January 28, 2022
De parte de La Haine
632 puntos de vista

Dec铆a Ryszard Kapu艣ci艅ski que cuando se descubri贸 que la informaci贸n era un negocio, la verdad dej贸 de ser importante

Lo cierto es que siempre fue muy dif铆cil estar bien informado, pero ahora es peor, porque las redes suman m谩s confusi贸n y m谩s ruido: no imponen una versi贸n dominante (que sigue en manos de los medios hegem贸nicos) ni son -por ahora- el medio dominante.

Alrededor del mundo, una inmensa gama de organismos gubernamentales y partidos pol铆ticos est谩n explotando las plataformas y redes sociales para difundir desinformaci贸n y noticias basura, ejercer la censura y el control, y socavar la confianza en la ciencia, los medios de comunicaci贸n y las instituciones p煤blicas. Hoy tropas de ocupaci贸n cibern茅ticas globales manejan la organizaci贸n mundial de la manipulaci贸n.

Y mientras las corporaciones medi谩ticas hegem贸nicas desarrollan sus estrategias en nuevos campos de batalla donde se pelea con nuevas armas, los medios populares todav铆a parecen enfrentarlas en esta guerra cultural, con arcos y flechas.

Y el problema se agudiza porque el periodista o el periodismo han perdido el monopolio de la informaci贸n, dado que cualquier ciudadano puede producirla. Es, potencialmente, productor y consumidor y eso nos enfrenta a la pregunta 驴qu茅 es ser un periodista, qu茅 tiene de particular ser periodista? En la televisi贸n, en las redes, vemos que cualquiera cree que es periodista. Gabriel Garc铆a M谩rquez asever贸 -cuando recibi贸 el Nobel en 1982, hace 40 a帽os- que el periodismo es “el mejor oficio del mundo” …

El mundo ha cambiado vertiginosamente y a muchos nos (les) cuesta adaptarse a las nuevas realidades. Los medios gr谩ficos (la prensa escrita) no se sustentan y cada vez son menos le铆dos: de estar en todos los quioscos, los que soreviven pasan a estar s贸lo en internet. Hoy se habla de un periodismo posindustrial: donde antes hab铆a unos imperios medi谩ticos, basados en la influencia de la prensa escrita, hoy quedan ruinas.

Pero la televisi贸n tambi茅n pierde audiencia: ning煤n canal tiene decenas de millones de telespectadores, ya sea por la multiplicidad de la oferta, de las posibilidades de comunicar o, simplemente de nuevas formas de ocio. Pero la hegemon铆a la mantienen las cadenas, los conglomerados, que han hecho de los canales de noticias la fuente de desinformaci贸n de sus audiencias -entre otras cosas- para que se vuelquen al pasatismo.

Si un ciudadano gasta tres horas diarias en las redes sociales, es obvio que no est谩 viendo televisi贸n (quiz谩 s铆 pel铆culas por streaming).

Muchos confunden -desde s铆miles de periodistas que “aprenden” el oficio en internet a presidentes- la propaganda y la publicidad, con estrategia de comunicaci贸n. Una estrategia no significa dar respuesta puntual a cada situaci贸n, a cada emergencia con mensajes coyunturales. Es saber anticiparse prospectiva y proactivamente a su aparici贸n y sus impactos en el corto, mediano y largo plazo, se帽ala Adalidad Contreras.

La concepci贸n m谩s tradicional de una estrategia de comunicaci贸n sugiere acciones de sensibilizaci贸n y persuasi贸n conductual a trav茅s de la difusi贸n sostenida de mensajes, que supone participaci贸n de los sujetos sociales desde sus sentipensamientos para acciones transformadoras de los sentidos de vida.

Las estrategias de comunicaci贸n se hacen para lograr objetivos, para ganar batallas simb贸licas que en situaciones de crisis comportan en el mismo nivel tres dimensiones: informaci贸n trascendente, mediaciones pedag贸gicas y gesti贸n de la comunicaci贸n.

La informaci贸n trascendente confronta la desinformaci贸n y la mala informaci贸n basadas en mensajes que alimentan las vulnerabilidades, cuestiona los estilos sensacionalistas que banalizan, as铆 como las infoxicaciones que confunden y los fakenews que incrementan los contagios y las letalidades sociales. Se estructura con informaci贸n clara, precisa, oportuna, veraz, respetuosa, 煤til, explicativa y convocante, acompa帽ando a la ciudadan铆a para avanzar desde all谩, desde los sentidos comunes., se帽ala Contreras.

