July 8, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
239 puntos de vista


Por TITA BARAHONA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

   El pasado 12 de mayo, en el acto de toma de posesión del nuevo presidente del Consejo Económico Social (CES), la Ministra de Trabajo del gobierno de España, Yolanda Díaz, dijo: “Las personas de este país, con su Gobierno al frente, hemos hecho un pacto con la esperanza. No nos valen las soluciones de antaño. No nos vale sino avanzar y seguir dialogando con la esperanza”

   Esto que a todas luces es una sublime sandez, no despojada de calado político, nos recordó a esa otra ministra de Trabajo del gobierno del PP, Fátima Báñez, cuando aconsejó encomendarse a la Virgen para solucionar el problema del paro. Queda claro, sin embargo, que la “esperanza” de Díaz, como persona laica que es, no invoca a ninguna figura sacra, sino a una abstracción que expresa la confianza en conseguir algo.

   ¿Y qué es ese algo? Cabe suponer razonablemente que sea uno de los puntos fuertes del programa electoral de ambos partidos que forman la coalición de gobierno: derogar la reforma laboral del Partido Popular. Un algo que compete especialmente al Ministerio de Trabajo del que Díaz es titular y que, de momento, sigue en estado de promesa no cumplida, lo cual no parece haberle restado crédito político y popularidad a la ministra, que, según encuesta del CIS, es la más valorada del gabinete.

   Yolanda Díaz, un fenómeno pop

   Desde su ascenso al gobierno, Yolanda Díaz ha sido pródiga en apariciones televisivas, revistas y redes sociales, donde cuenta con una multitud de devotos admiradores. El es fenómeno conocido como @yolandamania, del que se hizo eco la revista SMODA de El Pais.

    Según el community manager de @yolandamania, la figura de la ministra es comparable a la de otros políticos “que son guapos y atractivos, que combinan cercanía y capital erótico”. Y una asesora de comunicación política la equipara con la estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez, “la política pop por excelencia, porque ambas han roto el estereotipo de que las mujeres de izquierdas no pueden ir arregladas”.

   Si la comparación se quedase en lo de ir bien arreglada, algo que no es difícil con una remuneración de ministra, tendría un pase. Pero si alcanzase al punto de que Yolanda Díaz resultase la misma decepción política que está siendo Ocasio-Cortez entre quienes confiaron en ella, entonces el asunto se tornaría más serio. Porque no es el “capital erótico” lo que podría contribuir a mejorar la situación de los millones de trabajadores y trabajadoras que en España están sufriendo lo peor de la actual crisis, ni sus esperanzas se centran los “estilismos” de una ministra.

  Más allá del brilli brilli y el glamour

    Martillo de Pperos y Voxeros en el Parlamento, con su verbo fluido, Yolanda Díaz es al mismo tiempo la mejor vendedora de humo rosa del “gobierno más progresista de la historia”, superando en la tarea a sus colegas de gabinete y partido, Irene Montero e Ione Belarra, precisamente por su popularidad.

     Unidas Podemos, formación a la que pertenecen las susodichas, no pasa de ser un destilado social-liberal populista (versión “progre” o más bien woke). Su socio de coalición gubernamental, el PSOE, a poca gente engaña ya en cuanto al carácter neoliberal de sus políticas (rama “progresista”).

     Respecto al Partido Comunista de España (PCE), de donde procede Yolanda Díaz, absorbido ahora por Unidas Podemos, quienes tememos memoria sabemos que hace tiempo dejó el marxismo-leninismo para convertirse en un partido socialdemócrata -en el mejor de los casos. A las numerosas pruebas fehacientes podemos añadir la reciente aceptación de su secretario general, Enrique Santiago, de la Secretaría de Estado para la Agenda 2030, o, lo que es igual: servir de peón a la Agenda del capital para los próximos años.

    El PCE tiene de comunista lo que el PSOE de socialista: nada; por mucho que la caverna extremo-derechista los tilde de “social-comunistas” para fomentar la confusión, fin al que también sirve el autodeclararse de izquierdas cuando se hace la misma política económica y exterior que la derecha.

   Que de comunismo no hay ni sombra en los cargos políticos procedentes del PCE lo ilustran también las propias declaraciones de Yolanda Díaz. Cuando, nada más tomar su cargo en el gobierno, le preguntaron en una entrevista televisiva si era comunista, contestó que eso es “algo muy complejo”. Y hace pocos días confesó en otra entrevista en el diario El País, que ella practica “políticas que representan a la socialdemocracia clásica”.

   Pero los hechos son mucho más sólidos que las palabras. La realidad es que una de las promesas electorales, derogar la reforma laboral del PP -no la anterior del PSOE de la que procede el daño- aún no se ha cumplido.

   De “derogar la reforma laboral” a “modernizar el mercado de trabajo”

   En mayo pasado, Yolanda Díaz afirmaba rotunda: “Vamos a derogar la reforma laboral del PP”. Y, añadió, “antes de que acabe el año”. La “Mesa de Diálogo Social” -dijo- está trabajando en ello. Un diálogo social entre gobierno, patronal y su apéndice, los sindicatos UGT y CCOO; que, por tanto, de social tiene poquito.

