茅n, por tanto, el rechazo a todas las organizaciones formales -partidos, sindicatos, federaciones y otras formas similares- que, por su car谩cter program谩tico, asumir谩n necesariamente un papel de representaci贸n. Esto no significa el rechazo de la capacidad de organizar las actividades espec铆ficas necesarias para la lucha revolucionaria, sino el rechazo de la sumisi贸n de la organizaci贸n al formalismo de un programa organizativo. Lo 煤nico que requiere una organizaci贸n formal es el desarrollo y el mantenimiento de una organizaci贸n formal.

-III-

El rechazo de la democracia y la ilusi贸n cuantitativa. El rechazo de la visi贸n de que el n煤mero de adherentes a una causa, una idea o un programa es lo que determina la fuerza de la lucha, en lugar del valor cualitativo de las pr谩cticas de lucha como ataque a las instituciones de dominaci贸n y como reapropiaci贸n de nuestras vidas. El rechazo de cualquier institucionalizaci贸n o formalizaci贸n de la toma de decisiones y, de hecho, de cualquier concepci贸n de la toma de decisiones como un momento separado de la vida y la pr谩ctica. El rechazo, tambi茅n, del m茅todo evang茅lico de intentar convencer a las masas. Este m茅todo supone que la exploraci贸n te贸rica ha llegado a su fin, que tenemos la respuesta a la que todo el mundo debe adherirse y que, por tanto, todos los medios son aceptables para difundir el mensaje, incluso si estos medios contradicen nuestros fines. Esto nos lleva a la b煤squeda de disc铆pulos que acepten nuestras posiciones en lugar de compa帽eros y c贸mplices con los que continuar nuestras exploraciones. La pr谩ctica y la lucha por hacer que nuestras perspectivas sean tan efectivas como podamos, y con medios coherentes con nuestros fines, sue帽os y deseos, puede atraer a posibles c贸mplices con los que desarrollar relaciones de afinidad y extender las pr谩cticas de revuelta.

-IV-

El rechazo a las reivindicaciones del poder, prefiriendo las pr谩cticas de acci贸n directa y de ataque. El rechazo de la idea de que podemos realizar nuestro deseo de autodeterminaci贸n a trav茅s de servicios demandados que, en el mejor de los casos, s贸lo ofrecer谩n un ajuste temporal a la nocividad del orden social del capital. El reconocimiento de la necesidad de atacar esta sociedad en su totalidad, de realizar una conciencia pr谩ctica y te贸rica en cada lucha parcial de la totalidad que debe ser destruida. Por lo tanto, tambi茅n, la capacidad de ver lo que es potencialmente revolucionario 鈥 lo que ha ido m谩s all谩 de la l贸gica reformista de las demandas 鈥 en las luchas sociales parciales, ya que despu茅s de todo, cada ruptura radical o insurreccional fue provocada por una lucha que comenz贸 como un intento de ganar demandas parciales, pero que se movi贸 en la pr谩ctica de una demanda de lo que se desea a su apropiaci贸n directa, y m谩s.

-V-

El rechazo de la idea de progreso, de la idea de que el orden actual de las cosas es el resultado de un proceso continuo de mejora que podemos llevar a煤n m谩s lejos, probablemente hasta su apoteosis, si nos esforzamos. El reconocimiento de que la trayectoria actual -que los gobernantes y sus leales opositores reformistas y 芦revolucionarios禄 llaman 芦progreso禄- es intr铆nsecamente perjudicial para la libertad individual, la libre asociaci贸n, las relaciones humanas sanas, la totalidad de la vida y el propio planeta. El reconocimiento de que hay que detener esta trayectoria y experimentar nuevas formas de vida reinventando las relaciones es ineludible si queremos hacer realidad nuestra plena autonom铆a y libertad. (Esto no conduce necesariamente a un rechazo frontal de la tecnolog铆a y la civilizaci贸n, tal rechazo no es el resultado final de una ruptura con la izquierda, pero el rechazo del progreso significa ciertamente una disposici贸n a examinar seriamente la civilizaci贸n y la tecnolog铆a, y especialmente el industrialismo, de forma cr铆tica. Aquellos que no se sientan inclinados a plantear estas cuestiones seguir谩n, con toda probabilidad, aferr谩ndose al mito del progreso).

-VI-

El rechazo de la pol铆tica de identidad. El reconocimiento de que, si bien los diversos grupos oprimidos experimentan la desposesi贸n en formas espec铆ficas a su opresi贸n, el an谩lisis de estas especificidades es necesario para comprender plenamente el funcionamiento de la dominaci贸n, sin embargo, la desposesi贸n es fundamentalmente el robo de la capacidad de cada uno de nosotros, como individuos, para crear nuestras vidas en nuestros propios t茅rminos en libre asociaci贸n con otras individualidades. La reapropiaci贸n de la vida social, as铆 como la reapropiaci贸n de la vida en su conjunto, s贸lo puede tener 茅xito cuando dejamos de identificarnos principalmente en t茅rminos de nuestras identidades sociales.

