October 25, 2022
De parte de Asociacion Germinal
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Fragmento del libro 鈥淯na hist貌ria cr铆tica de les esquerres鈥 (Edicions El Jonc, 2019), de Xavier Diez, traducido al castellano. El autor ha publicado otros libros como 鈥淓l anarquismo individualista en Espa帽a, 1923-1938鈥, 鈥淰enjan莽a de classe. Causes profundes de la viol猫ncia revolucion脿ria a la Catalunya de 1936鈥, 鈥淎narquisme, fet diferencial catal脿. Influ猫ncia i llegat de l鈥檃narquisme en la hist貌ria i la societat catalana contempor脿nia鈥, 鈥淓l pensament pol铆tic de Salvador Segu铆鈥, 鈥淯topia sexual a la premsa anarquista de Catalunya鈥濃


La defensa de las personas migrantes, que normalmente se encuentran en una situaci贸n de vulnerabilidad, en algunos puntos extrema y que, por lo tanto, entra dentro del campo de la m谩s elemental justicia social, a menudo ni ha sido bien entendida ni tampoco demasiado bien gestionada por parte de la izquierda. La necesidad l贸gica de trabajar por el respeto y el reconocimiento de personas que, o bien se han visto obligadas a abandonar su lugar de procedencia, o bien prueban suerte buscando oportunidades, se ha entendido por parte de amplios sectores populares como defensa de la inmigraci贸n per se, y en un contexto de polarizaci贸n social y material global, el fantasma de la competencia por recursos menguantes se ha levantado como peligro, m谩s imaginario que real, por aventureros pol铆ticos demagogos y reaccionarios 鈥搎ue podr铆an tener claros exponentes en las figuras de Donald Trump, Viktor Orban o Matteo Salvini. As铆, se ha generado un discurso, compartido crecientemente entre los electorados occidentales, que las izquierdas dan preferencia a los inmigrantes respecto a los aut贸ctonos. Las dificultades por establecer un relato convincente sobre la cuesti贸n, o quiz谩s la mala conciencia hist贸rica, ha potenciado una imagen de la izquierda como defensora acr铆tica de la inmigraci贸n, y esto ha provocado una creciente divisi贸n 鈥搚 tensi贸n entre unas clases populares asustadas ante las hostiles transformaciones fruto de la globalizaci贸n, y desmoralizadas por la degradaci贸n de su condici贸n despu茅s de d茅cadas de neoliberalismo.

La buena intenci贸n de gestionar un fen贸meno como este no tiene consciencia ni de los precedentes hist贸ricos (la inmigraci贸n suele ser un mecanismo de las sociedades emisoras para aliviar tensiones sociales con el fin de que las minor铆as dominantes puedan mantener sus privilegios) ni de las consecuencias objetivas (tiende a desestabilizar el mercado laboral). En el deseo de captar nuevos proletarios y proyectar de manera inconsciente el mito del buen salvaje, no siempre se es consciente de que buena parte de los reci茅n llegados a menudo tienen objetivos y valores diferentes a los defendidos por las izquierdas. En primer lugar, y por regla general, hacen en esfuerzo y corren riesgos (a menudo mortales) de emigrar con el objetivo de una prosperidad econ贸mica, que normalmente les eleve de categor铆a social respecto a sus iguales. Los esfuerzos se suelen centrar en la b煤squeda del 茅xito material, aunque la gran mayor铆a fracasa, porque este juego perverso est谩 dise帽ado para que se pierda. Es m谩s, la inmigraci贸n es dise帽ada para abaratar costes al capital o, recuperando a Marx y Engels, para proporcionar el ej茅rcito de reserva de los trabajadores. Ya en plena Revoluci贸n Industrial, los empresarios ingleses no dudaban en reclutar campesinos de la devastada Irlanda, v铆ctima de la Great Famine de mediados del siglo XIX para abaratar salarios en las ciudades brit谩nicas. Abolida la esclavitud, el Imperio Espa帽ol promovi贸 la emigraci贸n de gallegos o asi谩ticos en la isla de Cuba para mantener los salarios de subsistencia y condiciones de semiesclavitud en las plantaciones. Los Estados Unidos importaron trabajadores chinos, que mor铆an a miles, para construir el ferrocarril del oeste con la voluntad de hundir salarios e incrementar beneficios (y que, adem谩s, atizaban la competencia contra los inmigrantes irlandeses). Por otro lado, buena parte de la promoci贸n de la emigraci贸n femenina a Argentina ten铆a como destino llenar los burdeles de Buenos Aires.

