March 30, 2023
De parte de Nodo50
2,458 puntos de vista

11 tesis pol铆ticas sobre el movimiento enero-marzo 2023

Ugo Palheta

驴D贸nde est谩 el movimiento que se inici贸 en Francia el 19 de enero para obtener la retirada de otra contrarreforma de las pensiones y una victoria contra un presidente ampliamente odiado? Para quienes imaginaban una exhibici贸n de honor sindical incapaz de interponerse en el camino de la apisonadora neoliberal, s贸lo unos meses despu茅s de la reelecci贸n de Macron, los trabajadores, los movimientos sociales y la izquierda demostraron que el gobierno no pod铆a contar con la apat铆a generalizada. A煤n no se trata de una ruptura con el orden establecido, pero ya es mucho. En este art铆culo, Ugo Palheta examina el potencial, los l铆mites y tambi茅n los retos inmediatos y estrat茅gicos de la lucha actual, con el fin de aportar elementos de reflexi贸n.

I

En muchos sentidos, el movimiento que se est谩 desarrollando en Francia desde el 19 de enero es apasionante. En apenas dos meses, ha cambiado profundamente la atm贸sfera pol铆tica del pa铆s, ha hecho retroceder el derrotismo reinante, ha desestabilizado (incluso asustado) a los celosos defensores del orden social establecido y de las pol铆ticas neoliberales y ha ampliado las expectativas de los millones de personas que han entrado en la lucha y, al hacerlo, han empezado a tomar conciencia de su fuerza. Sobre todo, al mostrar el aislamiento social del gobierno macronista, esta movilizaci贸n ha acentuado la crisis de hegemon铆a que se profundiza en Francia desde hace a帽os; ha cristalizado un descontento social que no encontraba necesariamente v铆as para expresarse pol铆ticamente y ha transformado en rabia leg铆tima la desconfianza generalizada de una gran parte de la poblaci贸n 鈥揺n particular la clase obrera y la juventud鈥 hacia Macron y su gobierno.

II

A partir de ah铆, lo que est谩 en juego ya no es s贸lo la contrarreforma de las pensiones, no es simplemente [la cuesti贸n] social, en el sentido restrictivo de sindical. Es un movimiento eminente y plenamente pol铆tico: desde el momento que adquiere una dimensi贸n nacional y se extiende y arraiga ampliamente en la sociedad, el movimiento se afirma como una confrontaci贸n no con tal o cual capitalista (como en el caso de una lucha contra los despidos o los recortes de empleo en una empresa), no con tal o cual medida sectorial (por importante que sea), sino con el conjunto de la clase burguesa tal y como la representa (y defiende) el poder pol铆tico. Como tal, un movimiento de este tipo es capaz de abrir una brecha en el orden pol铆tico modificando de forma duradera las relaciones de poder entre las clases.

Por otra parte, est谩 en la naturaleza de un gran movimiento popular difuminar las categor铆as en las que se quiere encorsetar artificialmente la lucha de clases separando, por un lado, su nivel “pol铆tico” y, por otro, su nivel socioecon贸mico. Toda lucha de masas, y la que estamos viviendo no es una excepci贸n a la regla, es pues inextricablemente social y pol铆tica; tiende, inevitablemente, a tener como objetivo l贸gico el poder pol铆tico y los grandes intereses que encarna: el de los propietarios, los explotadores y la clase dominante. Tambi茅n es ideol贸gico y cultural, en la medida en que desaf铆a las narrativas (peque帽as o grandes) que la clase dominante construye para justificar tal o cual contrarreforma o, m谩s en general, su orden social con su reguero de injusticias, alienaci贸n y violencia, pero tambi茅n en el sentido de que permite librar una batalla entre concepciones antag贸nicas del mundo y hacer florecer visiones alternativas de lo que deber铆an ser la sociedad, las relaciones humanas y nuestras vidas.

III

El movimiento actual se levanta sobre los hombros de todas las movilizaciones que lo precedieron, al menos de las que marcaron la secuencia de lucha iniciada a mediados de los a帽os 2010: en particular la batalla de Notre-Dame-des-Landes, la lucha contra la Ley del Trabajo, los Chalecos Amarillos, las movilizaciones feministas contra las VSG y, m谩s en general, contra la opresi贸n de g茅nero, el movimiento 2019-2020 contra la reforma de las pensiones, las luchas de los sin papeles o todas las luchas (en particular antirracistas) contra los cr铆menes policiales y todas las violencias del Estado. Integra, articula y desarrolla sus logros, tanto en t茅rminos de m茅todos y t谩cticas de lucha como en el plano ideol贸gico.

