July 5, 2022
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Rep煤blica

Por Arturo del Villar. LQSomos.

Hace 85 a帽os, el 1 de julio de 1937, est谩 firmada la indignante Carta colectiva del Episcopado espa帽ol, una declaraci贸n de guerra en toda regla de la Iglesia catolicorromana a la Rep煤blica Espa帽ola. Tomaba partido decididamente por los militares mon谩rquicos sublevados contra la legalidad constitucional, y convocaba a los catolicorromanos de todo el mundo a reconocerlos como 煤nicos representantes de Espa帽a. La oposici贸n del Vaticano y sus secuaces a la Rep煤blica era antigua, se hab铆a demostrado incluso antes de su proclamaci贸n. La antigua alianza entre el altar y el trono se deshizo con la huida del rey Alfonso XIII, y la clerigalla temi贸 que el nuevo r茅gimen popular limitara sus enormes privilegios seculares.

La carta ten铆a un 煤nico redactor en su integridad, el fan谩tico cardenal arzobispo de Toledo y primado de las Espa帽as, Isidro Gom谩, y un 煤nico corrector de estilo, Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid, apodado El Obispo Azul despu茅s de la guerra, por el color de la camisa falangista, debido a su implicaci贸n con los vencedores, que le premiaron su fervor fascista con innumerables cargos pol铆ticos bien remunerados.

Constituy贸 un arma pol铆tica muy 煤til para los sublevados, ya que exist铆a una opini贸n p煤blica internacional que les era adversa, debido a la colaboraci贸n que les prestaban los estados nazifascistas europeos, la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, m谩s otros grupos de extrema derecha. Fue un arma propagand铆stica important铆sima, puesto que inclin贸 la opini贸n de algunos indecisos hacia el bando rebelde, al saberlo bendecido por el presunto Estado Vaticano.

Impresa en Pamplona por Gr谩ficas Bescansa, en un folleto de 32 p谩ginas, fue inmediatamente traducida y editada en los idiomas m谩s hablados del planeta, por lo que alcanz贸 una tirada que debi贸 ser enorme: solamente en 1937 se imprimieron 36 ediciones, seg煤n datos de la Oficina de Prensa rebelde, que en este caso seguramente eran ciertos. De la difusi贸n se encargaban los episcopados de todo el mundo, eficaces colaboradores. Fue el arma propagand铆stica m谩s poderosa a favor de la rebeli贸n entre los seguidores del catolicismo romano, lo que la convierte en una declaraci贸n formal de guerra de la Iglesia vaticana a la Rep煤blica Espa帽ola, en un momento en que el resultado de la guerra se hallaba indeciso.

Con aprobaci贸n vaticana

Casi toda la jerarqu铆a catolicorromana espa帽ola suscribi贸 los t茅rminos denigrantes de la carta. Firmaron dos cardenales, Isidro Gom谩 y Eustaquio Ilundain; seis arzobispos, 35 obispos y cinco vicarios capitulares. En total, 48 jerarcas de la Iglesia que desde aquel momento se convirti贸 en nazionalcat贸lica. Negaron su firma 煤nicamente dos, el cardenal Francesc Vidal i Barraquer, arzobispo de Tarragona, y Mateo M煤gica, obispo de Vitoria鈥擥asteiz, exiliados en Italia. No se piense que su actitud se debi贸 a simpat铆a republicana, porque no la sent铆an. Su actitud contraria estuvo motivada porque el catal谩n y el vasco no quer铆an aparecer integrados en el Episcopado espa帽ol firmante del documento.

Se echa en falta un nombre decisivo en el enfrentamiento entre la Rep煤blica Espa帽ola y la Iglesia catolicorromana, el del cardenal archimon谩rquico y protofascista Pedro Segura. No se cont贸 con 茅l porque se hallaba expulsado de Espa帽a por el Gobierno provisional de la Rep煤blica, precisamente por sus actividades pol铆ticas antirrepublicanas. Refugiado en el supuesto Estado Vaticano, ostentaba un cargo en la Curia, y no estaba adscrito a una di贸cesis espa帽ola, por lo que pod铆a discutirse la oportunidad de su firma; sin embargo, M煤gica hab铆a 鈥渞enunciado鈥 tambi茅n a su di贸cesis, obligado por las amenazas de muerte hechas por los rebeldes contra 茅l, a consecuencia de su patriotismo vasco.