Si usted quiere ser periodista, no vea la televisi贸n. Entre las series que han invadido nuestras pantallas, en las de trama pol铆tica nunca faltan periodistas en roles principales, pese a que en la vida real el periodismo se siente un poco marginado. En las series 芦House of Cards禄, 芦Scandal禄, 芦Marsella禄 o 芦Superviviente designado禄, los periodistas son actores permanentes e influyentes, a quienes los pol铆ticos temen, sufren e intentan utilizar en distintas dosis.

El periodismo solo es un poder m谩s completamente intoxicado por las din谩micas que emanan del capital, habr谩 medios m谩s decentes y periodistas en quienes conf铆ar.

“El relato” que sustituye al periodismo crea una narraci贸n de los hechos al gusto del consumidor. Eliminada la funci贸n cr铆tica de la prensa se puede deformar la realidad, exagerar los problemas, prometer para铆sos inexistentes o mandar al pared贸n a cualquier personaje que no sea de su gusto. No importa la verdad cuando no hay nadie que la diga para que alguien la pueda escuchar. A eso hoy llaman la posverdad.

La revoluci贸n tecnol贸gica ha tra铆do tambi茅n una proliferaci贸n de nichos ideol贸gicos, de sectarismo que act煤a como caldo de cultivo del odio, la xenofobia y el racismo. Es frecuente que los usuarios de las redes sociales no las usen para acceder al mundo de conocimiento, sino para interactuar entre el reducido c铆rculo de los que son como yo, y as铆 los prejuicios se retroalimentan y ascienden a la categor铆a de doctrina incuestionable. O son manipulados por inescrupulosos gobernantes (Donald Trump, Jair Bolsonaro).

Hace rato que los operadores de las redes sociales abandonaron los 140 caracteres de la escritura para ir a esfera ic贸nica, a la imagen (fotos y videos). El ciudadano tiene la ilusi贸n de que tiene el control de estos medios, f谩ciles de utilizar, relativamente baratos y porque estos dispositivos permiten tener una centralidad que hasta ahora no ten铆a el ciudadano, que era pasivo ante los medios, s贸lo recib铆a informaci贸n.

Hoy cada uno es un peque帽o mosquito, comentaba Ignacio Ramonet, pero tiene la posibilidad de construir un enjambre que puede actuar unido. Este enjambre puede -desde la base de los amigos de cada uno, comunicar a millones de personas. O no. Pero ese enjambre puede ser atacado por un virus, que lo lleva -sin quererlo- quedar al servicio de una “inteligencia” que est谩 manipulando el grupo, el enjambre.

Esa es la explicaci贸n te贸rica. En lo que respecta a la comunicaci贸n popular, las redes sociales no han logrado el objetivo de masificar los mensajes y menos a煤n de democratizar la informaci贸n y la comunicaci贸n. Se hace dif铆cil elaborar una agenda propia, una l铆nea editorial compartida, un铆voca, se desconoce a qu茅 masa cr铆tica se dirigen los mensajes. Hay mucho voluntarismo y poco profesionalismo; cada uno prefiere ser cabeza de rat贸n, sin entender la necesidad de crear redes, de forma de asegurar la masificaci贸n de los mensajes.

Hoy el ritmo normal de la informaci贸n ya no es 24 horas, es la instantaneidad. El periodista era analista de un per铆odo, pero hoy el per铆odo es el instante: el mensaje se dirige a las emociones del ciudadano, no al raciocinio; no hay tiempo ni lugar para el an谩lisis. Y as铆, en estas guerra culturales de cuarta y quinta generaci贸n, se van imponiendo los imaginarios colectivos.

Hoy en d铆a, en nuestra Am茅rica, la dictadura medi谩tica intenta suplantar a la dictadura militar. Los grandes grupos econ贸micos usan a los medios y deciden qui茅n tiene o no la palabra, qui茅n es el protagonista y qui茅n es el antagonista. El que m谩s vocifera contra los cambios de nuestras sociedades, contra los cambios de modelo econ贸mico, social, pol铆tico, contra las transformaciones culturales, es quien logra m谩s pantalla, mientras intentan que las grandes mayor铆as sigan af贸nicas e invisibles, sin voz ni imagen.