Sin embargo, una diferencia no desde帽able reside en el aumento de la potencia y combatividad de la izquierda parlamentaria, en particular de los 74 diputados de la LFI, que han contribuido, en gran medida, a politizar y radicalizar una movilizaci贸n que la mayor铆a de los sindicatos 鈥揺n particular la CFDT鈥 quer铆an mantener en un terreno estrictamente social. As铆 pues, podemos alegrarnos de que la mayor铆a de los nuevos diputados de la LFI 鈥搈e vienen a la mente Rachel Keke o Louis Boyard鈥 nunca hayan intentado oponer la batalla parlamentaria (con sus propios medios) a los m茅todos cl谩sicos de la lucha de clases: manifestaciones callejeras, piquetes (en los que hemos visto a estos diputados, incluida la presidenta del grupo parlamentario de la LFI Mathilde Panot, en varias ocasiones) y bloqueos (en particular de institutos y universidades, pero tambi茅n de redes viarias).

IV

Todos nuestros esfuerzos deben dirigirse al objetivo de seguir ampliando e intensificando el movimiento para lograr la victoria. No sabemos hasta d贸nde podremos llegar, pero conseguir que el gobierno d茅 marcha atr谩s en su contrarreforma es lo m铆nimo. En los meses y a帽os venideros, una victoria as铆 contar谩 el doble o el triple, precisamente porque Macron quer铆a hacer de esta contrarreforma la madre de todas las batallas, una prueba de fuerza que le permitiera consolidar su poder hasta el final de su mandato, y comenzar la destrucci贸n total de los logros de la clase obrera en el siglo XX. Como thatcheriano que ha aprendido bien sus lecciones (de la contrarrevoluci贸n neoliberal), Macron sabe que necesita doblegar a los sectores m谩s combativos del movimiento social para sumir en la desesperaci贸n a la mayor铆a de los que actualmente se movilizan, hacen huelgas y manifestaciones, bloquean y hace bloque juntos, con la esperanza 鈥搗aga o fuerte鈥 de un mundo de igualdad y justicia social.

V

En esta confrontaci贸n, el poder macronista ya ha indicado 鈥揺n el discurso y en la pr谩ctica鈥搎ue est谩 dispuesto a llegar tan lejos como sea necesario, contribuyendo adem谩s a la politizaci贸n del movimiento mediante una represi贸n policial sin cuartel. Efectivamente, rompiendo las ilusiones sobre un nuevo esquema de ley y orden y el nombramiento en Par铆s de un prefecto de polic铆a con fama de ser menos brutal que el tristemente c茅lebre Lallement [el anterior], en los 煤ltimos d铆as la polic铆a se ha caracterizado por la extrema brutalidad de sus intervenciones, una brutalidad normalizada y convertida en rutino en los 煤ltimos diez a帽os, de modo que no se trata de deslices o meteduras de pata, sino de la actuaci贸n habitual de una polic铆a ampliamente fascistizada. Pero la actuaci贸n policial tambi茅n se caracteriza por un cierto desconcierto ante el n煤mero y la determinaci贸n de los manifestantes en la secuencia que sigui贸 a la imposici贸n del 49.3 [aprobaci贸n por Decreto Ley].

Muy minoritaria en el pa铆s en torno a este proyecto, habiendo forzad toda una serie de maniobras institucionales t铆picas de la V Rep煤blica (cuya Constituci贸n, como sabemos, est谩 lejos de las normas, incluso m铆nimas, de una democracia); desestabilizada por la acumulaci贸n de v铆deos y testimonios que muestran o testimonian sobre la violencia de Estado, es evidente que la Macron铆a, dirigida por sus ide贸logos, ya no es capaz de convencer a la opini贸n p煤blica de que la violencia est谩 del lado de los manifestantes y que la violencia policial es un mito inventado por b谩rbaros sedientos de sangre policial. La prueba de que el monopolio de la violencia leg铆tima s贸lo la reivindica el Estado, por utilizar la famosa definici贸n de Max Weber, y que, a veces, cuando no consigue el mensaje al que se refiere esta definici贸n, las cosas funcionan.

Tanto con la utilizaci贸n de estas maniobras como con la represi贸n extremadamente brutal del movimiento en los 煤ltimos d铆as, el propio gobierno ha abierto una brecha para una campa帽a democr谩tica contra el autoritarismo y por las libertades pol铆ticas. En la estricta continuidad del primer quinquenio Macron y de los gobiernos Hollande-Valls, estos golpes de fuerza permiten de hecho plantear m谩s ampliamente a escala de masas el problema planteado por las instituciones bonapartistas de la V Rep煤blica, la necesidad de una ruptura con el marco constitucional actual, v铆a una necesaria Constituyente, y la posibilidad de una democracia real (que, por cierto, una articulaci贸n con la cuesti贸n social).

