January 17, 2022
De parte de Arrezafe
153 puntos de vista
Los hutíes acusan a EEUU de prolongar la guerra en Yemen

Rebelión
– 13/01/2022

Según
recientes informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU),
hacia finales de 2021, 277.000 yemeníes habrían muerto desde el
comienzo de la guerra iniciada por Arabia Saudita en marzo de 2015.
Dicho informe no especifica cuántas muertes se produjeron desde la
asunción de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos el 20 de
enero del año pasado hasta la fecha de la conclusión del informe,
ya que el nuevo mandatario había llegado a Washington con la promesa
de exigir a Riad que pusiera fin al genocidio.

Biden,
durante su campaña electoral, había anunciado que quitaría todo
apoyo a las operaciones del reino wahabita para derrotar a la
resistencia yemení conocida como Ansar- Allah (partidarios de
Dios)o también hutíes, en honor a su fundador Husein
Badrudin al-Huti, muerto en combate por el ejército yemení en 2004,
que a pesar de la gigantesca coalición que respaldó a Riad en 2015,
entre los que se incluyen los Estados Unidos, Reino Unido, Israel,
las monarquías del golfo y un cúmulo de naciones musulmanas no los
han podido derrotar
, sino todo los contrario. La coalición
chií-sunita atormenta el sueño de la casa Saud golpeando con sus
drones cada vez más cerca de Riad tras haber producido demoledores
ataques a las más importantes refinerías del sur saudita afectando
el suministro de petróleo a nivel mundial.

Si
los dichos del entonces candidato demócrata fueron sinceros o solo
un artilugio electoralista no lo sabemos, pero lo que sí saben muy
bien los sauditas es cómo controlar cualquier intención renovadora
en la ya larga alianza entre el Reino y los Estados Unidos. Entonces,
en octubre pasado, Washington no tuvo más opción de anunciar un
contrato militar de 500 millones de dólares con Riad que incluye
apoyo técnico a los helicópteros de ataque que utiliza el ejército
saudita en las operaciones contra los hutíes.

Así,
mientras la catástrofe humanitaria se profundiza, los negocios
siguen siendo los negocios, a pesar de que la ONU ha calificado la
situación del pueblo yemení como la peor del mundo, al borde de un
desastre humanitario que pone en juego la vida de millones de
personas. Poco antes de las últimas navidades el Programa Mundial de
Alimentos de las Naciones Unidas anunció un recorte obligatorio de
la ayuda que brindaba en Yemen, dada la falta de fondos. En
septiembre la misma organización había informado de que 16 millones
de yemeníes se encontraban al borde de la hambruna.

Si
bien históricamente Yemen ha sido el país más pobre de la
Península Arábiga, donde se registraban tasas de pobreza cercanas
al cincuenta por ciento, en la actualidad después casi siete años
de guerra continua en que la aviación saudita -algunas fuentes
insisten en que los aviones F18 de fabricación norteamericana
utilizados para esos ataques son operados por pilotos israelíes- ha
golpeado de manera constante las zonas urbanas y de producción
yemeníes, por lo que la pobreza se han incrementado entre un 75 y un
80 por ciento, dada la devastación sufrida en la infraestructura en
general, servicios públicos, alcantarillados, redes de agua, siempre
escasas y ahora inexistentes, además de que tanto escuelas como
hospitales se convirtieron en el objetivo principal de esos ataques.
En este marco de situación la ONU ha advertido de que el país se
encuentra rumbo a convertirse en el más pobre del mundo.

Según
Hans Grundberg, el enviado especial de la ONU, en su último viaje a
ese país registró que el conflicto se encuentra en uno de los
momentos de mayor virulencia. 
Los
ataques de la coalición invasora contra el aeropuerto de Saná, la
capital yemení, bajo control de los
hutíes, en diciembre
último han impedido la llegada de los vuelos de ayuda, aunque el
mando rebelde ha insistido en que estaban dadas las condiciones de
seguridad para reiniciar esos vuelos que hasta ahora no se han
reanudado.

Según
David Gressly, el coordinador humanitario de la ONU para Yemen, las
tripulaciones de vuelos humanitarios han informado de al menos diez
casos en los que no pudieron contactar con la torre de control aéreo
de ese aeropuerto, ya que las comunicaciones eran “poco claras” y
dada la peligrosidad de la situación esos vuelos fueron abortados.
Según el funcionario los equipos de la torre de control están
obsoletos, por lo que habría que importar nuevos. Una operación que
la situación hace prácticamente imposible, ya que los sauditas “no
han autorizado la transferencia, a pesar de varias solicitudes de las
Naciones Unidas”.