   Como no queremos ser agoreras, habrá que esperar hasta final de año para comprobar si estamos ante un nuevo engaño y si, en ese caso, como ha dicho Díaz, ella “se someterá y rendirá cuentas” en la Cámara.

   Sin embargo, ya en el mes de mayo la ministra se curaba en salud adelantando que hay vida más allá de la reforma laboral, porque lo que hay que hacer es “modernizar el mercado de trabajo”. Lo que entiende por “modernizar” es todavía un enigma, aunque podemos sospecharlo.

   Mientras tanto, su colega del PSOE, la ministra de Hacienda y portavoz del gobierno, María Jesús Montero, acaba de repetir que el acuerdo de investidura no fue derogar la reforma laboral del PP, sino “los aspectos más lesivos” de la misma -sin especificar cuáles- y elaborar un nuevo Estatuto de los Trabajadores “para el siglo XXI”.

   Ya tenemos algún adelanto -hachazo a las pensiones, congelación del salario mínimo, despidos masivos, privatización de la sanidad y otros servicios públicos, etc.-, para intuir que este “nuevo Estatuto” puede llevarnos al siglo XIX. Esto si la clase trabajadora, hoy despojada de representación política, no nos organizamos para luchar firme y unitariamente para evitarlo

   Por mucho que haya tensiones entre PSOE y Unidas Podemos en la coalición de gobierno, al final quien dicta las políticas es Bruselas. Por eso, Yolanda Díaz ya ha dado el paso de sustituir la “derogación de la reforma laboral del PP” por la mencionada coletilla de “modernizar el mercado de trabajo”.

   Así se constata en la reciente entrevista publicada en El País. A la pregunta de si para ella es inaceptable renunciar a dicha reforma, contesta “No planteo la política en esos términos. Pero el Gobierno ya ha adquirido un fuerte compromiso con modernizar el mercado de trabajo”.

   Es decir, ahora los términos son no tocar la reforma laboral y recurrir a la consabida táctica de darle la vuelta a la realidad afirmando que el gobierno “ha demostrado que se puede gestionar una crisis sin recortar derechos ni causar sufrimiento”.

   Al parecer la galopante privatización de la sanidad -a la cabeza de la cual se hallan Madrid y Cataluña-, no es recortar derechos. Las colas del hambre, los desahucios (supuestamente prohibidos pero ejecutables), los despidos masivos, el paro juvenil, los alquileres imposibles, las horas extras no pagadas o la pesadilla burocrática para acceder a la limosna del Ingreso Mínimo Vital, no parecen generar sufrimiento.

   Algunos dicen que con un gobierno del Partido Popular sería peor y con el mal menor vamos mejor, aun cuando ni siquiera la Ley Mordaza, que es represión de clase porque se ceba sobre todo con la clase trabajadora que protesta, ha sido capaz ese “mal menor” de derogarla. Por no hablar de lo satisfecho que parece estar el “mal menor” con la permanencia en la OTAN al servicio de la política criminal imperialista de Estados Unidos.

   Gestos de cara a “la gente”

   La ministra estrella tampoco se queda atrás en el arte político de los gestos para aparentar lo que no se es. En la citada entrevista de El País dice que “el Gobierno no puede parecer más cercano a la élite que a la gente” (la clase trabajadora nos hemos convertido en “gente”).

   Es por eso mismo de “parecer” que la ministra de trabajo ha suplicado a la patronal que no aplique los ERES (despidos) o disminuya su número, que se aumente el salario mínimo y los impuestos a las grandes fortunas y que se regule el precio de los alquileres.

   Por pedir que no quede. Yolanda Díaz sabe que ni su socio de gobierno ni la patronal están por ninguna de esas labores. Pero así queda tan estupenda en el papel de ministra con “conciencia social”, aun a riesgo de incurrir en contradicciones como decir que “no nos valen las soluciones de antaño”, cuando su alegada “socialdemocracia clásica” implicaría reconstruir el Estado del Bienestar, que es justamente una solución “de antaño”.

   En resumen, el “pacto con la esperanza” de la ministra más popular de este gobierno consiste en no derogar la reforma laboral y dejar vía libre al despojo de los derechos sociales y laborales bajo la linda etiqueta de “modernizar el mercado de trabajo”

   Mientras tanto, la ministra neoliberal de Economía, Nadia Calviño, guarda en la manga la carta de la “mochila austriaca” para cuando llegue su turno.

   Y es que nos dejamos engañar si creemos que es una cuestión de gestión “neoliberal” o “socialdemócrata” -de derechas o de izquierdas-. En todo Occidente se han sucedido gobiernos adscritos a esas corrientes que han actuado según las mismas líneas maestras, incluso con el apoyo del contrario en la oposición. En realidad, se trata de que el capital necesita aumentar sus beneficios y el Estado burgués está precisamente para garantizar que eso sea posible.

https://canarias-semanal.org/art/30924/yolanda-diaz-la-mejor-vendedora-de-humo-rosa-del-gobierno-de-espana-video

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Fuente: Cgt-lkn.org