VI

Se han abierto debates leg铆timos sobre la caracterizaci贸n de la situaci贸n social y pol铆tica. Aqu铆 y all谩, se ha podido hablar de un momento prerrevolucionario con vistas a una transici贸n hacia una situaci贸n o un proceso revolucionario en toda regla, que se dice est谩 la vista, como si bastara con “dar un peque帽o empuj贸n al sistema para que todo se derrumbe” (Jacques Ranci猫re). El corolario de esta afirmaci贸n, al menos en el primer art铆culo citado, es que el principal (o incluso el 煤nico) obst谩culo para que el proletariado emprenda una batalla revolucionaria recaer铆a en adelante en las “direcciones sindicales”, o dicho de forma a煤n m谩s unificadora: “la direcci贸n del movimiento obrero”, es decir, la intersindical.

En efecto, en la medida en que el proletariado “en su conjunto” 鈥搒e nos dice鈥 habr铆a sido radicalizado por el movimiento, el poder ya no se aferrar铆a m谩s que a la capacidad de canalizar la c贸lera social de las direcciones sindicales: “la intersindical act煤a como la 煤ltima v谩lvula de emergencia del r茅gimen de la V Rep煤blica en crisis”. Y m谩s adelante: “Podemos as铆 afirmar, sin temor a equivocarnos, que el principal obst谩culo para que el “momento” prerrevolucionario se transforme en una situaci贸n abiertamente prerrevolucionaria, o incluso revolucionaria, reside en la direcci贸n conservadora e institucional del movimiento obrero”.

Esta hip贸tesis es importante porque, aunque las corrientes u organizaciones que defienden esta l铆nea sean muy d茅biles, los problemas que plantea reflejan preocupaciones m谩s ampliamente compartidas entre los sectores combativos del movimiento social. Y tiene consecuencias evidentes: si tomamos en serio tales afirmaciones, se deduce necesariamente que la denuncia inmediata de esta “direcci贸n del movimiento obrero” adquiere un papel absolutamente central para todos aquellos que trabajan por un cambio radical de la sociedad, as铆 como la construcci贸n de una direcci贸n del movimiento alternativa a la intersindical.

VII

El primer error de este razonamiento consiste en subestimar ciertos l铆mites de la movilizaci贸n que deben tomarse en serio para superarlos de otro modo que no sea mediante trucos ret贸ricos, que s贸lo pretenden convencer a los convencidos, o mediante un llamamiento al voluntarismo que s贸lo conseguir谩 el apoyo de los que ya est谩n dispuestos a actuar.

Estos l铆mites actuales lo convierten en un movimiento capaz de hacer retroceder a Macron en su proyecto de contrarreformas y, potencialmente, si sale victorioso, en todas las contrarreformas previstas para su quinquenio, pero no 鈥揳l menos en esta fase鈥 de abrir a una situaci贸n revolucionaria. El voluntarismo militante de una minor铆a, aunque absolutamente necesario, no basta por s铆 solo para superar estas debilidades y pasar de la protesta social 鈥損or amplia y radical que sea鈥 a la revoluci贸n; incluso en una situaci贸n que, como la nuestra, exige objetivamente una ruptura pol铆tica y una transformaci贸n revolucionaria, en un sentido ecosocialista, feminista y antirracista.

Una revoluci贸n nunca es qu铆micamente pura, ni fiel a un manual escrito de una vez por todas, pero presupone algunos elementos sin los cuales hablar de un momento prerrevolucionario es m谩s un deseo (o una t谩ctica de autoconstrucci贸n para peque帽os grupos militantes) que una hip贸tesis estrat茅gica. En la medida en que el rasgo fundamental y distintivo de una revoluci贸n es la aparici贸n m谩s o menos firme de una dualidad de poderes (entre el Estado burgu茅s y formas de poder popular fuera del Estado, pero tambi茅n dentro del propio Estado), los momentos prerrevolucionarios presuponen ciertos ingredientes: un bloqueo consecuente de la econom铆a, un nivel significativo de autoorganizaci贸n, un comienzo de centralizaci贸n y coordinaci贸n nacional de los movimientos en lucha, as铆 como fisuras en el aparato del Estado y, m谩s ampliamente, en la clase dominante.

Pero todos estos elementos faltan en el movimiento actual:

  • S贸lo unos pocos sectores de la econom铆a experimentan una verdadera actividad huelgu铆stica (y menos a煤n una huelga renovable), sectores esencialmente p煤blicos o parap煤blicos (basureros, SNCF, EDF, Educaci贸n Nacional, etc.), y casi todas las grandes empresas privadas no est谩n en absoluto paralizadas, ni siquiera los d铆as de mayor movilizaci贸n sindical (salvo en algunos sectores como las refiner铆as).
  • Incluso en los sectores en los que la huelga ha adquirido cierta envergadura, la autoorganizaci贸n en el marco de asambleas generales (AG) y comit茅s de huelga es muy d茅bil, incluso en comparaci贸n con movimientos anteriores.
  • Han surgido agrupaciones de militantes de diferentes sectores (como en 2019-2020, por cierto), pero son extremadamente minoritarias a escala del movimiento (por no hablar de la clase obrera en su conjunto), sobre todo en comparaci贸n con las interpros [asambleas conjuntas de distintos sectores profesionales] de diciembre de 1995; parecen m谩s una forma de que los peque帽os grupos de militantes aumenten su audiencia y se construyan a s铆 mismos que un medio real de influir en la extensi贸n e intensificaci贸n de la huelga.
  • Por 煤ltimo, el aparato del Estado se mantiene firme (en particular el aparato represivo: polic铆a-ej茅rcito-justicia) y la patronal sigue apoyando a Macron (aunque parece que esta contrarreforma no les parec铆a especialmente urgente).