Otro
de los elementos que ha provocado el agravamiento de la actual
situación ha sido la disgregación de fuerzas en la coalición
saudita. Desde hace más de un año las relaciones entre Riad y su
principal socio en esta aventura, los Emiratos Árabes Unidos (EAU),
son prácticamente nulas, ya que en 2019 los Emiratos han retirado
sus tropas y siguen, como desde 2017, alentando la secesión del sur
del país, dando espacio para el surgimiento del Consejo de
Transición del Sur
a pesar de la negativa saudita.

Por
otra parte hacen su guerra operando a veces por libre y en la mayoría
de las oportunidades junto a la coalición invasora khatibas,
perteneciente a al-Qaeda en la Península Arábiga
(AQPA) y al Dáesh, que no desaprovechan oportunidad para
ganar terreno, expandir sus redes y sumar nuevos muyahidines, siempre
teniendo como objetivo principal infiltrarse en Irán, a tiro de
piedra del conflicto, y el gran enemigo a vencer no solo por el reino
saudita, sino también y fundamentalmente por el enclave sionista y
los Estados Unidos.

Marib,
el nombre de la batalla

El
príncipe heredero del reino saudita Mohamed bin Salman (MbS), más
conocido en el mundo por ser el dueño del Newcastle inglés
que por ser el mayor responsable del genocidio yemení, tiene poco
que mostrar a su pueblo para justificar los miles de millones de
dólares que ha invertido en esa guerra de donde si no consigue una
victoria urgente, lo que es altamente improbable, saldrá totalmente
derrotado ya no solo en lo militar, sino también y fundamentalmente
en lo político ya que su país, que siempre ha sido el pilar de la
alianza de las monarquías sunitas del golfo, se ha empezado a
desquebrajar al tiempo que hacia el interior del reino las voces de
protesta suenan de manera cada vez más desembozada, más allá del
aceitado aparato represivo que ha imperado históricamente en el
reino logrando la perpetuación del régimen, el cual acentuó sus
medidas represivas a partir de una serie de acontecimientos en 1979,
como la toma de la Gran Mezquita de la Meca, el corazón del Islam,
por un grupo de oficiales y militantes fanáticos que consideraban
que los Saud estaban violando los preceptos del Corán, casi
en el mismo momento que triunfaba la Revolución Iraní, un “pésimo”
ejemplo para el mundo árabe.

En
prevención de males mayores, el régimen de Riad está buscando de
manera desesperada una salida mínimamente decorosa, como lo han
hecho ya la mayoría de sus socios.

La
ofensiva contra en la ciudad de Marib en el centro norte del país,
rodeada de llanuras áridas, solo arenas y matorrales, es el último
bastión importante que todavía mantienen las fuerzas yemeníes
pro-Riad, se ha iniciado hace casi un año y hoy parece una batalla
congelada, ya que los avances son mínimos pero a un altísimo costo
de vidas. Desde junio último los rebeldes han perdido cerca de
15.000 hombres mientras sus defensores, sin reconocer el número de
bajas, han admitido que de no contar con el apoyo aéreo de la
coalición invasora la ciudad habría caído hace muchos meses.

En
medio de la batalla millones de vidas están en juego, la ciudad que
no llegaba a los 20.000 habitantes hoy sobrepasa el millón de almas
que han llegado allí huyendo de los combates. Según la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM) existirán unos 137
campamentos de desplazados en la ciudad y sus alrededores. La ciudad
sitiada, que se encuentra a unas cinco horas de auto de la frontera
con Arabia Saudita, es el corazón de la industria petrolera yemení,
de ahí su importancia y quizás su caída finalmente decida el rumbo
final de la guerra.

Se
ha insistido hasta el hartazgo en el apoyo que Teherán han dado a
hutíes de mayoría chiíta desde el comienzo de la guerra,
aunque más allá de las denuncias constantes del Departamento de
Estado, ni la CIA, ni el Mossad han podido recabar pruebas concretas
acerca de esa asistencia, aunque de ser cierta la versión habría
que preguntarse cuál sería la razón de que Irán no pudiera
socorrer a sus hermanos en una guerra monumentalmente asimétrica, la
que no han iniciado y en la que han dado vuelta a su curso, a
 lo que prácticamente era considerado un desfile militar por su
principal responsable el príncipe Mohamed que no solo no han podido
vencer, sino que gracias al valor de los
hutíes han logrado
llevar la guerra desde la agonía inicial al inminente éxtasis final
de la victoria.


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Fuente: Arrezafe.blogspot.com