Por tratarse de un documento que compromet铆a a toda la Iglesia catolicorromana con uno de los dos bandos enfrentados en la guerra librada en Espa帽a, antes de su difusi贸n se someti贸 al criterio del cardenal secretario de Estado del presunto Estado Vaticano, el superfascista Eugenio Pacelli, que se har铆a tristemente c茅lebre con su apodo de papa P铆o XII, al ser elegido en 1939, a tiempo para bendecir la victoria de los militares rebeldes. Como era previsible, la encontr贸 muy oportuna y aprob贸 el texto en su integridad. Cuando fue papa bendijo reiteradamente al dictador铆simo genocida, al que lleg贸 a conceder la Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Nuestro Se帽or Jesucristo, un supremo sacrilegio inolvidable e imperdonable. De manera que aunque la carta sea un documento espa帽ol estrictamente, implica de hecho a toda la catolicidad y al llamado Estado Vaticano.

La guerra santa

Todos los t贸picos acumulados contra a Rep煤blica se hallan presentes en la carta, con una redacci贸n agresiva, propia de un escrito b茅lico, pero inadecuado para una ep铆stola aparentemente cristiana. Se nota la mano del cardenal Gom谩, predispuesta a empu帽ar un arma con preferencia a impartir el perd贸n. Su esp铆ritu agresivo le animaba a entrar en combate sin cuartel contra los milicianos defensores de la legalidad constitucional. Les declar贸 la guerra, santa, por supuesto, aunque este adjetivo se avenga mal con el hecho de matar. Por ello empieza por justificar la guerra cuando es

el remedio heroico, 煤nico, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz. Por esto la Iglesia [catolicorromana], aun siendo hija del Pr铆ncipe de la Paz, bendice los emblemas de la guerra, ha fundado las 脫rdenes Militares y ha organizado Cruzadas contra los enemigos de la fe.

Pod铆a haber a帽adido las condenas a morir en la hoguera hechas por el sarc谩sticamente llamado Tribunal del Santo Oficio de la Inquisici贸n contra jud铆os, mahometanos, reformadores eclesi谩sticos, traductores o lectores de la Biblia, cient铆ficos bien informados, escritores con ideas propias, supuestos brujos, homosexuales y dem谩s v铆ctimas inocentes de su fanatismo. La Iglesia catolicorromana es la instituci贸n m谩s criminal habida en toda la historia de la humanidad, y contin煤a realizando su mef铆tica labor destructiva, con nuevos m茅todos porque ahora no puede seguir quemando f铆sicamente a sus contrarios, y no se atreve a excomulgar a nadir porque sabe que ser铆a un gesto risible para la sociedad actual.

La obsesi贸n anticomunista

Est谩 dedicado un cap铆tulo entero a enumerar los considerados por los firmantes graves da帽os causados por el comunismo, su enemigo jurado, que en opini贸n de los firmantes infectaba a la Rep煤blica Espa帽ola. Despu茅s pasaron a describir las dos tendencias pol铆ticas enfrentadas en la guerra espa帽ola, seg煤n su opini贸n muy parcial, basada en una interpretaci贸n maniquea de la historia, pese a estar condenado por ellos el manique铆smo como doctrina her茅tica. El bien y el mal luchaban representados por los militares mon谩rquicos rebeldes y por los republicanos constitucionales:

la espiritual, del lado de los sublevados, que sali贸 a la defensa del orden, la paz social, la civilizaci贸n tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religi贸n; y de la otra parte, la materialista, ll谩mese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilizaci贸n de Espa帽a, con todos sus factores, por la nov铆sima 鈥渃ivilizaci贸n鈥 de los soviets rusos.

Si se aceptara como verdad esta tesis no demostrada, la inmensa mayor铆a de los espa帽oles, que votaba a partidos republicanos, manten铆a un car谩cter 煤nico, 鈥渕arxista, comunista o anarquista鈥. Probablemente sab铆an, pero con su habitual cinismo soslayaron el dato, que en las 煤ltimas elecciones generales, celebradas el 16 de febrero de 1936, a las que no concurrieron los anarquistas, siguiendo su costumbre, el Partido Comunista obtuvo 17 diputados, en un Congreso con 473 esca帽os. 驴Qu茅 podr铆an intentar sus militantes con esa residual fuerza, para sustituir 鈥渓a vieja civilizaci贸n de Espa帽a鈥, verdaderamente caduca, por un modelo sovi茅tico? Como no se realizara un milagro, nada, y los milagros solamente suceden en las derechas.

La realidad hist贸rica demostraba lo contrario: era la Iglesia catolicorromana la que, al aliarse con el nazifascismo europeo, pretend铆a implantar un r茅gimen pol铆tico dictatorial en Espa帽a, en el que s贸lo prevalec铆a la voluntad del l铆der sobre la del pueblo. Por eso sus jerarcas bendec铆an el armamento de los totalitarios, y hac铆an rogativas por sus jefes. Cuando lograron la victoria se demostr贸 que pusieron en pr谩ctica un r茅gimen de terror con la eliminaci贸n f铆sica de sus contrarios. Medio mill贸n de espa帽oles tuvo que exiliarse para salvar la vida, y el territorio conquistado se convirti贸 en una inmensa prisi贸n carente de todos los derechos humanos.