Todos estos l铆mites no deval煤an en absoluto el movimiento actual y puede que las pr贸ximas semanas nos permitan ir m谩s all谩 de la situaci贸n actual, rebasando ciertos l铆mites, pero la correcta definici贸n de las tareas y de la estrategia depende de la exactitud del diagn贸stico. A este respecto, no hay lugar para la complacencia.

VII

Un segundo error, que de hecho se deriva del primero, es pretender que est谩 resuelto lo que ser铆a un problema estrat茅gico importante para el movimiento, pero tambi茅n para las organizaciones sindicales y pol铆ticas en el periodo venidero. Al afirmar que hemos asistido en los dos 煤ltimos meses a la “radicalizaci贸n del proletariado en su conjunto”, ignoramos que la hostilidad generalizada y virulenta hacia Macron no equivale en absoluto a una conciencia anticapitalista de masas. Es importante luchar contra una excesiva personalizaci贸n y psicologizaci贸n de las cuestiones en torno a la figura de Macron, que lo convierte en un “loco”, un “desequilibrado” o un “soci贸pata” cuando es ante todo la personalizaci贸n del poder del capital, y en particular del capital financiero. Pero, sobre todo, subestimamos el hecho de que una gran mayor铆a del proletariado no ha entrado de hecho en el movimiento.

Cierto, las y los trabajadores son, en su cuasi totalidad, contrarios a la contrarreforma y hostiles a Macron, pero la mayor铆a de ellos han permanecido hasta ahora inactivos. S贸lo una peque帽a fracci贸n de la clase se ha manifestado y la gran mayor铆a no ha cruzado el Rubic贸n de la huelga; tanto por razones materiales inevitables (inseguridad salarial, salarios estancados desde hace tiempo, inflaci贸n galopante) como, tambi茅n, por la represi贸n antisindical que ha debilitado a los equipos militantes en muchas empresas, el impacto combinado de la Ley del Trabajo y las ordenanzas de Macron (que han desestructurado y restringido los recursos sindicales, sobre todo en el sector privado), a lo que se a帽ade el amargo recuerdo de las derrotas anteriores. Adem谩s, el nivel de autoorganizaci贸n es generalmente inferior al de los movimientos anteriores (incluidos los recientes como el de 2019-2020, en particular en la SNCF y, a fortiori, en comparaci贸n con el de diciembre de 1995), y la coordinaci贸n interprofesional es inexistente, o muy d茅bil y puntual.

En efecto, el movimiento popular se ha desarrollado de forma m谩s aut贸noma desde la imposici贸n del 49.3, organizando acciones cotidianas en casi toda Francia sin el aval de la intersindical y utilizando m茅todos de lucha m谩s ofensivos, las asambleas generales parecen haber sido m谩s numerosas en los 煤ltimos d铆as, pero sigue siendo la intersindical la que marca el tono y el ritmo del movimiento y actualmente nadie est谩 -de ninguna manera- en condiciones de disputarle este papel.

Se podr铆a objetar que, incluso en un proceso revolucionario, los explotados y oprimidos nunca se movilizan en su totalidad. Pero, por tomar s贸lo el caso de Francia, se calcula que en mayo-junio del 68 hab铆a hasta 7,5 millones de huelguistas (y 10 millones de personas movilizadas), en un pa铆s que, sin embargo, ten铆a muchos menos asalariados que hoy (unos 15 millones frente a los m谩s de 26 millones actuales). Debido al bloqueo a gran escala de la econom铆a durante varias semanas, al gran n煤mero de ocupaciones de centros de trabajo y a la desorganizaci贸n inicial de las autoridades pol铆ticas, la situaci贸n de entonces presentaba aspectos prerrevolucionarios (a pesar de los l铆mites de la autoorganizaci贸n, que no permit铆an la aparici贸n de consejos obreros), lo que dio lugar a tareas de naturaleza bastante particular para los militantes convencidos de la necesidad de una ruptura revolucionaria (en el seno del PCF y de las organizaciones de extrema izquierda).