Los intentos de definir la democracia mediante instrumentos normativos en el derecho internacional, como la “Carta democr谩tica” de la OEA, enmascaran pol铆ticas intervencionistas para alterar los asuntos internos de otros estados, con la intenci贸n de torcer su voluntad y obtener la subordinaci贸n a alg煤n agente o potencia externa.

El frente conservador -que detenta el poder en buena parte de nuestras sociedades y se resiste por muchos medios a abandonar cuatro centurias de usufructo del poder- sostiene que el planteamiento de una democracia participativa no es viable porque el exceso de demandas terminar谩 provocando una sobrecarga del sistema y la consiguiente crisis de autoridad o de gobernabilidad. Traducido, expresa el temor a que las mayor铆as puedan participar en la confecci贸n de su modelo de vida, de desarrollo.

Para ellos la soluci贸n es menos democracia, apelar a elites “l煤cidas” y seguir los dictados de los organismos multilaterales de cr茅dito (FMI, Banco Mundial), que garantizan la dependencia. Los grandes grupos medi谩ticos ya no se proponen ser un cuarto poder ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema pol铆tico. Son parte del poder.

Disculpe: y, entonces… 驴De qu茅 estamos hablando cuando reclamamos la democratizaci贸n de la comunicaci贸n y de la informaci贸n?

El periodismo 驴es imprescindible?

El periodismo es imprescindible para la convivencia en una sociedad libre, para el equilibrio de poder necesario en una democracia, por lo menos en una democracia liberal, formal. Sin el periodismo desaparecer铆a la cr铆tica ordenada, y sin la cr铆tica se caer铆a en el imperio de la arbitrariedad y el miedo, nos explican dese el norte.

El consumo de noticias es cada vez m谩s digital y la inteligencia, artificial. El an谩lisis de la big data (que permite a la informaci贸n interpretarse a s铆 misma y adelantarse a nuestras intenciones) y los algoritmos de la “caja negra” son utilizados para poner a prueba la verdad y la confianza, las piedras angulares de la llamada sociedad democr谩tica occidental.

Sin dudas la prensa ha cometido muchos errores, aun cuando ha sido un componente esencial de las democracias liberales desde su nacimiento. En las 煤ltimas d茅cadas, el periodismo ha vivido en ocasiones en un pedestal de 茅xito, se ha separado en exceso de la sociedad a la que -se supone- se dirig铆a y ha utilizado de forma algo arrogante el enorme poder del que ha gozado (hablo en pasado).

Esa arrogancia no es solo de los patrones, sino que es muy visible tambi茅n en algunos entornos dominados por periodistas que pontifican, toman partido y dan lecciones de moral en cualquier escenario, a todas las horas del d铆a y sobre cualquier asunto que se tercie, dice el analista espa帽ol Antonio Ca帽o.

Pero los comunic贸logos est谩n preocupados por el intento de eliminaci贸n del periodismo, su sustituci贸n por lo que ahora se llama “el relato”, la sustituci贸n del esfuerzo profesional de la enumeraci贸n de los hechos, por la imposici贸n de una narraci贸n creada al gusto del relator y del consumidor. Eliminada la funci贸n cr铆tica de la prensa se puede deformar la realidad, exagerar los problemas y prometer para铆sos inexistentes. Y a veces no se logra diferencias la realidad real de la realidad virtual.

Manipulaci贸n

Un informe de la Universidad de Oxford (Challenging Truth and Trust: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation), confirm贸 que la manipulaci贸n de la opini贸n p煤blica sobre las plataformas de medios sociales se ha convertido en una amenaza a la vida p煤blica, el menos en 48 pa铆ses. En 2017, el primer inventario de las tropas de ocupaci贸n cibern茅ticas globales arrojaron luz sobre la organizaci贸n mundial de la manipulaci贸n de los medios de comunicaci贸n social por gobiernos y actores de partidos pol铆ticos.

En cada pa铆s, se constat贸 que al menos un partido pol铆tico o agencia gubernamental usaba los medios de comunicaci贸n social para manipular a la opini贸n p煤blica nacional, en pa铆ses donde los partidos pol铆ticos diseminan desinformaci贸n durante las elecciones, o donde la institucionalidad se siente amenazada por noticias basura e injerencia extranjera en los asuntos internos, y desarrollan sus propias campa帽as de propaganda cibern茅tica.