Prosiguiendo con ese falseamiento de la realidad hist贸rica, m谩s adelante los firmantes a帽ad铆an que el pronunciamiento militar tuvo un 鈥渟entido religioso, que lo consider贸 como la fuerza que deb铆a reducir a la impotencia a los enemigos de Dios, y como la garant铆a de la continuidad de su fe y de la pr谩ctica de su religi贸n鈥. Es decir, que era una cruzada de unos p铆os de la secta catolicorromana, aunque no se comportan nunca como cristianos, contra los infieles, en el mismo sentido que las medievales contra los musulmanes bendecidas por los papas.

Para apoyar sus criminales prop贸sitos aniquiladores de los contrarios, facilitaron unas cifras de iglesias destruidas y sacerdotes muertos mediante violencia que son absolutamente imposibles, y narraron historias delirantes cometidas por los 鈥渟in鈥擠ios鈥. Lo mismo que hicieron en la Edad Media al inventar historias de ni帽os asesinados por los jud铆os, para justificar los pogromos. Los recursos de estos fan谩ticos son siempre los mismos: acusar a quienes desean aniquilar de cometer los cr铆menes ejecutados por ellos.

Dos interpretaciones

Debieron reconocer que en el bando de los sublevados se hab铆an cometido 鈥渆xcesos鈥, como denunciaban los corresponsales de guerra imparciales al informar sobre asesinatos colectivos y salvajes, pero los disculpaban, ya que 鈥渢iene toda guerra sus excesos鈥. A帽ad铆an 鈥渜ue va una distancia enorme, infranqueable, entre los principios de justicia, de su administraci贸n y de la forma de aplicarla entre una y otra parte鈥. Eso era cierto porque en el bando republicano los 鈥渆xcesos鈥 eran cometidos por bandas incontroladas, mientras que en el rebelde eran ordenados por los militares ocupantes del poder convertidos por su voluntad en jueces y verdugos.

Tambi茅n rechazaron las objeciones puestas en alguna publicaci贸n catolicorromana europea, sobre el comportamiento criminal de los rebeldes con los enemigos, alegando que eran falsas, debidas a la mala informaci贸n de los autores. Asimismo, reprobaron la acusaci贸n de que la Iglesia espa帽ola estuvo siempre unida a los ricos e ignoraba a los pobres.

Los jerarcas catolicorromanos acumularon todo el odio rencoroso contra la Rep煤blica, considerada sat茅lite de Mosc煤 en opini贸n del primado y sus colegas. Por el contrario, les parec铆a muy bien que los estados totalitarios de Alemania, Italia y Portugal colaborasen con los sublevados. Es un escrito sectario, equ铆voco y parcial, como redactado por quien estuvo predicando la cruzada a帽os antes de la rebeli贸n militar. La carta demostr贸 que la Iglesia catolicorromana espa帽ola, con la aprobaci贸n del supuesto Estado Vaticano y su dictador supremo, se un铆a a los reg铆menes nazifascistas. Debido a ello, el papa P铆o XI felicit贸 a Gom谩 con cierto retraso, el 5 de marzo de 1938, por la redacci贸n del nauseabundo documento.

Es preciso reparar en un p谩rrafo que no es posible dejar de citar, porque demuestra que Gom谩 preve铆a lo que iba a suceder en el caso de ganar la guerra los sublevados con sus ideas totalitarias, pero deseaba enmascarar la realidad para que alcanzasen la victoria:

S铆 que afirmamos que la guerra no se ha emprendido para levantar un Estado aut贸crata sobre una naci贸n humillada, sino para que resurja el esp铆ritu nacional con la pujanza y la libertad cristiana de los tiempos viejos. Confiemos en la prudencia de los hombres de gobierno, que no querr谩n aceptar moldes extranjeros para la configuraci贸n del Estado espa帽ol futuro.

La cita demuestra que Gom谩 conoc铆a las intenciones del dictador铆simo, con el que se hab铆a entrevistado, y sospechaba que si ganaba la guerra implantar铆a un r茅gimen totalitario, semejante al de sus patrocinadores nazifascistas. Se atrevi贸 a lanzar esa advertencia a sus defendidos, para que meditasen sobre ella. El resultado fue 36 a帽os de feroz dictadura fascista, amparada en el nazionalcatolicismo, que incluso le releg贸 a 茅l por considerarle desafecto al r茅gimen que contribuy贸 a crear.

Con esta carta la Iglesia catolicorromana espa帽ola declar贸 la guerra santa a la Rep煤blica. Una guerra que sigue alimentando con la beatificaci贸n continua de los llamados 鈥渕谩rtires de la cruzada鈥. No ha terminado, por lo que estamos obligados los republicanos a finalizarla, hasta destruir a esta secta servidora del Anticristo.

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Fuente: Loquesomos.org