IX

Las dificultades del movimiento no pueden explicar, ni mucho menos, por el papel nefasto desempe帽ado por la intersindical. Sobre este punto, no podemos contentarnos con un razonamiento perfectamente circular consistente en decir en pocas palabras: si no hay instancias de autoorganizaci贸n, es porque es la intersindical quien dirige el movimiento; y si es la intersindical la que da el tono y el ritmo, es porque no hay instancias de autoorganizaci贸n.

En 1968, la hip贸tesis de las direcciones traidoras en el movimiento obrero que imped铆an la transformaci贸n del movimiento en un verdadero proceso revolucionario ten铆a, al menos, una base objetiva, digna de discusi贸n. En Francia exist铆an entonces poderosos sindicatos obreros, el principal de los cuales 鈥搇a CGT鈥 estaba dirigido por un partido comunista con una amplia base entre la clase obrera y una gran audiencia electoral (m谩s del 20%). De hecho, el PCF obstaculiz贸 las formas de autoorganizaci贸n que podr铆an haber surgido en las empresas en favor de una pr谩ctica generalmente pasiva de la huelga (en la que se invitaba a los trabajadores a no intervenir directamente y a dejar que los responsables sindicales la dirigieran). El partido tambi茅n se neg贸 a tomar iniciativas audaces que hubieran permitido plantear la cuesti贸n del poder y de un gobierno de ruptura; sobre todo, durante los pocos d铆as o semanas en los que el gobierno gaullista parec铆a no saber qu茅 hacer, aturdido por la amplitud de la huelga obrera y por la determinaci贸n del movimiento estudiantil.

Hoy la situaci贸n es radicalmente diferente: los sindicatos est谩n muy debilitados, al menos en comparaci贸n con lo que estaban en el 68, y ya no existe un partido obrero de masas. Si seguimos la hip贸tesis de Juan Chingo, esto deber铆a constituir un bulevar para la construcci贸n de una huelga general. Lo cierto es lo contrario, ya que es en los sectores y empresas donde hay m谩s afiliaci贸n sindical y donde los sindicatos combativos siguen estando presentes (generalmente CGT, Solidaires y/o FSU) 鈥損orque no podemos meter a todos los sindicatos, ni siquiera a todas las “direcciones sindicales” en el mismo saco鈥 donde se expresa globalmente la conflictividad m谩s fuerte. Por otra parte, los sectores y empresas no sindicalizados, lejos de ser aquellos en los que se expresar铆a una supuesta disponibilidad de las masas para la acci贸n radical que no se vea obstaculizada por la famosa direcci贸n del movimiento obrero, son aquellos en los que prosperan la atomizaci贸n, la pasividad, el consenso pseudogestionario e incluso el voto de extrema derecha.

En las universidades podemos ver lo que vale este argumento: siendo los sindicatos muy muy d茅biles en ese medio, los activistas presentes tienen enormes dificultades, al menos hasta ahora, para hacer surgir amplios marcos de autoorganizaci贸n (la mayor铆a de las asamblea general no movilizaban hasta hace poco m谩s que a algunos centenares de estudiantes); e incluso en las universidades que han conocido recientemente algunas asambleas generales bastante masivas (Tolbiac, Mirail) la escasa presencia de organizaciones estudiantiles debilita la ampliaci贸n y la autoorganizaci贸n del movimiento[1]. En otras palabras, si el proletariado estuviera ya radicalizado en su conjunto, y si las direcciones sindicales constituyeran el 煤nico candado a romper para lanzar una ofensiva revolucionaria, ver铆amos el desarrollo de luchas radicales y de formas avanzadas de autoorganizaci贸n en los sectores donde la implantaci贸n sindical es m谩s d茅bil, es decir, donde el dominio de las direcciones sindicales es m谩s fr谩gil. Nada m谩s lejos de la realidad actual.

La hip贸tesis de la sustituci贸n de la direcci贸n sindical (reformista) por una direcci贸n verdaderamente revolucionaria tiene todas las ventajas de la simplicidad y todos los inconvenientes del simplismo (si no del irrealismo cuando se piensa que la famosa direcci贸n revolucionaria alternativa es el producto del trabajo de construcci贸n egoc茅ntrica de las microorganizaciones). Por supuesto, podemos pensar que una pol铆tica m谩s combativa de la intersindical 鈥搑echazo de las jornadas [de movilizaci贸n] a salto de mata, llamamiento claro a renovar la huelga y a participar en las asambleas generales, etc., habr铆a permitido una movilizaci贸n m谩s ofensiva desde el principio; sin embargo, estamos tocando los l铆mites del marco de la movilizaci贸n actual, que tambi茅n constituye uno de sus puntos fuertes: la unidad mantenida por el frente sindical, sin la cual es dudoso que el movimiento hubiera adquirido esta envergadura y hubiera recibido la aprobaci贸n mayoritaria de la poblaci贸n.