En una quinta parte de estos 48 pa铆ses, sobre todo en los del sur global, se hallaron pruebas de campa帽as de desinformaci贸n operando sobre las aplicaciones de chat como WhatsApp, Telegram y WeChat., un gran negocio, donde gobiernos, fundaciones, ONG y partidos pol铆ticos han gastado m谩s de 500 millones de d贸lares en investigaciones, desarrollo e implementaci贸n de operaciones psicol贸gicas y manipulaci贸n de la opini贸n p煤blica a trav茅s de internet.

En algunos pa铆ses, esto se incluye bajo la extremista consigna de “esfuerzos para contener al extremismo”, pero, en la mayor铆a esto implica la propagaci贸n de noticias basura y desinformaci贸n durante las elecciones, las crisis militares y complejos desastres humanitarios.

La destrucci贸n democr谩tica

La mentira, la sobreinformaci贸n y la desinformaci贸n son armas de destrucci贸n de la democracia -incluso de la formal, la liberal-, y campean a sus anchas en los medios masivos de comunicaci贸n, dominados por grandes empresas nacionales y/o trasnacionales, y por las redes sociales.

Sobreviven algunos medios (que no son mayor铆a) que se niegan a eliminar la funci贸n cr铆tica de la prensa, impidiendo que se deforme la realidad a capricho del informante o de sus patrones, exagerar los problemas al mejor estilo sensacionalista, amarillista, manipular los datos al mejor estilo del quipo comunicacional de Donald Trump, y prometer soluciones f谩ciles y para铆sos inexistentes.

Hoy desde el norte nos dicen que lo emocional lo invade todo, lo justifica todo. Yo “siento” que las cosas van mal, luego van mal. Yo “creo” que las cosas ocurrieron as铆, luego ocurrieron as铆. Pero la realidad sigue all铆, m谩s all谩 de esas versiones.

Es la demagogia del todas las opiniones merecen respeto, ya sea la de un profesional como la de un iletrado. Tanto vale mi impresi贸n como una estad铆stica, una emoci贸n como un dato. Ya cualquier cree que puede ser periodista, sin estudios, sin conocimientos, sin formaci贸n democr谩tica siquiera.

Los abusos de poder no son monopolio de reg铆menes autoritarios; se dan tambi茅n en las democracias formales y en gobiernos neoliberales donde lo m谩s importante es crear una imagen exitosa del gobernante en el imaginario colectivo. Y, aunque el periodismo independiente no los puede evitar, la denuncia de esos abusos cumple en s铆 misma una funci贸n extraordinariamente valiosa.

Por ejemplo, el asalto al Capitolio en Washington se pudo dar por las mentiras de un presidente -Donald Trump- que un ecosistema medi谩tico favorec铆a, promov铆a y creaba, intoxicando completamente a la opini贸n p煤blica: el 68% de los republicanos cree que a Trump le robaron las elecciones y para eso no alcanzan las campa帽as por redes sociales, sino que es necesario contar con cadenas televisivas y radiales.

Una mayor铆a medi谩tica a favor del poder, no dudaba en manipular y difundir mentiras o fakenews, mientras otros medios mostraban una posici贸n de tibieza y cobard铆a ante lo que implicar铆a enfrentarse de manera frontal a un presidente sin escr煤pulos para ejercer su poder de manera d茅spota. Pero eso no pasa solamente en EEUU.

El periodismo ha dejado de ser 煤til a la democracia formal para convertirse en su mayor lastre al quedar subyugado a los intereses de cualquier personaje con mucho dinero y escasa moral, al menos en cada uno de nuestros pa铆ses occidentales y cristianos.

A este fen贸meno se le llama posverdad, que corresponde con el nacimiento de una era en la que la verdad, como todo, es relativo y todo depende del cristal ideol贸gico con el que se mire y el prop贸sito que se busque con su difusi贸n. Es peor que la mentira, porque 茅sta puede llegar a desmentirse, pero la posverdad no necesita ser corroborada por los hechos, por la realidad

La guerra cultural, de cuarta y quinta generaci贸n

Las llamadas guerras de Cuarta y Quinta Generaci贸n tienen por tarea inocular la idea de que es posible descarrilar los proyectos democr谩ticos, hacer creer que nuestros gobiernos son d茅biles, ausentes, incapaces… En la mira sigue la idea de apropiarse de nuestras riquezas naturales, la mano de obra y, sobre todo, de las cabezas. De borrar a punta de bayonetas y misiles medi谩ticos la memoria colectiva y de resistencia de los pueblos.