A menudo la izquierda tiene mala memoria y olvida que resultaba tradicionalmente hostil al fen贸meno de la inmigraci贸n. En primer lugar, desde las sociedades emisoras, porque en los estratos m谩s bajos de la sociedad que probaban suerte en la otra punta del mundo, la inmigraci贸n supon铆a una picadora de carne humana, una maquinaria de destrucci贸n masiva que separaba familias o que implicaba el sacrificio de una o dos generaciones de pioneros. A menudo los incentivos a abandonar la propia tierra eran cantos de sirena que contrastaban con la explotaci贸n que les esperaba en el punto de llegada. Supon铆a un s铆ndrome de Ulises y un pesar infinito. Para la gente de mi generaci贸n, probablemente les resultar谩 familiar 鈥淢arco, de los Apeninos a los Andes鈥, un relato breve en el libro Cor (1886), del escritor italiano Edmondo de Amicis (1846-1908), popularizado en una serie de dibujos animados japoneses. La historia describ铆a la cruda realidad de la inmigraci贸n italiana en Argentina, el proceso de desarraigo, buscando una prosperidad material que no compensaba el duelo migratorio. De hecho, a lo largo del siglo XIX y principios del XX la literatura sobre la emigraci贸n lleg贸 a ser todo un g茅nero caracterizado por la melancol铆a y la tristeza infinita, tambi茅n expresada, por ejemplo, en la poes铆a o la m煤sica. Solo hay que recurrir, en nuestra literatura, al cl谩sico L鈥橢migrant, de Jacint Verdaguer. Buena parte de la literatura, o otras expresiones como algunos g茅neros musicales, actualmente tienen que ver con el desencanto y las dificultades para adaptarse a una sociedad que funciona bajo par谩metros distintos y que, a menudo, m谩s all谩 de las buenas intenciones de las izquierdas, es recibida con frialdad o hostilidad. El movimiento anarquista del siglo XIX fue tradicionalmente muy cr铆tico con este fen贸meno, porque consideraba que ven铆a motivado por los beneficios que supon铆a al capitalismo la explotaci贸n de mano de obra barata.

Por otro lado, y no menos importante, ser铆a bueno recordar en este ejercicio de mala memoria hist贸rica, que, en cuanto a las sociedades receptoras, los movimientos de izquierda tambi茅n eran partidarios de un control estricto de la inmigraci贸n. Su rechazo no ten铆a nada que ver con el racismo, ya que probablemente no hay espacio m谩s antirracista que el libertario, con un discurso pionero y humanista de gran potencia, sino porque una de las aspiraciones del movimiento era controlar de manera total el mercado de trabajo para que la llegada de trabajadores no desestabilizara el mercado laboral, incluso a escala municipal. De hecho, a lo largo de la d茅cada de 1930, una de las reivindicaciones de la CNT era impedir la contrataci贸n de trabajadores for谩neos, aunque procedieran del pueblo de al lado, mientras hubiera alguien sin trabajo en el propio municipio. Los trabajadores organizados en el sindicato eran perfectamente conscientes de que en conflictos laborales, que sol铆an ser alargados, una de las cartas que sol铆a jugar la patronal era la importaci贸n de trabajadores normalmente con elevado grado de desesperaci贸n que ejerc铆an de esquiroles o de competencia desleal para erosionar la capacidad adquisitiva y las condiciones laborales de los locales. Los socialdem贸cratas suecos de entreguerras pod铆an acoger refugiados incluso con asignaci贸n econ贸mica con la condici贸n de que no tuvieran derecho a trabajar mientras en el pa铆s hubiera parados. De hecho, anecd贸ticamente, cuando el cenetista de Reus Joan Garc铆a Oliver, que hab铆a formado parte del gobierno de la Rep煤blica, es acogido como refugiado por la democracia sueca, ve con desesperaci贸n esta circunstancia de no poder trabajar (a pesar del excelente trato que recibe y el subsidio que le permite vivir a 茅l y a su familia), hasta que se cansa e intenta ir a Latinoam茅rica, donde s铆 que le resultar谩 posible [155].