En el periodo actual y futuro, los retos y las tareas parecen ser de una naturaleza completamente diferente para los activistas que no quieren renunciar ni a la perspectiva revolucionaria ni al trabajo dentro del movimiento real: extender la implantaci贸n sindical m谩s all谩 de los sectores actualmente movilizados, reforzar las alas de izquierda en el seno de las organizaciones sindicales (los sindicatos o sensibilidades de “lucha de clases”), contribuir al surgimiento de nuevas corrientes o movimientos radicales (al margen de las organizaciones tradicionales, pero articuladas, y no en oposici贸n, a ellas), profundizar en el trabajo pol铆tico-cultural que permita pasar del odio a Macron a la cr铆tica del sistema en su conjunto y, finalmente, a la necesidad de una ruptura anticapitalista para construir una sociedad completamente diferente.

X

Uno de los puntos centrales que expresa la situaci贸n actual es la extrema dispersi贸n de los niveles de conciencia pol铆tica entre las y los trabajadores y la juventud. Cierto, la perspectiva de una ruptura anticapitalista y de otra sociedad ha progresado entre la poblaci贸n en la secuencia 2016-2023, pero absoluto crece a la misma velocidad que el odio visceral hacia el poder pol铆tico y, en particular, hacia Macron. Tanto es as铆 que el sentimiento anti-Macron, en general, y la hostilidad hacia su contrarreforma de las pensiones, en particular, pueden beneficiar bastante a la extrema derecha.

Una encuesta bastante reciente (a finales de febrero) situaba a Marine Le Pen como la principal opositora al proyecto de contrarreforma de Macron (ligeramente por delante de Jean-Luc M茅lenchon), sobre todo entre las clases trabajadoras, a pesar de que la RN no propone la vuelta a la edad de jubilaci贸n de 60 a帽os y se opone a las huelgas renovables. Un sondeo que acaba de publicarse lo confirma al sugerir que el FN/RN podr铆a ser la fuerza pol铆tica que m谩s se beneficiar铆a del rechazo de la contrarreforma de las pensiones. Por supuesto, esto remite a causas profundas y a una larga historia de implantaci贸n electoral y de impregnaci贸n ideol贸gica, pero no se entender铆a nada sin tomar en serio la forma en que las 茅lites pol铆ticas y medi谩ticas no han cesado en los 煤ltimos a帽os de normalizar a la extrema derecha y de banalizar sus ideas, al tiempo que a demonizar a la izquierda (en particular a LFI).

Se han producido decantaciones parciales en algunos movimientos, pero s贸lo afectan muy parcialmente a las clases y fracciones de clase que constituyen su centro de gravedad. As铆, los Chalecos Amarillos han sido el escenario de un proceso de clarificaci贸n y radicalizaci贸n pol铆tica; sin embargo, 茅ste s贸lo ha calado en una franja limitada de las clases trabajadoras, incluso en el seno de las fracciones m谩s favorables al movimiento, en las zonas rurales o semirurales y en las peque帽as ciudades en particular. Sin duda, esto es tanto m谩s cierto cuanto que existe una gran distancia entre la adhesi贸n al movimiento (que puede ser extremadamente amplia, como en el movimiento actual, y en menor medida al principio de los Chalecos Amarillos) y la participaci贸n real en las movilizaciones (sobre todo cuando esta participaci贸n se reduce a una o varias manifestaciones, cuyos efectos politizadores son mucho menores que los de una huelga, a fortiori cuando esta 煤ltima es de larga duraci贸n y se apoya en una gran participaci贸n en las asambleas generales).

Uno de los graves problemas para la izquierda social y pol铆tica es, por tanto, conseguir mantener y profundizar el movimiento all铆 donde se ha desarrollado, extendi茅ndolo al mismo tiempo a sectores o franjas de la juventud en los que el nivel de conciencia de clase 鈥搈arcado por el hecho de organizarse colectivamente, en particular en sindicatos, y de movilizarse por los propios intereses, sobre la base de una representaci贸n m谩s o menos clara y coherente de estos intereses鈥 se sit煤a a un nivel mucho m谩s bajo. En estos 煤ltimos sectores y en estas amplias capas de la poblaci贸n, lo que est谩 en juego est谩 a mil kil贸metros de distancia de las grandes proclamas sobre el momento prerrevolucionario: hay que conseguir atraer mayoritariamente a los trabajadores hacia una primera jornada de huelga y manifestaci贸n, lograr que participen en una asamblea general para decidir colectivamente las modalidades de acci贸n, etc. En esta perspectiva, la consigna mec谩nica y abstracta de denunciar a las direcciones traidoras no s贸lo es una pista falsa, sino la mayor铆a de las veces un obst谩culo.