-VII-

Rechazo del colectivismo, de la subordinaci贸n del individuo al grupo social. El rechazo de la ideolog铆a de la responsabilidad colectiva. Se trata de un rechazo que no significa el rechazo del an谩lisis social, sino la eliminaci贸n del juicio moral de dicho an谩lisis, y el rechazo de la peligrosa pr谩ctica de culpar a los individuos de las actividades que se han hecho en su supuesto nombre o que se les atribuyen err贸neamente seg煤n una categor铆a social de la que se dice que forman parte, sin haber hecho ninguna elecci贸n al respecto -por ejemplo, 芦el jud铆o禄, 芦el gitano禄, 芦el macho禄, 芦el blanco禄, etc. El rechazo de la idea de que cualquier persona, ya sea como resultado del 芦favoritismo禄 social o de la supuesta pertenencia a un grupo oprimido en particular, debe una solidaridad acr铆tica a cualquier lucha o movimiento, y el reconocimiento de que tal concepci贸n es un obst谩culo importante para cualquier pensamiento revolucionario serio. La creaci贸n de proyectos y actividades colectivas al servicio de las necesidades y deseos de los individuos implicados, y no al rev茅s. El reconocimiento de que la alienaci贸n fundamental impuesta por el capital no se basa en ninguna ideolog铆a hiperindividualista que promueva, sino en el proyecto colectivo de producci贸n que impone, que expropia nuestras capacidades creativas e individuales para cumplir sus objetivos. El reconocimiento de la liberaci贸n de cada individuo para poder determinar las condiciones de su existencia en libre asociaci贸n con otros individuos de su elecci贸n -es decir, la reapropiaci贸n individual y social de la vida- como objetivo principal de toda revoluci贸n.

-VIII-

El rechazo de la ideolog铆a, es decir, el rechazo de todo programa, idea, abstracci贸n, ideal y teor铆a que se sit煤e por encima de la vida y de los individuos como un constructo al que hay que servir. El rechazo, por tanto, de Dios, del Estado, de la Naci贸n, de la Raza, etc., pero tambi茅n del Primitivismo, del Comunismo, del Anarquismo, de la Libertad, de la Raz贸n, del Individuo, etc., cuando 茅stos se convierten en ideales por los que debemos sacrificar nuestras vidas, deseos, aspiraciones y sue帽os. El uso de las ideas, el an谩lisis te贸rico y la capacidad de razonar y pensar cr铆ticamente en abstracto deben ser herramientas para entender los propios objetivos, para reapropiarse de la propia vida y actuar contra lo que bloquea esta reapropiaci贸n. El rechazo de las respuestas f谩ciles que se convierten en anteojeras ante cualquier intento de examinar la realidad a la que nos enfrentamos, en favor del cuestionamiento continuo, la duda y la exploraci贸n te贸rica.

***

Para m铆, esto es lo que constituye una verdadera ruptura con la pol铆tica, con la izquierda. All铆 donde falta alguno de estos rechazos -en la teor铆a y en la pr谩ctica- permanecen los vestigios de la izquierda, y esto es un obst谩culo para nuestro proyecto de liberaci贸n. Dado que esta ruptura con la izquierda se basa en la necesidad de liberar la pr谩ctica de la anarqu铆a de los confines y l铆mites de la pol铆tica, no es ciertamente para abrazar a la derecha o a cualquier otra parte del espectro pol铆tico. M谩s bien, es un reconocimiento de que una lucha por la transformaci贸n de la totalidad de la vida, una lucha por recuperar el control de cada una de nuestras vidas en un movimiento colectivo para la realizaci贸n individual, s贸lo puede ser obstaculizada por los programas pol铆ticos, las organizaciones 芦revolucionarias禄 y las construcciones ideol贸gicas a las que tendr铆amos que estar subordinados, porque 茅stas tambi茅n, como el Estado y el capital, exigen que les entreguemos nuestras vidas en lugar de recuperar el control.

Nuestros sue帽os son demasiado grandes para los estrechos l铆mites del realismo pol铆tico. Deber铆amos haber dejado atr谩s la izquierda hace mucho tiempo para continuar nuestro alegre camino hacia lo desconocido de la insurrecci贸n y la creaci贸n de vidas plenas y autodeterminadas.

Wolfi Landstreicher

Traducido por Jorge Joya

Original:

Fuente: https://www.meneame.net


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Fuente: Lapeste.org