Si la guerra de primera generaci贸n se basa en movilizar la mano de obra; la segunda, en el poder de fuego y la tercera, en la libertad de maniobra, los paradigmas cambian sustancialmente en la de cuarta generaci贸n, donde tanto los recursos empleados como los objetivos e intereses a alcanzar engloban tanto al inter茅s p煤blico como privado (intereses de corporaciones).

El t茅rmino Guerra de Cuarta Generaci贸n (Fourth Generation Warfare o 4GW) es usado por los analistas y estrategas militares estadounidenses para describir la 煤ltima fase de la guerra en la era de la tecnolog铆a inform谩tica y de las comunicaciones globalizadas, un concepto asociado a la guerra asim茅trica y a la terror铆fica guerra antiterrorista. En la actual Guerra de Quinta Generaci贸n el Estado ha perdido su monopolio de la guerra a manos de las trasnacionales y que, a nivel t谩ctico, incluye desde el aspecto armamentista al psicol贸gico.

Las balas militares son sustituidas por consignas medi谩ticas que no destruyen su cuerpo, sino que anulan su capacidad cerebral de decidir por uno mismo, y los bombardeos medi谩ticos con consignas est谩n destinados a destruir el pensamiento reflexivo (informaci贸n, procesamiento y s铆ntesis) y a sustituirlo por una sucesi贸n de im谩genes sin resoluci贸n de tiempo y espacio (alienaci贸n controlada).

La liberalizaci贸n de los capitales ha desencadenado la guerra principal de este tiempo, la del mercado contra el Estado, del individuo contra el colectivo, de lo privado contra lo p煤blico. El sistema utiliza las autopistas de la comunicaci贸n, que no se han creado para que nosotros mandemos mensajes a nuestros amigos sino para que transformen r谩pidamente 贸rdenes de compra y venta de valores financieros.

Los genios de comunicaci贸n de la Casa Blanca le han llamado tambi茅n “hechos alternativos”, como si lo ocurrido se pudiera manipular y darle la forma que y convenga a sus intereses. S铆, antes la llam谩bamos manipulaci贸n y serv铆a para impedir que los ciudadanos est茅n bien informados, que conozcan la verdad, que sean aut茅nticamente libres.

Timothy Snyder se帽ala que abandonar los hechos es renunciar a la libertad: ” La posverdad es el prefascismo”. Estamos, probablemente, ante la mayor amenaza que existe contra la democracia en estos momentos. Porque la negaci贸n de los hechos, la manipulaci贸n de los mismos y/o la creaci贸n de relatos que satisfacen los prejuicios y el sectarismo, no es una actividad inocente, tiene un prop贸sito que siempre est谩 ligado con el control del poder.

La mentira es un arma de guerra en esta guerra cultural, de cuarta o quinta generaci贸n La tarea ha sido la de instaurar la mentira, el bulo, el fake, el chisme sin corroboraci贸n en el imaginario colectivo, para manejar los colectivos, atraer a votantes con enga帽os. La mentira es un mecanismo de destrucci贸n masiva que sirve para exonerar de responsabilidades a criminales o negligentes.

El periodismo ha dejado de ser 煤til a la democracia para convertirse en su mayor lastre al quedar subyugado a los intereses de cualquier jerarca con mucho dinero y poca moral, se帽ala el espa帽ol Antonio Maestre, quien afirma que “si hay que trazar un retrato robot del periodismo estamos m谩s cerca de ser el mayor peligro para las democracias liberales que su cancerbero protector”.

Es un problema tambi茅n sem谩ntico. Eso no es periodismo, es manipulaci贸n. Eso tampoco es democracia, donde las ideas se tratan de imponer con invasiones, masacres y torturas para continuar engrosando las ganancias de los m谩s ricos (pa铆ses e individuos) y donde las grandes mayor铆as apenas tienen el derecho a luchar para sobrevivir por debajo de los niveles de pobreza.

CLAE




Fuente: Lahaine.org