XI

Evidentemente, se plantea la cuesti贸n de la salida pol铆tica para el movimiento. Las movilizaciones sociales 鈥損or muy masivas y radicales que sean鈥 no generan espont谩neamente perspectivas pol铆ticas, tanto m谩s cuando eluden voluntariamente la cuesti贸n del poder y la necesaria confrontaci贸n pol铆tica con las clases poseedoras (lo que Daniel Bensa茂d llamaba “ilusi贸n social”). Esto es tanto m谩s cierto en el caso que nos ocupa, dado que el movimiento se ha caracterizado hasta ahora por un bajo nivel de autoorganizaci贸n y coordinaci贸n. Sin embargo, esto no quiere decir que los movimientos sociales deban contentarse con un papel subordinado frente a las fuerzas pol铆ticas, que son las 煤nicas capaces de plantear perspectivas. Es m谩s bien en el marco de una dial茅ctica de colaboraci贸n-confrontaci贸n entre el movimiento social y la izquierda, de una unidad que no impide en absoluto el debate m谩s abierto sobre las orientaciones y las perspectivas, donde debemos imaginar una propuesta pol铆tica de ruptura.

Empecemos por decir a este respecto hasta qu茅 punto la perspectiva de un refer茅ndum de iniciativa compartida (RIP), defendida en particular por el PCF, est谩 muy por debajo del potencial abierto por el movimiento, se revela profundamente irrealista bajo la apariencia de pragmatismo y no responde en absoluto al imperativo, para la izquierda, de proponer una soluci贸n a la crisis pol铆tica. Supondr铆a recoger 4,8 millones de firmas, lo que exigir铆a mucho trabajo militante a lo largo de nueve meses. Esto desviar铆a las energ铆as hacia un terreno puramente de recogida de firmas en un momento en el que lo fundamental es ampliar la movilizaci贸n, y en un momento en el que la Macronia ya anuncia nuevos proyectos mort铆feros (no s贸lo la ley Darmanin, sino tambi茅n una ley sobre el trabajo y el empleo). Por otra parte, incluso si se recogieran los 4,8 millones de firmas, la propuesta de refer茅ndum a煤n tendr铆a que ser examinada por las dos c谩maras en un plazo de seis meses… En otras palabras, la situaci贸n habr谩 cambiado en gran medida mientras tanto, tal vez en detrimento del movimiento, y una propuesta de este tipo no ayuda en absoluto a impulsar la triple ventaja que la movilizaci贸n tiene aqu铆 y ahora: una huelga arraigada en varios sectores clave, una movilizaci贸n polifac茅tica que en los 煤ltimos diez d铆as se ha vuelto incontrolable [para el poder] y una opini贸n p煤blica mayoritariamente favorable.

A veces se plantea la perspectiva de un “Mayo del 68 que llegar铆a hasta el final”. El eslogan es seductor, sobre todo porque Mayo del 68 sigue siendo una referencia positiva (aunque indudablemente vaga) para amplios sectores de la poblaci贸n, en particular los que est谩n movilizados actualmente. Sin embargo, como ya se ha dicho, no es seguro que la analog铆a con Mayo del 68 sea eficaz en este caso, m谩s all谩 de los efectos de agitaci贸n que puede producir un eslogan. Pero es sobre todo la idea de “llegar hasta el final” la que no parece muy clara. Si se trata de decir que hay que llegar hasta el final de las esperanzas de ruptura con el capitalismo y de emancipaci贸n social suscitadas por el movimiento de mayo-junio del 68, eso es evidente para nosotros. Pero esto no responde a las cuestiones estrat茅gicas inmediatas que se plantean para el movimiento y para la izquierda.

Con la politizaci贸n de la lucha y el enorme nivel de desconfianza hacia el poder pol铆tico, s贸lo una propuesta que articule la retirada inmediata de la contrarreforma, la disoluci贸n de la Asamblea Nacional y la celebraci贸n de nuevas elecciones parece estar a la altura de lo que est谩 en juego, sin caer en el doble escollo del maximalismo verbal y del fetichismo de las f贸rmulas del pasado. Por supuesto, la ruptura pol铆tica no puede reducirse al escenario electoral, pero como nos recordaba Daniel Bensa茂d: “Es bastante evidente, a fortiori en los pa铆ses con una tradici贸n parlamentaria de m谩s de cien a帽os, donde el principio del sufragio universal est谩 s贸lidamente establecido, que no se puede imaginar un proceso revolucionario m谩s que como una transferencia de legitimidad que d茅 la preponderancia al socialismo desde abajo, pero en interferencia con las formas representativas” (el subrayado es nuestro).