Actualmente, el trabajo que hace la izquierda para combatir el racismo que suportan buena parte de los inmigrantes (fen贸meno que representa una continuidad hist贸rica) es presentado por buena parte de los medios m谩s demagogos y conservadores como una manera de hacer el juego al capitalismo neoliberal. A pesar de las cr铆ticas de los movimientos antirracistas, no solo se ha globalizado el capital, sino tambi茅n los trabajadores. La diferencia es que el primero manda, mientras que los segundos est谩n supeditados a las estrategias de los poderes econ贸micos y pol铆ticos globales. Es as铆 como los movimientos populistas se aprovechan de esta contradicci贸n en la que los discursos solidarios contrastan con lo que muchos perciben como competencia desleal. Uno de los objetivos confesados de las izquierdas ha consistido tradicionalmente en conseguir el control de los medios de producci贸n y trabajo. Esto no significa que la izquierda tenga que ser despiadada, sino al contrario, solidaria, ya que una de las obligaciones que contrae consiste en promover la autoorganizaci贸n de los trabajadores; es decir, en promover el equilibrio entre trabajo y recursos y su equitativa distribuci贸n. Esto implica una necesaria regulaci贸n de la econom铆a, que tambi茅n incluye la circulaci贸n de trabajadores, independientemente de su origen. Por otro lado, se echa de menos el abandono, por parte de cierta izquierda, de cierto discurso neomalthusiano, como asumi贸 parte del movimiento libertario a finales del siglo XIX y principios del XX, en el sentido de que hay que promover de manera desinhibida el control de la natalidad para evitar precisamente el decalaje entre personas y recursos disponibles [156]; un control de natalidad que deber铆a ser promovido de manera universal, tambi茅n a partir de una consciencia ecol贸gica y de supervivencia del planeta, en la l铆nea de lo que reclamaba el dem贸grafo norteamericano Kingsley Davis, uno de los promotores del crecimiento cero.

Todo esto nos lleva a otra adicci贸n: una tendencia a un cierto autismo social. Probablemente los fracasos y la falta de ideas conlleva un repliegue interno en el dogmatismo o las actitudes sectarias, que refuerza el alejamiento hacia la mayor铆a social. Parece como si a las izquierdas les diera miedo la gente, conocedoras de las distancias que las separan de la realidad. El abandono respecto a su p煤blico habitual explicar铆a esta incomodidad cuando tiene que aparecer p煤blicamente y solo tiene algunas frases hechas, algunos lemas m谩s o menos amortizados, y algunas consignas que acusan el paso del tiempo. No faltan responsabilidades por el hecho de que las izquierdas parece como su hubieran renunciado a politizar las personas, y se han acostumbrado, especialmente cuando ocupan, aunque sea de manera ef铆mera, estrechas parcelas de poder, a reproducir una relaci贸n asim茅trica y asistencial, adapt谩ndose a los clientelismos propios de las sociedades desiguales. En otras palabras, se puede llegar a proyectar la idea de que las izquierdas se acaban concentrando en las minor铆as, en causas perif茅ricas, en colectivos tan singulares que a veces parecen poner el acento y la atenci贸n en la excepci贸n de la norma; y esta circunstancia puede empujar a muchos l铆deres, te贸ricos y activistas sociales a una minor铆a absoluta, a una irrelevancia social y pol铆tica de la que es dificil salir.

Esto acaba culminando en otra, y quiz谩s la m谩s espectacular y definitiva adicci贸n: la de la irrelevancia en el debate p煤blico y la renuncia al di谩logo colectivo. La progresiva minorizaci贸n, casi jivarizaci贸n del movimiento, hace que muchos busquen el confort en las peque帽as certezas y renuncien a disputar la batalla en el campo de las grandes verdades. La seguridad de la trinchera ideol贸gica, en una din谩mica de una estrategia defensiva, fundamentada en la organizaci贸n de retiradas, impide salir a campo abierto, tratar de recuperar el terreno perdido e intentar llevar una iniciativa abandonada al menos desde hace medio siglo.

Xavier Diez
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Fuente: Asociaciongerminal.org