Se entiende que es necesario a帽adir a estas consignas la lucha por un gobierno de izquierdas de ruptura con el pasado, lo que implica concretar elementos del programa, en particular en torno a cuestiones centrales e inmediatas para el conjunto de las clases trabajadoras y, m谩s en general, para las y los asalariados, pero tambi茅n m谩s espec铆ficamente para ciertas franjas dentro de ellas: jubilaci贸n a los 60 a帽os con salario 铆ntegro para todos (a los 55 para los trabajos f铆sicamente exigentes), aumento inmediato de los salarios e indexaci贸n a la inflaci贸n (escala m贸vil de salarios), congelaci贸n de precios y alquileres, permanencia de los trabajadores y trabajadoras precarias en el sector p煤blico y paso a contratos indefinidos en el sector privado, medidas proactivas contra la discriminaci贸n sist茅mica de g茅nero y racial en el empleo, los salarios y las pensiones, contrataci贸n masiva en la funci贸n p煤blica, renacionalizaci贸n inmediata de servicios y bienes p煤blicos clave (transporte, energ铆a, sanidad, autopistas, etc.), as铆 como una planificaci贸n ecol贸gica.

Se plantear铆a necesariamente la cuesti贸n de la relaci贸n de los movimientos sociales, y en particular de los sindicatos -sobre todo de aquellos en los que sigue existiendo un sindicalismo de lucha de clases: la CGT, Solidaires y la FSU- con un gobierno de este tipo, llevando sus reivindicaciones de forma global. Cualquier gobierno de izquierdas con un programa rupturista se encontrar铆a bajo una enorme presi贸n de la clase dominante (chantaje sobre las inversiones, presi贸n de las instituciones europeas, etc.). S贸lo una vasta movilizaci贸n popular permitir铆a hacerle contrapeso, evitar una capitulaci贸n en toda regla e imponer las propuestas antes mencionadas. La confrontaci贸n social que se pondr铆a en marcha llevar铆a una din谩mica fundamentalmente anticapitalista, en la medida en que conducir铆a inevitablemente, a m谩s o menos corto plazo, a plantear la cuesti贸n del poder del capital sobre el conjunto de la sociedad, sobre nuestras vidas y sobre el medio ambiente y, por tanto, de la propiedad privada de los medios de producci贸n, de intercambio y de comunicaci贸n.

En caso de nuevas elecciones, se abrir铆a una nueva batalla pol铆tica, pero una victoria del movimiento social sobre la contrarreforma de las pensiones colocar铆a al NUPES -especialmente a la fuerza dominante en su seno, que sin duda se ha mostrado la m谩s combativa contra Macron y su proyecto, a saber, LFI- en una posici贸n de fuerza. Esto no significa en absoluto una v铆a real, ya que las movilizaciones sociales nunca tienen efectos autom谩ticos sobre las relaciones de fuerza electorales (pensemos en mayo-junio del 68 y en la elecci贸n de la c谩mara m谩s derechista de la V Rep煤blica, s贸lo unas semanas despu茅s del movimiento…). Se ha se帽alado anteriormente que el FN/RN parece ser actualmente la fuerza que m谩s se beneficia del amplio rechazo popular a la contrarreforma, por razones que las pr谩cticas parlamentarias reales de la extrema derecha no contrarrestan realmente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los sondeos que se est谩n realizando actualmente se basan en la hip贸tesis derrotista -ampliamente aceptada por los encuestados en esta fase-, de que Macron no dar谩 marcha atr谩s. Si el movimiento resultara finalmente victorioso, la hip贸tesis de un auge pol铆tico-electoral de la izquierda no ser铆a irreal, aunque nada indique que anular铆a pura y simplemente el de la extrema derecha, dada la banalizaci贸n de esta 煤ltima en el paisaje medi谩tico y en el 谩mbito pol铆tico.

Sin duda, la movilizaci贸n ha creado una nueva situaci贸n y la posibilidad de una bifurcaci贸n, en el sentido de una din谩mica de ruptura con el orden establecido. Evidentemente, no todo est谩 al alcance de la mano, pero las perspectivas que hace unos meses pod铆an parecer irrelevantes son ahora accesibles. No habr谩 tregua en los pr贸ximos d铆as y semanas de lucha; de nosotros depende hacer retroceder no s贸lo el poder pol铆tico, sino los l铆mites de lo posible.

*El autor agradece a los miembros de la redacci贸n de Contretemps sus comentarios y sugerencias sobre una primera versi贸n de este texto, pero sigue siendo el 煤nico responsable de las posiciones defendidas en este art铆culo.

Notas

[1] Tanto es as铆, que muchos estudiantes acuden a las manifestaciones, pero sin debatir colectivamente sobre el movimiento en el marco de las asambleas generales (y a fortiori de los comit茅s de huelga o de movilizaci贸n) y, por tanto, sin decidir las futuras iniciativas a tomar (en particular para ampliar el per铆metro de los estudiantes movilizados), lo que limita los efectos de politizaci贸n que un movimiento de tal envergadura produce necesariamente

(Visited 282 times, 274 visits today)



Fuente: Vientosur.info